¿QUE HAY DETRAS DE LA EXPROPIACION SINDICAL DE LA PANTALLA DE TODOS LOS URUGUAYOS?

Hoy ya hace 20 días que la pantalla de la televisión nacional, Canal 5, el canal de todos los uruguayos, continúa expropiada por la fuerza de un minúsculo grupo de asambleístas que no superan la treintena en un total de 250 trabajadores, la mayoría de los cuales se opone a este ilegal e insensato desconocimiento de los derechos de información del pueblo uruguayo.

Todos los informativos del canal público han sido borrados de la pantalla desde hace tres semanas, pero también han sido censurados otros programas y cortados de cuajo reportajes a candidatos presidenciales, legisladores, personalidades de la cultura y del deporte, desatando una bacanal de prepotencia amortajada en un rifirrafe que desplegó una censura masiva, salvaje e indiscriminada, despreciando los derechos constitucionales de la ciudadanía, de la cual se marginaron.

Esta virtual ocupación de la pantalla colectiva, más parecida a un acto de piratería que a una huelga sindical, se llevó a cabo al margen de la ley sin que siquiera existiera una explicación a la opinión pública de los motivos que determinaron tan drástica como inusual medida de fuerza en abuso de los derechos gremiales.

En efecto, la ATTN, el sindicato de los trabajadores de la televisión nacional, que no incluye a los periodistas, y que integra COFE, y por lo tanto el PIT-CNT, no ha emitido un solo comunicado fundando sus medidas de fuerza.

¿Pero qué está pasando con estas patrullas extraviadas del gremialismo obrero, por fortuna minoritarias en la central de trabajadores, que la emprenden contra el gobierno popular, el que mayores conquistas ha otorgado a los asalariados en toda la historia del sindicalismo uruguayo?

Son pocos pero mucho es el daño que hacen al movimiento popular. Un día asedian a la gran comuna de la izquierda uruguaya, otro destrozan a patadas destempladas las puertas del Ministerio que más ha dado vida al movimiento sindical, y ahora silencian por la fuerza al único canal de televisión abierta que les da voz y energía, frente al ninguneo laboral de los canales privados.

Parecen estar de vuelta de lo que significó este cambio histórico que terminó con 150 años de hegemonía conservadora y antiobrera.

Los únicos que están siempre de vuelta de todo son los que no han ido a ninguna parte, nos enseñaba la agudeza de Antonio Machado. ¿Será acaso que nunca hicieron la travesía hacia el corazón de la izquierda?

Su estrabismo político (disposición viciosa de los ojos por la cual los dos ejes visuales no se dirigen a la vez al mismo sujeto) los conduce inevitablemente al envilecimiento de la actividad sindical, a la pérdida de los puntos de referencia, al marginamiento del sentimiento popular y a la alianza no deseada con la derecha vernácula, que los detesta pero los usa. Sólo basta mirar la difusión masiva de sus desatinos en todos los medios del establishment, para comprender este aserto.

Creen estar construyendo el poder corporativo de los trabajadores y no se dan cuenta de que lo que están haciendo es zurcir el sudario en el que, si los dejamos, intentarán envolver el cadáver del gobierno que mejor representó a los que viven de su fuerza de trabajo frente a los intereses del capital.

Con su conducta han confundido a mucha gente que no coincide con la estética del maltrato, estética que nunca fue de izquierda, sino patrimonio de la derecha y que esta gente la practica con sadismo desde posiciones que se autodefinen de izquierda.

Están aislados pero no les importa nada. Siempre fueron pocos y mal montados. Antes del triunfo del Frente Amplio, cabían en un ómnibus. Después de las elecciones, coincidiendo con sus desatinos, pasaron a caber en un camión, después en un taxi, hoy en una moto… y sin sidecar.

Incluso han llegado a mostrarse capaces de hacer chocar hasta una calesita.

Me recuerdan a Chabrol cuando reflexionaba que la tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia porque la inteligencia tiene un límite y la tontería no.

