SUS CONSECUENCIAS SOBRE LA POLITICA ECONOMICA
La crisis financiera internacional venía siendo anunciada desde hace muchos años, en especial por las acciones de los derivados. Sus primeras manifestaciones surgen en agosto de 2007, en el mercado de hipotecas y se profundiza en setiembre de 2008 con la caída de los grandes bancos de inversión. La crisis tiene origen en Estados Unidos pero repercute inmediatamente por la globalización financiera en todos los mercados del mundo. Con la crisis se derrumban una serie de mitos y principios provenientes del neoliberalismo, en especial de las corrientes centradas en el fundamentalismo del mercado. Esto significa que el mercado ya no resuelve todos los problemas económicos y sociales, sino que, dejarlo actuar libremente puede originar profundas crisis como la que estamos viviendo en la actualidad. Recordemos que el neoliberalismo intentaba despolitizar la economía y la vida social. Para esta concepción, la política resultaba superflua y la intervención política sería una interferencia indebida e ineficaz porque el mercado resolvería todo, inclusive el equilibrio espontáneo de intereses en pugna. La desregulación financiera fue una de las principales causas de la crisis actual. Inclusive muchos arreglos financieros se hacían por fuera de la regulación existente. También cae el mito de que todo lo que hace el sector privado es virtuoso porque generó un proceso de creatividad de instrumentos financieros y de especulación que se ubican en el centro de la crisis. La propuesta de minimizar la acción estatal por la vía de las privatizaciones también se derrumbó en la medida que, para salvar a las instituciones financieras se plantean procesos de estatizaciones parciales y transitorias.
Es difícil diagnosticar la magnitud y duración de la crisis actual. La recesión está instalada en el mundo desarrollado. El nivel de consumo de países emergentes, como China e India, no pueden sustituir como motor del crecimiento mundial, los niveles de consumo de EEUU y la Unión Europea. Los países emergentes ya empiezan a sufrir consecuencias de esta crisis, tanto en el plano financiero como en el productivo y comercial. Por ejemplo, China tiene el 20% de sus exportaciones con destino a EEUU, México el 76% y América del Sur el 21%.
Es notorio el predominio de la política sobre la economía, en especial sobre la economía de la tecnocracia, por ejemplo, contra el recetario fundamentalista del FMI. Se acude al Estado para resolver la crisis, por lo tanto a la política y a los políticos. Se acude al Parlamento para votar leyes de rescates millonarios de instituciones financieras. La crisis genera cambios relevantes en la orientación de la política macroeconómica en los países desarrollados que tendrán directa repercusión en los países subdesarrollados y, sin duda, en la región latinoamericana. En el campo financiero de los países desarrollados se toman medidas tendientes a otorgar mayor liquidez, a recapitalizar instituciones financieras a través de compras de acciones por parte de instituciones estatales, a otorgar garantías para deudas bancarias, seguros para depósitos y, sobre todo, asegurar la cadena de pagos con el objeto explícito de que las empresas no entren en procesos de quiebra. Pero a su vez, hay cambios relevantes en la orientación de la política macroeconómica entre las que destacan:
a) La prioridad a los objetivos del empleo frente a la estabilización. Esto lo viene realizando la Reserva Federal de los EEUU, por medio de sucesivos descensos de la tasa de interés. Más dificultades tiene el Banco Central Europeo, en cuyos estatutos surge la prioridad absoluta a la estabilización. La América Latina tiene experiencias nefastas de procesos de estabilización, como la ley de convertibilidad de Argentina, en la década del noventa, que culminó en una profunda crisis financiera y social, con elevadas repercusiones políticas. En esencia, se tendrán que modificar concepciones que suponían que, asegurando la estabilización, el mercado y el sector privado estaban en condiciones de atender toda la problemática económica y social. La crisis enseña la necesidad de utilizar diversos instrumentos de política económica para asegurar los objetivos de crecimiento y empleo. En el futuro, seguramente, habrá un mayor equilibrio en las prioridades entre estabilización y empleo.
b) Los objetivos de empleo llevan a la necesidad del uso de la inversión pública, especialmente en infraestructura, al estilo keynesiano. Ello significa darle menos relevancia al déficit fiscal, que para los fundamentalistas del mercado era el origen de todos los males. Para el recetario del FMI, el déficit fiscal era el responsable de la inflación, de la deuda externa, del desempleo y así sucesivamente.
c) Vuelven a surgir el uso de instrumentos que estimulen los factores de demanda, para salir de la recesión y generar nuevos empleos. La búsqueda del crédito más barato, el aumento de la inversión pública, los estímulos al consumo privado con rebajas tributarias son algunos de los ejemplos más aplicables.
d) Todo ello requiere acciones que permitan combinar las lógicas del mercado con las lógicas del Estado. La cantidad y calidad de los bienes las va a seguir determinando el mercado. Por otro lado,
e) se acentuarán la conducción, la orientación, el control y la supervisión necesaria por parte del Estado. Para ello habrá que superar la existencia de estados desmantelados desde la época de predominio del neoliberalismo. El Estado deberá estar suficientemente calificado para intervenir en el proceso económico, con diagnósticos adecuados a la realidad, con interpretaciones correctas sobre las distintas causas de los fenómenos económicos. Recursos humanos muy calificados son imprescindibles para que el Estado no vuelva a repetir errores del pasado y pueda cumplir con la mayor eficacia sus distintas funciones. Ello requiere de ideas claras sobre el rumbo del proceso económico, en especial lineamientos estratégicos de mediano plazo que conformen estructuras productivas para la competitividad y el empleo y estrategias globales para enfrentar los grandes problemas sociales como el de la fragmentación sociourbana.
Terminada esta nota, se anunció, el lunes 12, por parte del Gobierno, la suba de la tasa de interés de referencia, que pasó de 7,75% a 10% con el objetivo explícito de enfrentar la inflación. El uso de este instrumento es muy limitado. Puede influir sobre las expectativas y, probablemente, como ocurrió en setiembre de 2007, impulsar a la baja al tipo de cambio nominal. Nuevamente el equipo económico, a contrapelo de lo que está ocurriendo en el mundo internacional, prioriza la estabilización con respecto al empleo, el crecimiento y la competitividad. Sobre todo cuando hay otros instrumentos más eficaces para enfrentar la inflación.
|*| Senador por la 609-FA, economista
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