Inflación
Le coparon el boliche al Chiquito Otegui. Llegaron de madrugada, abrieron a patadas la puerta y esperaron, escondidos. Cuando llegó el patrón, el Negro Collazo se le tiró encima con el peso de una pala mecánica, mientras Epifanio y el Cascarilla Batista se dedicaban a atarlo y amordazarlo.
Quedó igualito a una pamplona de pollo. Lo rodearon y Epifanio tomó la palabra:
-¡Llegó la hora de la responsabilidad, guanaco!
-¡Puesto que no se ocupa, lo ocupa el enemigo! gritó el Flaco Petrulo, que había aprendido de memoria una frase ajena.
-¡Tamo’ todo’ con el gobierno! La’stamo’siendo mierda’ l’inflamación… -definió el Negro, con prolijidad verbal.
-¡Inflación, salame! corrigió el Facha Ruiz.
-Se’gual… -Ruedita apareció, solidario con Collazo.
Los ojos del Chiquito se agrandaron, lagrimeando incomprensión.
-¿No te da’cuenta? le espetó Ruedita. Bajaro’ fruta’, verdura’, la nerca, la nasta…
-Pero nos preguntamos qué es lo que al gobierno todavía le rompe las bolas y le cascotea los índices puntualizó Epifanio, escupiendo al hablar porque había olvidado la dentadura postiza.
-¡Lo’precio’ que vo’ cobrá po’l chupe! la voz de Ruedita sonó, ya pastosa. Llevaba demasiados minutos sin grapa, caña ni gasoil.
Epifanio miró fijo al Chiquito: -¿Te vas a poner a tono con esta corriente patriótica o te pasamos por las armas? Si vas a bajar las bebidas, cabeceá para abajo dos veces…
El Chiquito, aterrorizado, lo hizo.
Hubo un aplauso general. Epifanio ordenó: -Andá avisale al Alvarito… ¡Ya puede ir escribiendo «Despedida a la inflación» para «La cofradía»!
Ruedita puso cara de Hamlet de asentamiento: -¿Y l’inflació suyugante…?
-¡Subyacente, desviado mental!
-Se’gual…
-¿Ah, sí? ¡Entonces metete la inflación subyacente en el orto!
Aclarado el punto, chuparon cuanto hallaron a mano y se fueron.
Al Chiquito se acordaron de liberarlo al otro día. No dijo ni pío. Estaba tan vencido como la inflación.
¡Si habrá medidas originales para tomar todavía!
Compartí tu opinión con toda la comunidad