LA REUNION DEL G 20

El 2 de abril de 2009, en la ciudad de Londres, se llevará a cabo la reunión del Grupo de los 20, recientemente creado para analizar y proponer soluciones a la profunda crisis internacional que se vive en la actualidad. En los últimos tiempos, quienes se reunían para analizar temas de esta naturaleza eran el G7 o el G8. Este grupo está integrado por Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia y Japón, las siete grandes potencias del mundo capitalista. A ellos se agregaba Rusia y componían el G8. La actual crisis económica y financiera, con claro origen en el sistema financiero de Estados Unidos, se expande y afecta a todos los países del mundo. No hay desacople y los países que motorizaron la economía internacional, como China e India, también están afectados. Ante una crisis global se requieren soluciones globales y coordinadas. Por ello se volvió imprescindible darle participación a los países emergentes, especialmente la presencia de China por su actual poder económico resulta relevante. América Latina venía solicitando un mayor nivel de participación en las instancias internacionales y logra estar representada en el G20 por sus tres economías de mayor tamaño: Brasil, México y Argentina. Es un importante logro para la región poder explicitar nuestros problemas, nuestras dificultades y nuestras propuestas en un foro internacional tan representativo. En muchas ocasiones el G7 se transformaba en G1 por el predominio hegemónico de Estados Unidos. La crisis financiera obliga a este país a compartir soluciones ya no únicamente con las grandes potencias, sino también con los países emergentes y entre ellos con los países de la región. En un mundo internacional donde no hay libertad de comercio por las acciones del mundo desarrollado en materia de protección y subsidios, pesan las relaciones de fuerza que se expresan en las negociaciones. Y, para atender el poder de negociación de las distintas partes, las alianzas son importantes. En materia comercial Brasil ya lideró otro G20 que incluía a los países de América Latina, a China, India y Sudáfrica. Esta y otras alianzas se pueden volver a replantear en la próxima reunión de Londres, lo que puede permitir ampliar el espacio de negociación de los países latinoamericanos.

La crisis económico-financiera internacional afecta a América Latina, entre otros temas, por las limitaciones en los movimientos de capitales y por lo tanto el financiamiento externo, los precios internacionales de los productos básicos de exportación y la propia demanda externa de nuestros principales productos. Para México y América Central también son muy importantes las consecuencias sobre las remesas. Para 2009, distintos países de la región requieren financiamiento externo para atender sus problemas fiscales y de balanza de pagos. No es el caso de Uruguay, que tiene totalmente cubiertos sus problemas de financiamiento para 2009. Es evidente que habrá dificultades para conseguir capitales privados, atemorizados por las estafas y quiebras de grandes instituciones financieras, especialmente en Estados Unidos. Por ello los organismos financieros internacionales pasan a tener enorme importancia. Los países desarrollados que originaron la crisis deberán atender los requerimientos de la región para que no se generen ajustes drásticos que afecten lo económico y, especialmente, lo social. Las cifras de financiamiento que, hasta el momento de la reunión, están manejando el Banco Mundial y el FMI, son claramente insuficientes. Máxime que, además, el FMI está atendiendo a los países de Europa del Este, lo que limitará los recursos disponibles para atender a nuestra región. El tema central será la regulación de los mercados financieros. Pero lo que nos interesa resaltar es el papel del FMI con respecto a la región. La crisis financiera echó por tierra las concepciones de dicha institución sobre las aptitudes del mercado para atender los problemas económico-financieros, sobre la mínima intervención del Estado, sobre sus recetas para atender los problemas de nuestros países. La reunión del G20 debería servir para que América Latina tenga un mayor grado de participación en la dirección y conducción del FMI. Hoy existe un acuerdo implícito por el cual se reparten entre Estados Unidos y la Unión Europea las direcciones del Banco Mundial ­un norteamericano­ y del FMI ­un europeo­. ¿Por qué destacados economistas, como el colombiano José Antonio Ocampo o el chileno Ricardo Ffrench Davis, no pueden ocupar el cargo de director gerente del FMI? Para la crisis actual sería importante que el FMI pudiese atender las necesidades financieras de los países de la región sin condicionalidades, que tantos perjuicios generaron en el pasado. Brasil, Argentina y México tendrán la posibilidad de plantear estos temas en la reunión del G20 y conseguir las alianzas necesarias para modificar la actual relación de fuerzas sobre estos temas.

En materia comercial, los países de la región están sufriendo el descenso de los precios internacionales de sus principales productos de exportación. Un reciente trabajo de José Antonio Ocampo (1) muestra que los precios internacionales del petróleo y los metales tuvieron aumentos extraordinariamente significativos en los últimos años con respecto al promedio 1945-1980 y que son los que tienen caídas más pronunciadas desde fines de 2008. En cambio los productos agropecuarios, que no son de clima tropical, tuvieron desde la década de 1980 hasta 2006 precios por debajo del promedio de 1945-1980. En 2007 y en los tres primeros trimestres de 2008 tuvieron ascensos importantes. Actualmente caen, pero se mantienen con precios cercanos a los de 2007. Estos rubros están sufriendo menos rigurosamente la crisis financiera internacional en materia de precios. Una forma de atender este problema es a través de una política cambiaria que atienda la competitividad más que la estabilización de precios, que no parece un problema relevante en la actualidad. Este es un problema importante para Uruguay. En el mismo trabajo de Ocampo se muestra que entre los años 2003 y 2008 el peso uruguayo se apreció en 23,6%, de los más altos de la región, aunque por debajo de Brasil (42,3%) y de Colombia (32,8%).

La recesión en el mundo desarrollado podría generar un descenso de la demanda externa de nuestros productos de exportación. Hubo declaraciones sobre el no incremento de mecanismos de protección, elemento que también se analizará en la reunión de Londres. Claramente vivimos un contexto de protección y subsidios que imponen los países desarrollados, de picos arancelarios para enfrentar rubros intensivos en mano de obra, y de progresividad arancelaria que nos impide colocar rubros con mayor empleo y más valor agregado. La continuidad de la Ronda de Doha estará arriba de la mesa. En este tema Brasil viene actuando como «global player». Lo que también vale destacar es la necesidad de la unidad de los países de la periferia, con posibles alianzas con los asiáticos emergentes, para dar la batalla necesaria y para minimizar los costos de una crisis mundial de la que no tenemos absolutamente ninguna responsabilidad. Que alguna vez sea más equitativo el pago de los costos de la crisis, e inclusive, que alguna vez paguen los responsables, que paguen los países desarrollados.

(1) José Antonio Ocampo «La crisis financiera mundial y su impacto sobre América Latina». Trabajo elaborado para el Proyecto del PNUD sobre «Estado, democracia y mercado: informe regional sobre la democracia en América Latina».

|*| Senador por la 609-FA.  Economista

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