OBAMA, EL REPUBLICANO
Hace algo más de cuatro años, en la Convención Demócrata, dijo una frase difícil de entender para quien no conozca el dilema actual de los EEUU.
Dijo algo así como que no había un EEUU demócrata y otro republicano, un EEUU blanco y otro negro, o hispano u oriental, un EEUU heterosexual y otro homosexual, un EEUU de discapacitados u otro de no discapacitados. Que había sólo EEUU… de América. Esa frase instaló su nombre en todos los EEUU.
De diversos, uno
Apelando al concepto de Nicolás Shumway sobre cómo las «ficciones orientadoras» se integran a cada proyecto nacional, una ficción orientadora de los EEUU que Obama relanza es la que usaron los «padres fundadores»: «e pluribus unum». «De muchos, uno» o «de diversos, uno». Así impactó en el sustrato del imaginario estadounidense, sosteniendo que era posible superar los EEUU fragmentados. Veamos como construye Obama su manera de unir lo disímil.
Nos puede ayudar a aclarar las cosas un artículo publicado recientemente, titulado «Obama, el visionario minimalista». El articulista es Cass R. Sunstein, el autor de «República.com: internet, democracia y libertad», considerado el «gurú intelectual» de Obama (revista The New Republic), que acaba de ser designado, la semana pasada, Director de la «Oficina de Asuntos de Información y Regulación de la Casa Blanca», esto es el «zar» regulador del próximo gobierno.
¿En qué sentido se refería Sunstein al «visionario minimalista»? Sunstein divide a los políticos en «minimalistas» y «visionarios». Los minimalistas son pragmáticos. Tratan de lograr acuerdos concretos sobre qué hacer, no sobre por qué hacerlo. Desvían los desacuerdos ideológicos que entorpecen la búsqueda de consensos. Los visionarios (Washington, Lincoln, y Franklin D. Roosevelt), por el contrario, buscan imponer su modelo sea sobre la economía, la igualdad, la seguridad o lo que fuere. Se apoyan en el desacuerdo con otras visiones. Obama es «algo nuevo» en política, y aúna las dos visiones, sostiene Sunstein. El es un «visionario minimalista». Obama promueve minimalismo, por ejemplo, cuando se muestra inquebrantable con el respeto de los puntos de vista diferentes. En el diseño de políticas sobre el cambio climático, la reforma fiscal, la conservación de la energía, la política exterior, en lugar de rechazar la ideas de sus conciudadanos, busca integrarlas. Pero Obama es también un visionario, siempre según Sunstein. A diferencia de la mayoría de los minimalistas, está dispuesto a pensar en grande. Cuando habla de cambio, quiere decir que incluye planes ambiciosos para la independencia energética, la atención sanitaria universal y la reforma educativa.
Una vida
El hombre que expresaba esa vocación por una sola nación venía de una experiencia de todas las diferencias. Había nacido en el multicultural, polinésico y «pearlharbórico» Hawai. Sus padres se habían conocido en la universidad y se habían fugado para casarse. El padre era nacido en Kenia, de modo que Obama resultará de primera generación afroamericana. La madre era blanca leche, del medio de Kansas. Después, cuando Barack tenía 2 años, sus padres se divorcian, el padre se fue a estudiar a Harvard y su madre se casó con un indonesio, teniendo entonces Barack 6 años. Obama se fue a vivir a Indonesia, donde su padrastro tenía un buen empleo, pero un cambio de régimen político lo dejó desempleado. Obama vivió así, de niño, el tercer mundo: 4 años de primaria en Yakarta. Su madre, antropóloga, lo manda a vivir con sus abuelos a Hawai cuando tenía 10 años. Luego, con 18 años, va a estudiar a California, 2 años más tarde a Nueva York se gradúa en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, 4 años después se va a vivir a Chicago, donde intensifica su trabajo social, y a los 27 años se traslada a Boston, no sin antes visitar a sus familiares en Kenia y tratar de entender qué era él. Estudia en Harvard y obtiene el título de Doctor en Jurisprudencia con honores (magna cum laude). Escribe luego, en Bali, el primero de sus libros, «Sueños de mi padre».
La vida le llevaría a tener hermanos americano-indonesios (por su madre), hermanos afroamericanos (su padre se volverá a casar con una blanca, la llevará a Kenia y allí practicará la poligamia nativa, pues se reencontrará con la esposa africana que tenía desde antes de ir a estudiar a Hawai, con la que tenía dos hijos y tendrá luego dos más). Es claro, pues, que también tendrá hermanos puramente africanos. La familia de Obama es un acumulado muy peculiar de distintos mestizajes y distintas cosmovisiones.
