EL COSTO DE LA FALTA DE GESTUALIDAD REPUBLICANA
Seguiremos una semana más tratando los temas un poco más livianamente que de costumbre, en homenaje a estas fechas de espíritu festivo.
Me contaba un veterano que aprecio mucho que, cuando era pequeño, su padre le tenía prohibido reírse cuando los visitaba un pariente que era muy fantasioso. Era algo embustero pero pariente al fin, así que había que guardar su debido respeto.
Una vuelta vino el consabido pariente y contó mi veterano amigo entonces niño y en total y sagrado silencio- que unos días antes había llegado a las casas cerca del mediodía, luego de recorrer el campo, y su mujer, Margarita, le había dicho que no había nada para cocinar: la había dejado sin carne ninguna. Era hombre de mucho campo y mucho amarretismo.
Entonces, contaba, ¿qué hizo? Se fue a la laguna cercana, vio que estaba llena de patos -ahí mismo vio autoservice de manjar- y armado de una piola se zambulló en el lago. Empezó a enlazar subrepticiamente a los patos por las patas y lo hizo con tanto pato, que cuando tiró y los apresó a todos, los patos levantaron vuelo. Y eran tantos que, con ellos, lo levantaron a él. Los patos volando y nuestro amigo colgado de ellos pasaron por encima de la casa donde la mujer esperaba meramente qué cocinar. Quedó estupefacta al ver a su marido navegando el cielo, pero él la tranquilizó gritándole, a todo pulmón, desde las alturas: «No te preocupes, Margarita, que los patos no van lejos.» Mi amigo niño puso cara de creer.
Cuento esto porque me pareció un buen ejemplo para afianzar un concepto. Uno a veces, antes de saber si las cosas son verdad o no, se da cuenta si las cosas son verosímiles o no. Obviamente, el cuento no es verdad cuando nuestro héroe se eleva por los aires, pero lo que lo hace realmente inverosímil es cuando, en esa insólita situación, le dice a Margarita lo que le dice.
Poesía, decía Aristóteles, es hacer verosímil lo inverosímil. Nosotros le creemos a Shakespeare cuando en 20 minutos de Macbeth muere una decena de personas. A veces, por el contrario, la falsa narración hace inverosímil lo verosímil. No le creemos, por ejemplo, al guionista de telenovela cuando en una escena totalmente frecuente una pareja que se encuentra en un parque, digamos los personajes se expresan de una manera tan alambicada y cursi que sabemos que ello no ocurre nunca así en la realidad. Cuando el verosímil encuentro de jóvenes, por ejemplo, se hace inverosímil porque ella le dice « Alejandro Carlos, ¿me amas a mí más que a Isabel Elvira, aunque ahora sepamos que tú y yo somos hermanos?». Y él le contesta «Sí, Alicia Sandra, porque además me he enterado de que Isabel Elvira en realidad es hombre».
¿Cuántos pobres?
Estas cosas de la verdad y de la verosimilitud no son ajenas a la política.
Veamos un ejemplo. En el 2000 el país producía 22.000 millones de dólares de Producto por año y la pobreza era 14%. Con la crisis del 2002 el Producto por año pasó a 11.000 millones (la mitad) y la pobreza a 31% (más del doble). En el año 2007, el Producto fue de 23.000 millones pero la pobreza fue de 27%. Se restauró el Producto pero se mantuvo duplicada la pobreza. Eso habla mal de cualquier gobierno. Ahora se produce la misma riqueza que antes de la crisis pero se reparte más o menos como durante la crisis.
Nos pareció bien, sí, que a principios de este año el Instituto de Estadística corrigiera el índice de pobreza de un 25,5% a un 27%. Fue muy criticado porque era la primera vez que los datos del INE eran flexibles y se toqueteaban, pero nos pareció la corrección era un contrato externo al INE- que era serio. Claro, el antecedente siempre da lugar a que el año que viene lo vuelvan a corregir al alza.
No resulta verosímil, sin embargo, un cálculo del INE de ahora. En lugar de esperar el informe anual sacaron un informe apresurado a mitad del año habían tenido que corregir el informe anual y ahora se mandan uno semestral- diciendo que la pobreza ha bajado a 22%. En tres años había bajado 4 puntos y en 6 meses preelectorales baja 5 puntos. Es tan poco verosímil que uno se pregunta enseguida cómo es la cosa. La inverosimilitud nos lleva a la desconfianza sobre la verdad.
