Olla podrida
-Chiquito dijo Epifanio mientras chupaba caña con tomate perita- ¿te acordás aquellas ollas podridas que hacíamos a fin de año?
-¡Pah, sí! el recuerdo alegró al patrón, que transpiraba para cortar un salamín olvidado en el cajón de los cubiertos. -¡Iba de todo! Pero che, ¿a qué viene esto?
-Y… el Pedro parece una olla de esas. Ni mira lo que mete.
-¿Vo’ decí’ po’l Fau? Ruedita confirmó que retenía retazos de realidad aun en medio de una borrachez atómica.
El Facha Ruiz, que dormía desde las cinco de la mañana, cuando terminó de retocar el pedo del mediodía anterior, saltó como un resorte: -¡Esa jugada no es fau!
-Seguí durmiendo, paquidermo aconsejó, paternal, el Chiquito.
-¿Cuánto’ voto’ tiene Fau? el Negro Collazo era un pragmático.
-¿Do’…? -preguntó Ruedita. La mujé’ capá’ que lo vota…
-Mirá que se sumaron otros apuntó el Cascarilla Batista, observando con cariño un moco verde recién extirpado.
-¿Quiénes, los Momo Sapiens? el Flaco Petrulo fue escéptico.
Ruedita expelió un gas levantando la nalga derecha y quiso seguir siendo centro de atención: -Globoloqui, Busqué y Criña…
-¡Glodofsky, Pasquet y Scrigna, de la vieja 85, deshilvanado mental! gritó Otegui.
-Se’gual…
-Yo digo que cuando se habla de sumar, cualquier estrategia puede ser válida aclaró Epifanio. Lo importante es aumentar los votos.
El Facha, que había seguido con la cabeza sobre los brazos pero despierto, se levantó, de golpe fresquito, y sentenció: -Bueno, loco, si es así, viene bien el Pedro… ¿Te imaginás si ahora el Amorín y el Fierrito se tiran de cabeza adentro de la olla? ¡Cartón lleno!
-¡No podé’ compará’! ladró el Negro. -¡No se lo’ morfa nadie…! ¡En aquella olla mirábamo’ y tocábamo’ todo! No’ntraba’ chorizo pasao, choclo verde, molleja con oló’ a podrido, papa’ grise’ ni caracuse’ viejo’…
De pronto, el silencio. En medio del vaho de la embriaguez, Collazo había roto su única virginidad: sus palabras callaron a todos e hicieran pensar.
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