OBAMA: LA TEORIA ECONOMICA DEL "EMPUJONCITO"
Nos referíamos la semana pasada a cómo la teoría del «Nudge», expuesta en «Empujoncito en la dirección correcta: mejora de las decisiones acerca de la salud, la riqueza y la felicidad» de Richard Thaler y Cass. Sunstein (Yale University Press, 2008), está siendo importante en la línea económica de Obama. Uno de los autores, Sunstein, ha sido investido, por ejemplo, como supremo regulador de los Estados Unidos, regulador de las entidades reguladoras en un nuevo cargo desde la Casa Blanca.
Básicamente la teoría del «nudge» puede ser definida como que el Estado aprovecha de la informática para decirle al ciudadano, permanentemente, qué información tiene disponible para cada decisión que tiene que tomar. De modo que el ciudadano, en cabal conocimiento de sus opciones lo que le resultaría imposible por sí solo, tan abrumadora y confusa es la información en el mundo de hoy es suavemente «empujado» hacia una racionalidad económica.
Por ejemplo, cuando las agencias de alquiler de coches incluyen por defecto el seguro de viaje a no ser que especifiquemos lo contrario, nos están empujando a tomar una cierta decisión. Una decisión por defecto, pero una decisión al fin. Eso es un «Nudge», que puede ser traducido como un «empujoncito» (literalmente, un empujoncito con el codo).
La fórmula suele ser presentada como la «verdadera tercera vía» entre el dirigismo estatal y el laissez-faire liberal.
Goolsbee
En esta última idea quien ha trabajado es Austan Goolsbee, también profesor en Chicago (maestría en Yale, doctorado en MIT) asesor económico de Barack Obama desde 2004. Será economista jefe del «Consejo para la Recuperación de la Economía». Goolsbee, de 39 años, será también quien articulará la conexión entre el Consejo y la Administración de Obama. El presidente también nominó a Goolsbee como uno de tres miembros del Concilio de Asesores Económicos. Ha sido editor en jefe del «Journal of Law and Economics».
Goolsbee no reniega, ni mucho menos, de la economía de mercado, ni vira hacia el proteccionismo. Es franco partidario de la globalización, simbolizada por el Internet, pero con el deber de proteger temporalmente a los socialmente atrasados. Es una nueva manera de concebir, incluso, al liberalismo. Tomando como modelo el consejo de asesores sobre inteligencia extranjera creada por el presidente Dwight D. Eisenhower para proveerse de una voz independiente sobre asuntos de inteligencia, es que Obama crea el mencionado «Consejo para la Recuperación de la Economía». Obama lo explicó así: «En este momento de definición para nuestra nación, las viejas maneras de pensar y actuar no bastarán. Estos momentos requieren pensamiento fresco e ideas atrevidas y nuevas de parte de las mentes más privilegiadas de a través de los Estados Unidos. Además, los tiempos requieren que tracemos un rumbo hacia la recuperación económica, que aseguremos que nuestro gobierno tu gobierno sea responsable por lograr resultados. En el día de hoy me complace anunciar la creación de una institución nueva para ayudar a nuestro equipo económico a lograr estas metas».
Como presidente de la institución nombró a Paul Volcker, presidente de la reserva federal de 1979-1987, de 81 años, ha servido bajo cinco presidentes de ambos partidos. 16 notables del mundo financiero componen el nuevo consejo anticrisis, con figuras del tipo de Eric Schmidt, el consejero delegado de Google. ¿Pero cuál es la filosofía central de esta Nueva Escuela de Chicago, donde como colegas profesores allí Obama conoció a Sunstein y a Goolsbee? Su teoría del conocimiento viene del funcionamiento comportamental surgido en la lógica de las computadoras, en la sociedad de la información y la sociedad globalizada. Asume lógicas del carburar mental propia de la informática, como la opción por defecto, así como asume el impacto de una oferta muy vasta y compleja que trajo el mundo de la globalización y que aturde, por veces, al ciudadano.
En resumen, se trata de la mejora de la toma de decisiones paralela al impacto de la informática en la cultura, pero que ve a la Internet como una enorme palanca de cambio social y que aporta numerosas propuestas concretas para el rediseño organizacional e institucional. Las políticas de «Nudge» están diseñadas para ayudar a las personas sin conocimientos completos del contexto de la decisión que deben tomar y, en consecuencia, con predisposición a actuar irracionalmente- en la defensa de sus propios intereses mientras que ello no interfiera con la autonomía de las decisiones de las personas. Se trata de brindar un impulso en la dirección correcta.