Decía Einstein que al menos 10 minutos al día tenemos que dejar salir al tonto que llevamos en nosotros, pero estos fugitivos del sentido común ya llevan casi cuatro años de zonceras desde que asumió el gobierno del cambio, y en el caso del canal de todos, 20 días de tonterías depredadoras.

En el caso del Canal 5, se trata de una lucha de poder, no de reclamaciones salariales o mejoras laborales, sino lisa y llanamente se trata de dirimir quién manda en la televisión nacional, si el pueblo uruguayo a través de sus representantes o minorías incontinentes que han hecho de la estulticia su principal forma de actuar.

Este grupo de trabajadores nucleados en la operativa diaria, cámaras, sonidistas, técnicos, operarios de mantenimiento, integrantes de los departamentos de radiofrecuencia y operaciones, intentan imponer su hegemonía sobre el personal periodístico y administrativo, así como se niegan a la incorporación de personal técnico capacitado en ingeniería digital, sin el cual no es posible el proceso de cambios tecnológicos planteado en la industria de la televisión.

Pero, más allá de este objetivo, no confeso, se encuentra un objetivo superior, que es la codirección de la televisión pública, obligando a que el Estado comparta sus prerrogativas constitucionales con ese sector de trabajadores. El cogobierno en la televisión estatal es en los hechos el objetivo estratégico de esta ofensiva sin precedentes, de este grupo de trabajadores, que excluye de ese objetivo al resto de sus compañeros y a la inmensa mayoría de la población que no fue consultada.

No otra causa puede tener esta ofensiva, cuando la dirección general del canal en uso de las facultades que le otorgó el artículo 21 de la Ley 18.172, por el cual el Poder Legislativo permite aprobar reestructuras de puestos de trabajo de las unidades ejecutoras de los incisos 02 a 15 del Presupuesto Nacional, procedió tras meses de estudios, consultas y negociaciones a elaborar una nueva estructura que se materializó en el decreto presidencial 432/008 del 9 de setiembre último y que fuera ratificado por la Asamblea General al día siguiente.

 

Reestructura con participacion sindical

Es de destacar que en el caso del Canal 5, es la única reestructura del sector público que se realiza en consulta con los gremios de los trabajadores estatales.

Esta conducta pionera en esa materia fue puesta de ejemplo por el Servicio Civil, antes de que se desatara la feroz ofensiva contra la televisión nacional.

También debe destacarse, según informan las gerencias del canal, que todos los puntos de la reestructura, con excepción de sólo dos de ellos, contaron con la anuencia de los trabajadores de la televisión pública.

Al respecto, el informe de los negociadores estatales afirma que «el decreto con sus anexos surgió de un proceso de negociación donde la dirección de TNU dejó de lado muchas cosas que hubiera querido que se incluyeran en la estructura, a modo de ejemplo, la creación de vacantes administrativas en el más bajo nivel, por falta de personal, a lo que se renunció en aras de un acuerdo, así como la transformación de vacantes para la creación de cargos de jefes de Departamentos».

El acuerdo fue casi total, pero el sindicato no estuvo conforme en que se creara un Departamento de Ingeniería y que se jerarquizara el sector periodístico, otorgándole categoría de División y no de Departamento. La Directora General, Sonia Breccia, cedió en los puntos reseñados pero mantuvo su decisión en uso de sus facultades indelegables, en cuanto a la creación de la División de Prensa y el Departamento de Ingeniería. El Presidente de la República la refrendó con el decreto 432 y el Poder Legislativo la ratificó.

 

Intimación al Presidente de la República

Fue así que el sindicato decidió pasar de su rol de consultor a su rol de decidor y cogobernante del canal estatal y mediante la estrategia del todo o nada, intimó al
Presidente de la República, el 18 de diciembre último, a través de su principal dirigente, Carlos Segovia, a dar marcha atrás con el decreto 432, a eliminar la División Prensa y el Departamento de Ingeniería y a reconocer que se trató de un error del Poder Ejecutivo.

En efecto, el presidente del Sindicato, Carlos Segovia, dijo el 18 de diciembre último a los medios de comunicación: «Hace varios Consejos de Ministros que el Presidente Tabaré Vázquez no firma la fe de erratas y el conflicto seguirá hasta que el Presidente se digne firmarla».

