Las bolas
-¿Vamo’ a seguí’ con la política? preguntó Ruedita, mientras el Chiquito le servía caña con glicinas.
-¿Con el lío de ayer tratando de entender la interna del Frente? ¡Ni loco! contestó el patrón, que anotaba en un pizarrón lo que servía y cobraba, esperando que la Impositiva lo felicitara.
-Lo del Frente está salado aceptó Epifanio, que puso un libro sobre la mesa. Pero podemos analizar lo que pasa en otras colectividades… los colorados, por ejemplo.
-¿Qué trajiste? quiso saber el Facha Ruiz.
-La verdad científica se ufanó Epifanio, que pidió una grapa con chauchas y una longaniza. El Chiquito trajo una más seca que campo de Mal Abrigo, pero el Epi pisó el freno, le echó un chorrito de agua del termo y confió que se ablandara.
-A ve’, a ve’… -saltó Ruedita. Largá’l royo…
-No vas a entender un joraca, pero… bueno, vale la pena por los demás la voz de Epifanio se tornó académica. Un eructo espantoso del Cascarilla Batista lo volvió a la realidad. Igual siguió.
-Leí a Asimov. Con la teoría de las moléculas se entiende lo que les pasa a los colorados. Moléculas que fueron grandes, abandonadas a sí mismas se dispersan en otras, pequeñas y débiles. La vida vuelve cuando éstas se juntan otra vez y forman una grande. ¡Y escuchen lo que dice el tipo!: «Equivale a decir que las pequeñas son como bolas que rodarán cuesta abajo por una pendiente, pero jamás hacia arriba, salvo que las empujen»…
La incomprensión fue una llaga ardiente y alguno tuvo ganas de estrellar una molécula en la jeta de Epifanio.
Como siempre, Ruedita salvó el día:
-¿Queré’ decí’ que lo’ colorao’ son uno’ boludo’?
-¡No, apopléjico! Digo que tendrían que volver a su condición de moléculas grandes… Si empleo una metáfora, necesitan un acuerdo, el empujón de más votos, y serían bolas que ruedan hacia arriba…
-¿Tené’ qu’empujarlo’?
-Y, metafóricamente sí.
-¡E’pior! Mirá si’mpujá’ la’ nalga’ e’ Pedrito y le tocá’ el que te jedi… ¡L’acuerdo se va’la mierda!
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