Desapariciones
Un día, la congoja de Inodoro Pereyra era muy pesada. Miró a su perro y lo interrogó sin más, a lo bruto: Mendieta, ¿usté cree que el ser humano puede disaparecer de a pedazos?
El perro lo miró y ni un ladrido se le escapó. Inodoro debió confesarse: Digo, porque a la Eulogia le disapareció la cintura…
Como mi cabecita no modera igual que antes y me siento empujado por la cuestión recurrente que conmueve hoy a los uruguayos, me pregunto si un fenómeno similar podría afectar a la política.
Bien mirado, el sistema político goza de buena salud. En general, claro. Pero ¿sería muy aventurada la hipótesis de que un pedazo de él desapareciera, aunque fuese de modo progresivo? ¿Cuál pedazo sería?
El Partido Colorado.
Aun admitiendo la terca embestida de Pedro Bordaberry no baguala sino más bien tipo Old Christians, se ha advertido una reducción de sus posibilidades electorales, al punto de que si una semana hay un estancamiento se ve con alivio, cual si fuese el anticipo de la remontada.
Más allá de la eventualidad de que desaparezca extremo que el sociólogo César Aguiar postuló audazmente hace casi un lustro, el Partido Colorado se ha dado de trompa contra un hecho incontestable: el fracaso rotundo, sobre todo de los viejos, históricos líderes Sanguinetti y Batlle, para generar una transición serena, reflexiva y generosa hacia el rejuvenecimiento de hombres e ideas.
Es posible que la historia les cobre muy caro a esas dos grandes sombras inhibidoras lo que han hecho en este tiempo, sin contar el aporte del gobierno del ex presidente llorón, que colocó al partido a un paso del abismo.
Alguien, con humor negro, imaginó este diálogo:
¿Viste, Luis? Eramos todo, creamos una nación, y ahora estos desvanecidos mentales borran la historia dijo José Batlle y Ordóñez.
Y…nosotros ya pasamos contestó Luis Batlle.
¡Pasamos, las pelotas! ¡Pateá el cajón a ver si salimos y les rompemos el orto! gritó don Pepe, hecho un ají.
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