Escrito por: Por Constanza Moreira |*|
¿Qué haría yo, en las elecciones internas de 2009, siendo mujer, y pensando en mis intereses como mujer? ¿Y en las nacionales de octubre? ¿Condicionaría el hecho de ser mujer lo que vote? ¿Me encontraría representada, como mujer, en los candidatos y sus propuestas?
Estas interrogantes son el centro de lo que fue presentado el jueves 5 de marzo en el Parlamento como “Resultados de la consulta ciudadana”, llevada a cabo en conjunto por la Universidad de la República y el Parlamento. La consulta ciudadana recabó demandas y opiniones de dos mil cuatrocientas mujeres a lo largo y ancho del país. Estas propuestas son un insumo para el debate público que tendrá lugar en estos meses electorales que se avecinan. En el día de hoy, 8 de marzo, Día de la Mujer, vale la pena hacer el esfuerzo de sintetizar este valioso material, de cara a la campaña electoral.
La primera noticia de la campaña que recibimos, desde el punto de vista de la representación de las mujeres, no es buena. Entre los postulantes que van a competir por la candidatura a la presidencia de sus respectivos partidos, en las elecciones internas de junio, no se encuentra ni una sola mujer. Muchas razones pueden aducirse para dar cuenta de esto, pero el dato de la ausencia de mujeres en una campaña presidencial, no hace justicia a la política reciente de promoción de mujeres en cargos ejecutivos y coloca a nuestro país en una situación de desventaja con respecto a los países de la región.
Así, mientras Argentina y Chile tienen presidentas mujeres, y en Brasil el PT impulsa la candidatura de Dilma Roussef para las próximas presidenciales, en Uruguay las mujeres siguen estando afuera de este ruedo. Ya no se trata de que tengamos mujeres “presidentas”, no se pide tanto. Es que ni siquiera figuran como candidatas. Y a este paso, parece difícil que los que triunfen en la contienda de junio, sean del partido que sean, elijan una vicepresidenta mujer. Antes se buscará una fórmula que refleje los equilibrios de poder internos del partido, que una representación de los géneros más adecuada.
Se nos dirá: ¿Pero acaso las mujeres no se sienten representadas por los hombres? O, también: “los políticos representan los intereses de todos, hombres y mujeres”. La pregunta adolece de la misma ingenuidad que si hubiéramos preguntado en Sudáfrica: ¿Pero acaso los negros no se sienten representados por sus gobiernos blancos?, o nos asombráramos porque en Bolivia los indígenas se sienten más representados por Evo Morales que por cualquiera de los presidentes anteriores, o nos sorprendiera que en Estados Unidos, la elección de Obama fuera, para muchos, la culminación del largo proceso de lucha de los afroamericanos por tener los mismos derechos ciudadanos que el resto. Y sí, la representación de género tiene el mismo rango que la representación étnica, racial o de clase. Si pensáramos que la representación femenina en la política hace tanta justicia al voto de las mujeres, como la de los indígenas en Bolivia, los afroamericanos en Estados Unidos o los negros en Sudáfrica, entenderíamos la magnitud del problema. Pero por alguna razón, la desigualdad de género aparece en la política, aun en la de izquierda, como una desigualdad “menor” y subsidiaria de otras (como las socioeconómicas).
Asimismo, la ausencia de mujeres entre las precandidaturas presidenciales, tampoco hace justicia a la emergencia de mujeres en cargos ejecutivos en el período reciente de gobierno. La cantidad de mujeres identificadas por la opinión pública como líderes, es hoy la más alta de los últimos veinte años. Las mujeres que se desempeñan como ministras, son hoy conocidas a nivel nacional, y este fenómeno es muy reciente y ha producido una verdadera “emergencia” de las mujeres en la política uruguaya. Esperemos que esta visibilidad de los liderazgos femeninos tenga algún efecto en esta campaña electoral: tanto en la conformación de las listas, en la elección de “cabezas” de lista, como en la posibilidad de que compitan en altos cargos ejecutivos: vicepresidenciales y en las intendencias.
