¿Dos frentes?
Para algunos puede ser una malintencionada manipulación de los hechos. Para otros quizás sea un riesgo que no debería asumirse. Y hasta habrá quienes ya lo vean como una realidad.
Desde que concluyó el congreso de las bases, las cosas en el Frente Amplio han cambiado. No lo ve quien no quiere y ya sabemos el fin de los supersticiosos que creen que aquello de lo que no se habla no existe.
Si uno lee u oye declaraciones de José Mujica se hace complicado entender hacia dónde pretende ir, más allá de los grandes enunciados simplificadores y de las humoradas del tipo de designar a Jorge Batlle embajador en Estados Unidos.
Si uno lee u oye declaraciones de Danilo Astori advierte que sus críticas han sufrido un proceso de inflación; al comienzo dirigidas al congreso, enfocaron luego al candidato oficial y últimamente cayeron sobre el programa de la fuerza política.
Temo un proceso que se vaya asemejando cada vez más al cuento del elefante y los cuatro ciegos: uno le abrazó una pata y dijo que era un árbol; otro se le recostó y dijo que era una pared; el tercero le tomó la trompa y dijo que era una cuerda; y el último le asió un colmillo y dijo que era una caña de pescar.
Pero no, era un elefante.
La cuestión ahora es que el elefante lo siga siendo. ¿Se está yendo, acaso, hacia la fotocopia? ¿Dos frentes y no uno solo grande?
Si los discursos de los principales candidatos siguen por donde van, y alrededor cunde desaprensivamente la ceguera, puede acontecer que, a la proclamada unidad, igual que al cumplimiento estricto de un programa que siga la ruta del primero, se los lleve el viento quién sabe dónde.
No son fáciles Mujica ni Astori. Ya han escrito mucho con la mano para que les sea fácil borrar con el codo.
Por eso mismo esto sigue siendo cosa de operadores políticos que adviertan el peligro, agucen el ingenio e impidan la fractura.
No está el horno como para ir todos bajo la misma bandera cantando distintos versos.
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