En su libro «Nudge», Thaler y Sunstein parten de la base de que el hombre nunca se comporta como un actor económico puramente racional. Por eso proponen educar a la sociedad o incentivarla a través de «opciones inteligentes por defecto» para que cambien su comportamiento y elijan variables positivas. Un simple «empujoncito» puede alcanzar para orientar los ciudadanos a invertir en lugar de ahorrar, incentivar la donación de órganos o elegir un sistema de seguro médico. Ese «paternalismo libertario» actúa bajo la consigna de que «los incentivos importan».
La respuesta de Thaler y Sunstein es que precisamos que nos «empujen suavemente», que haya «nudge». Y es que, tal como ellos lo definen, el «nudge» no reduce nuestra libertad: «un ‘nudge’ es, en nuestra utilización del término, cualquier aspecto de la arquitectura de la toma de decisiones que modifica el comportamiento de la gente de una manera previsible, pero sin prohibir ninguna alternativa y sin cambiar de forma significativa y rotunda los incentivos económicos. Para que una intervención se considere ‘nudge’ debe ser posible evitarla de una forma fácil y barata. Los ‘nudges’ no son órdenes».
El libertario es quien protege el derecho individual a escoger (mientras que el paternalista es el que busca mejorar el bienestar de las personas). Su argumento principal es que puede pensarse en una «arquitectura de la elección». Es decir, que pueden diseñarse las instituciones que faciliten a las personas tomar las mejores decisiones. Se aproxima a la idea de Raghuram Rajan sobre «regulación de incentivos» sólo que propone los incentivos para defender la racionalidad del interés general contra los poderosos intereses sectoriales. «Nudge» concebido, entonces, como el no cometer errores gracias a la creación una «arquitectura de la elección» (frase de Thaler y Sunstein). La arquitectura de decisión es la disciplina que se encarga de definir estas opciones y el contexto en el que se encuentran, con el fin de influir en el comportamiento de las personas.
Podemos diseñar «arquitecturas de elección» de manera tal que la gente prefiera mejores elecciones sobre materias como inversiones y tributación.
Los obstáculos de Obama
Está claro que Obama enfrenta los intereses conservadores, por decir lo menos, de lo que Eisenwoher una vez llamó la alianza industrial-militar. Sheldon Wolin, profesor emérito de Princeton, publicó, el año pasado, su libro «Democracia S. A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido». Allí sostiene, en pocas palabras, que el proyecto conservador es invertido en el sentido que busca el poder no a través de la movilización de la gente sino de su desmovilización. El objetivo de una democracia dirigida que obture la práctica de la ciudadanía, que desocialice, que logre «el arte de moldear el apoyo de los ciudadanos sin dejarles gobernar», sería que la democracia apática fuere dirigida por la alianza entre el poder de las grandes corporaciones y el poder gubernamental. La democracia sin ciudadanos permitiría «una política dirigida más eficiente y racionalizada». Esa pretendida racionalidad ha sido el fundamento ideológico del gobierno de Bush. Frente a eso, Wolin dice que se trata de «recuperar el terreno perdido, popularizar las instituciones y las prácticas políticas que han sido excluidas del control popular». Es
decir, el problema de siempre, poder controlado por ganancia de ciudadanía o poder descontrolado por déficit de ciudadanía. La República o la antirrepública. Es obvio que el primer problema de la agenda de Obama es respirar, puesto que el fantasma de la muerte de Kennedy tres semanas después de decirle a McNamara, su ministro de Defensa, que se retiraba de Vietnam, en 1963 deambulará estos años por la Casa Blanca. El negro es, paradójicamente, un blanco móvil.
|*| Ex senador, director de Jaque y de Posdata. |*| Estando buena parte de la información de estos artículos sobre el Presidente Obama referida al problema de las políticas económicas, información producida muy recientemente, debo la misma a diferentes autores a disposición en Internet a los que corresponde reconocer. La información, pues, del contexto sobre las propuestas económicas es, en algunas ocasiones, de fuente bibliográfica indirecta.
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