Nos encontramos ante un claro caso de desvío del poder sindical. Ni la Carta Magna, ni ley alguna, ni el orden jurídico vigente permiten a ningún sindicato estatal declarar una huelga, porque el Poder Ejecutivo establezca en acuerdo con el Parlamento una determinada estructura en una de sus unidades ejecutoras, estructura que no lesiona ningún derecho de los trabajadores que la operan.

El sindicato no ha podido presentar ninguna lesión a sus derechos laborales, simplemente ha dicho que no está de acuerdo con que se cree la División de Prensa y el Departamento de Ingeniería. Con ese criterio podría también no estar de acuerdo con la actual programación del canal o con la designación de sus jerarquías o con todo aquello que signifique gobernar una unidad ejecutora, arrogándose un derecho de veto cuya existencia se encuentra al margen del orden jurídico que nos hemos dado todos los ciudadanos para nuestra Nación.

Durante muchos años impusieron en el canal estatal su voluntad omnímoda pero esta vez se encontraron con el desfiladero de las Termópilas. Una sola mujer, al frente de una difícil dirección, apoyada por la inmensa mayoría de periodistas y administrativos y una sufrida audiencia golpeada por estos energúmenos, les hizo frente, les recordó sus límites y no cedió a la prepotencia irracional y sin destino.

La ciudadanía los aisló con su repudio. Ni una sola voz se alzó en defensa de los motineros que se apoderaron de un derecho exclusivo y excluyente de los ciudadanos.

 

Dar marcha atrás no lo permite la Constitución

Lo que intenta el sindicato aislado y con cada vez menos adherentes es que el Presidente revea su decisión, reconozca el error y modifique su decreto 432, mediante una fe de erratas que eliminaría el obstáculo constitucional.

Si se trata de un error no habría plazo constitucional perentorio establecido en el artículo 229 de nuestra Carta Magna. Si se trata de una modificación del decreto, es imposible hacerlo porque la Asamblea General ratificó el decreto el 10 de septiembre, por lo que el plazo constitucional de 45 días para poder realizar las modificaciones venció el 24 de octubre último.

El Sindicato trata de hacer entrar por la ventana su poder de decisión, cuando no pudo entrar por la puerta al no convencer a las autoridades legalmente constituidas y mandatadas para la estructura encomendada.

Tan obvio es que no se trató de un error, que la Dirección de la Televisión Nacional ratificó tanto a la OPP, como a la Oficina Nacional de Servicio Civil, como al Ministerio de Educación y Cultura, que la estructura aprobada de acuerdo a su competencia era la que fue remitida con el acuerdo sindical en casi todos los puntos y el desacuerdo sindical en los dos ítems referidos. No hubo error alguno. Hubo desacuerdo y ese desacuerdo no generaba al sindicato un derecho de veto, un bill de ultrasoberanía por sobre las potestades legales de la dirección. No hubo acuerdo total sino parcial y la estructura fue remitida y aprobada por el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo tal como fue redactada por la dirección general.

Por lo que la «fe de erratas» no es legítima ya que no hubo ni siquiera el atisbo de un error, por el contrario hubo convicción del texto remitido con las discrepancias parciales del sindicato. Sólo le queda entonces al sindicato conseguir que el Presidente dé marcha atrás con su propio decreto, pero en caso de que el Poder Ejecutivo deseara cambiar de idea no puede hacerlo constitucionalmente en este período, porque el plazo ya venció

Así están las cosas. Y lo que está ocurriendo en el canal de todos los uruguayos es una barbarie. La confiscación desde hace 3 semanas de la única pantalla de la televisión abierta que es propiedad de todos los uruguayos no merece otra calificación.

Los griegos llamaban bárbaros a los que no hablaban su lengua. Las palabras de los otros les parecían ruidos, bar-bar, decían y de ahí nació el vocablo bárbaros. Esta patrulla extraviada no habla el lenguaje del pueblo, no siente con el corazón de la izquierda uruguaya, no piensa con las ideas de la era progresista.

Son simplemente, bárbaros. Hacen ruidos, bar-bar. No dejemos que nos ensordezcan.

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