Grandes temas
Tengo la esperanza preferiría decir certeza de que en las expresiones públicas de los precandidatos de los distintos sectores políticos aparezcan los grandes temas.
Hasta ahora, se advierte un cóctel de promesas de reiteración y mejora de lo hecho, de amenazas de hacer todo lo contrario, de ideas dispersas y a veces sencillamente locas, emanadas de la voluntariedad y, por supuesto, de un arsenal de epítetos tormentosos, casi eléctricos, que se lanzan unos a otros.
Zumban por ahí varios estilos: a lo Tortorelli, a lo Peloduro, a lo Patoruzú, a lo Isidoro Cañones.
Nada se ha dicho hasta hoy de algunas cuestiones acerca de las cuales, si se hiciera una encuesta seria, estoy seguro habría consenso. Curiosamente, cuatro ejemplos que se me han ocurrido tienen que ver, de una manera u otra, aun indirectamente, con la seguridad y la tutela de los derechos de los ciudadanos.
Uno, la independencia económica del Poder Judicial. Hace décadas que sacude el pensamiento político del país sin que los otros dos poderes de nuestra democracia acepten que es imprescindible concederla.
Dos, la dependencia administrativa que del Ministerio de Educación supuestamente sin afectar la independencia técnica padecen los fiscales. Es un disparate jurídico, superado en el mundo serio, que debe ser corregido.
Tres, el absurdo de que las cárceles sigan en manos del Ministerio del Interior, cuyo único resultado es un matrimonio mal avenido que multiplica la corrupción, tanto por una intimidad inconveniente como por la falta de especialización de los llamados guardianes.
Cuatro, el capricho de que el área de los menores infractores o lisa y llanamente delincuentes siga devorándose el resto de la constructiva labor del INAU, mientras las rebeliones de los no imputables por su edad pone patas arriba al organismo y a toda la sociedad.
Ojalá estos temas aterricen y haya que hablar de ellos aunque sea en los menguados debates que se vengan.
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