El argumento resulta ser que un ciudadano-pobre-con-mutualista deja de ser un ciudadano-pobre y entonces lo ingresan a la clase media y dan por salvados a cientos de miles. Ese ciudadano-pobre, a veces no puede pagar los tickets que los hay para todo y los ricos, por el contrario, se protegieron en mutualistas más caras. Pero un ciudadano-pobre con mutualista en realidad no es un ciudadano-no-pobre. Es un ciudadano-pobre con mutualista a medio o cuarto uso. Esa es la verdad. Lo otro es un argumento para que se esconda la realidad de que el aumento de la riqueza se hizo repartiendo mal (estudios económicos universitarios serios demuestran que la desigualdad aumentó). Y el ministro García pueda salir a decir que hay 300.000 pobres menos (en realidad hay 150.000 pobres menos y 400.000 pobres más que en la oligárquica década del 90), cifra que estos días ha corregido y dice que hay 350.000 pobres menos.
La imprescindible gestualidad republicana
En esto de leer las señales que vienen de arriba, no sólo está el problema de la verosimilitud de las cosas que el Estado le informa a la sociedad. Hay también un tema de actitud republicana en la conducción del Estado.
Nosotros, por ejemplo, en lo personal le tenemos simpatía a la ministra Tourné. Los que estuvimos en la lucha contra la dictadura, que no éramos muchos (aunque ahora todos fueron tremendos guapos), como Daisy, su entonces esposo, unos cuántos y yo, no olvidamos las solidaridades de ese tiempo. Y nos cuesta no tenerle simpatía a la gente de aquella gesta.
Descuento, además, que la ministra querrá hacer las cosas lo mejor que pueda. ¿Dónde le erra, entonces?
Primero hay la necesidad de que se tenga siempre una actitud republicana. No se puede mirar al país y gritarle, como lo hizo la ministra en televisión en cadena desde Rivera: «Que me quiten lo bailao». No.
Quiere el republicanismo que el ministro no es alguien que esté disfrutando su cargo sino una ciudadana o un ciudadano que se está sacrificando al asumir una responsabilidad. No tiene que haber «bailao» para quitarle. O para no quitarle, que es lo que quiere decir la frase.
Qué hace la gente ante eso. En apariencia nada. Pero, claro, de-a-poco-le-quitan-«lo bailao». Porque ella ha cambiado toda la semiótica. Entonces andar a caballo no se trata de un ritual para honrar a un cuerpo policial determinado. No. Pasa a ser leído como una parte del acumulado del «bailao».
Parte del acopio de lo «bailao» es sostener bastante impunemente que la inseguridad es un invento de la prensa, ofenderse con la misma y negarse a prestar declaraciones al sistema de comunicaciones entero de la nación, y levantar la tesis de la «sensación térmica».
La democracia, más que un sistema para elegir gente, es un sistema para sacar gente del poder, decía un sabio politólogo.
Estas líneas más que nada son un intento de reflexión a propósito de que la ministra más importante del año 2009 será la ministra de gobierno durante las elecciones- acentúe sus prácticas republicanas. Todos, para empezar ella, lo necesitamos. Y ella es perfectamente capaz de ello, como todos los que luchamos por rehacer la República en aquellos años negros. A los que se llegó, dicho sea de paso, por falta de república y a los que le sucedieron una gran incapacidad republicana de los primeros gobiernos democráticos. Digo, para repartir bien.
Ayudaría a la ministra que ella no cediera frente a algunos apetitos que siempre rodean al poder. Señalamos desde estas líneas que mal se hizo en cambiar la ley y eliminar el requisito de que fuera un policía de alto rango el director Nacional de la Policía. Se retrocedió en la profesionalización y despolitización de dicho cuerpo.
La última Rendición de Cuentas supr
ime 730 cargos de policía ejecutiva y crea 576. Suprime 31 cargos administrativos y crea 76. Además se manda 14 nuevos gerentes (no ejecutivos) y crea 1 dirección, 2 escalafones y 9 divisiones, todas ellas no ejecutivas. Después es difícil convencer al cuerpo policial y a la ciudadanía de que se está aumentando la cantidad de policías ejecutivos para estar en la calle combatiendo el delito.
Viene a cuento, ahora, otro relato del embustero al que referíamos al principio de esta nota. Otra vez vuelve a su casa de recorrer el campo. Y ahora la mujer le dice que los niños no están, que han desaparecido. Y sale el hombre por los senderos contaba voceando el nombre de los gurises. Y nada. Volviendo el hombre ya desanimado, orillaba la laguna del cuento anterior, cuando de golpe ve que una piedra sale del agua, describe un semicírculo, y vuelve a caer. Lo que pasaba, decía el relator, ante la seriedad contenida a fórceps de su auditorio, es que los gurises estaban jugando a la payana debajo del agua.
|*| Ex senador, director de Jaque, director de Posdata
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