También esperemos que en esta campaña electoral los temas que afectan a las mujeres se tomen en cuenta en las propuestas electorales. Esta ha sido la misión de la consulta ciudadana: “Mujer, tu voto tiene voz”. Y como bien señala el Informe, las mujeres tienen intereses distintos a los hombres. Y no son, como se ha tendido a pensar, los intereses “familiares” (algo que ha hecho que cada vez que se piense en la mujer, se piense inmediatamente en la familia, como si ambas fueran una sola y la misma cosa). ¿Cuáles son estos intereses y cómo se expresan en las demandas de las mujeres relevadas?
Los temas vinculados al trabajo ocupan el primer lugar en las menciones. Y es que olvidamos, en esta identificación de la mujer con la familia, que las mujeres son la mitad (46%) de la fuerza de trabajo de este país. Ganan peor que los hombres y les cuesta más encontrar trabajo. En el sector servicios, se emplean en trabajos de bajísima remuneración (son, en sentido estricto, la “mano de obra explotada”), como las empresas de limpieza o el trabajo doméstico. Muchas de las demandas recogidas refieren al tema del salario, del que poco se está hablando en la campaña electoral. No alcanza con combatir la desocupación: el salario de los uruguayos, y de las uruguayas, debe mejorar. No es poco lo que colaboran a esto los Consejos de Salarios, y el aumento del salario mínimo, o el impulso a la formalización en algunos trabajos tradicionalmente informales (como el trabajo doméstico). Y es por eso que las mujeres deberían requerirle, a cualquiera de los candidatos y partidos en disputa, que estas medidas de protección de los vulnerables en el mercado de trabajo esté en el corazón de las promesas de campaña.
En segundo lugar, las demandas de las mujeres se orientan a los temas “sociales”, que no siempre son el centro de la campaña. La salud ocupa un lugar central en la vida de las mujeres: tanto de quienes están a su cuidado (los niños, los ancianos, los enfermos) como de sí mismas (las mujeres consumen más servicios de salud a lo largo de su vida que los hombres, como resultado del ciclo reproductivo). También la seguridad social y la educación. En medio de una campaña donde la economía seguramente va a ser la estrella, con debates abstractos e incomprensibles para la mayoría de los mortales como el déficit fiscal, el gasto público, la inflación, o la política monetaria, alguien debería recordarle a los políticos que tienen que hablar y hacer propuestas sobre los temas sociales. Y en lo que a mujeres se refiere: la violencia doméstica, la salud reproductiva, la educación sexual, los problemas de la vivienda o la educación, o las dificultades para tener un transporte eficaz, rápido y barato, son temas centrales. Y por ejemplo, en un país con problemas de natalidad, ampliar la licencia maternal parece una medida más que positiva. O, también, y dado que las mujeres son siempre las “amas de casa”, tener una política de vivienda que controle el disparado precio de los alquileres (altísimo en relación a los promedios salariales del país), o genere un acceso a vivienda barata para los sectores populares, también es un tema de campaña. O, en fin, asumir que el país tiene discapacitados y precisa una política de discapacidad específica (las mujeres son quienes cuidan de los discapacitados), así como que la única política de prevención en salud es llevar los servicios de salud a los barrios, donde sean accesibles a todos, y especialmente a los que sólo con mucho costo pueden trasladarse. Todos estos son temas “invisibilizados”, que de acuerdo a los datos emanados de la consulta deberían estar en la campaña. Esta recién empieza. Y hoy es 8 de marzo. Vale la pena hacer el recuento de lo que se ha hecho, que no es poco. Pero vale la pena también poner otros temas sobre el tapete, que afectan a la vida de más de un millón de uruguayos: las mujeres.
|*| Politóloga. Universidad de la
República
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