Renovación
Rodeaban una mesa, lanzados sobre la fuente donde el Chiquito Otegui había dejado mollejas al limón, maceradas al sereno. Tomar, menos agua, se tomaba de todo.
-¿Vieron al Cuqui? el Cachetona habló con la boca llena y la grasa corriéndole desde el mentón al ombligo.
-¿El grande o el chico? preguntó el Cascarilla Batista. El chico parece una cosechadora al mango…
-El uno respondió el Cachetona. -No quiere mirar pa’trás.
-No tiene’spejito… -Ruedita irrumpió con su lógica simbólica.
El Chiquito que había tenido una noche difícil, porque justo cuando la mujer le decía, romántica, «ay, amor, qué bueno estuvo», a él se le escapó un pedo- fue al grano: -Está hablando de renovación, de mirar al futuro.
-¿Vo’ viste’ a los que trajo? preguntó el Facha Ruiz.
Epifanio tragó una molleja arrebatada y retrucó: -¿Qué tenés que decir del equipo del Cuqui?
-¡No jodá’! el Negro Collazo explotó como si hubiera sufrido una trombosis rectal- ¡Si volvió a meté’ al’Inacio, que’s má’ conocido que’l Sordo Papaterra, que todo’ lo’ día’ te quiere vendé’ queso ‘e Colonia a la’ siete ‘e la mañana! ¿Sabé’ la’ vece’ que l’han roto’l orto a patada’ al Sordo y no cambia?
-También está Ana Lía… -deslizó el Cascarilla Batista, que había tomado en media hora la botella de grapa con zapallo que el Chiquito preparó y aguantó sin destapar un mes.
-¡Ta’nterita! gritó Ruedita, hecho un demonio.
-¡Enterita, la Mellada, que’n vé’ de maquillaje s’echa alcanfó’ en la jeta! saltó de mala manera el Negro.
-¿Y el Oso Aguirre? -sugirió el Cascarilla.
Ruedita y el Negro contestaron a dúo: -¡No te tiré’ contra lo’ chorroba’! ¡Somo’ l’único’ que podemo’ salvá’ste paí’!
Bastó para Otegui: -¡Se acabó! Las mollejas y la discusión. ¡Cada uno a su casa! ¿Los borrachos son la solución? ¡Déjense de joder!
Yéndose, Ruedita murmuró: -¿No vé l’alegría ‘e viví’ que tenemo’?
El Chiquito cerró la puerta. Se sacudió la caspa y tuvo que admitir -Cosa jodida la renovación.
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