Su padre, al principio, en Hawai decide elegir entre su matrimonio y Harvard. La esposa, de carácter fuerte e independiente, le había dicho que no lo acompañaría a Harvard. Eligió Harvard, según su explicación, por Kenia. Su padre vivía su nación como un sueño al que se debe servir. Egresó como uno de los mejores econometristas de Harvard y se fue a servir a Kenia.
Al poco tiempo, los Luos, la etnia del padre de Obama, son desplazados del poder por los Kikuyo. Allí terminó el sueño de Barack Obama padre. Habitó una idealidad keniata que fracasó y pasó por alcohol su frustración, hasta que falleció en un accidente cuando tenía un año menos de los que Obama tiene hoy. La dura experiencia de pertenecer a una idealidad que se frustra quedó en la mente de Obama. Cómo superar ese problema se instaló en la base de sus búsquedas
La otra historia
Obama hijo se expertizó en que los sueños no fracasen. Mestizo afroamericano, criado por abuelos blancos, con primaria en Indonesia y secundaria en Polinesia, la identidad de Barack Obama no estaba clara. Le decían Barry. La confusión lo lleva a las drogas. Pero la lucha estudiantil (California) por los derechos civiles (entonces contra la discriminación en Sudáfrica) lo enganchan con el interés por lo social y con su pertenencia a la problemática estadounidense. La fase pos radical y pacifista de la lucha por los derechos civiles lo lleva a la acción comunitaria intensa, primero en la cosmopolita Nueva York y luego en Chicago. La idea de igualdad radical de todos los hombres la encuentra cuando estudia Derecho en los «padres fundadores», autores de la Constitución estadounidense y de la fundación de la primera república del mundo. La religiosidad le dará trascendencia a la acción común y se encarnará en su trabajo de enraizar la negritud a la nación estadounidense. La religiosidad «civil» estadounidense presenta una relación no mediada con un Dios íntimo que opera como sostén ético, así como, al mismo tiempo, llama a la acción cotidiana concreta y práctica, a la idea diaria del compromiso. Y en el caso de los negros, del compromiso en la lucha por los derechos civiles. La acción comunitaria le llevará luego a la acción política.
Pero para hacer todo ese tránsito ha debido resolver algunos problemas en su interior. El modo como los resolvió se convierte luego en su proyecto político. El camino que lleva de la falta de lugar en el mundo y la soledad, del desarraigo, hasta la identidad, en una peripecia que lleva a Obama a la solución sobre las incertidumbres de su identidad personal, y esta clave le indica un trayecto de propuesta de solución de la identidad nacional. De reinvención de los EEUU. La fórmula con que ata su propia multiculturidad y le da un contenido filosófico de unión y avancismo será, en el fondo, su propuesta política.
El nuevo mundo
Enrique Rodríguez Larreta ha puesto una muy inteligente y especial atención en este punto de hacer de su historia individual una metáfora de la lectura social de un tiempo dado («Nación y trascendencia: Barack Obama y la autobiografía de (Norte)América», Enrique Rodríguez Larreta, 2008). Dice, en ese trabajo, que Obama «ha transformado su propia experiencia personal en su principal argumento político». Pues a través de ella ha construido «una nueva percepción del imaginario nacional»
. Y sus sueños «son visiones conscientes, ideales reguladores encarnados en ciertos principios establecidos en la Constitución americana que pueden ser interpretados en el sentido de una radical participación e inclusión ciudadana».
«El hombre de ningún lado», como tituló el New York Times un artículo sobre Obama, estaba haciendo un planteo nuevo. Entre sus ingredientes estaba Jefferson y el constitucionalismo fundacional, la multiculturidad como expresión de tolerancia, los valores de trabajo, comunidad, familia y la redención a partir del hombre simple, la fe como la alianza de un Dios íntimo con el hombre común, la nueva frontera de los derechos civiles desatendidos por el «establishment» de Washington, una nueva modernidad tecnológica a crear como objetivo nacional para mantener la vanguardia mundial. De ahí, EEUU como nuevo mundo, con la universalidad como identidad. Lo que explica que para él sea posible el diálogo con otras civilizaciones aún no secularizadas, incluso teocráticas, como la musulmana.
|*| Ex senador, director de Jaque y de Posdata.
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