PARA QUE GANEMOS TODOS

En el pasado, el desafío para el Frente Amplio (FA) era obtener el mejor resultado posible, cosa que en general logró aun no ganando las elecciones nacionales y a pesar de haber enfrentado condiciones adversas en varias oportunidades: en 1984 debió participar sin su candidato y líder natural, el general Líber Seregni, todavía proscripto; en 1989 se produjo poco antes la ruptura que llevó a la 99 y al PDC a alejarse del FA y cuando aún estaba muy cercana la frustración que significó la derrota del voto verde contra la ley de caducidad, pese a la alta votación lograda; en 1999 el FA fue la primera fuerza pero el sistema de balotaje que introdujo la reforma de 1996 determinó que no se alcanzara la titularidad del Poder Ejecutivo; en 2004 sí se logró el triunfo de Tabaré Vázquez y la mayoría absoluta en el Parlamento, pese a la exigencia extrema ­que no se da en los otros países donde hay balotaje­ que significó ganar superando la mitad de los sufragios.

En todas las oportunidades el Frente compareció con «candidatos cantados», primero Seregni y luego Vázquez, a excepción de 1984 cuando el Dr. Juan José Crottogini y José Pepe D’Elía lo representaron dignamente en una fórmula que no pudo encabezar Seregni.

Ahora es diferente. Con una exitosa gestión de gobierno iniciada en 2005, el Frente Amplio tiene la máxima obligación de ganar y de ganar en la primera vuelta. Incluso ganar el balotaje estaría por debajo de las expectativas y necesidades del FA. Pese a que hasta ahora no existe un candidato único con aceptación unánime, el Plenario Nacional del Frente del pasado 6 de diciembre propuso al Congreso cinco precandidatos. Como lo expresa una reciente declaración de Asamblea Uruguay, «el Frente cuenta con muchos y muy buenos candidatos, con probada trayectoria, demostrando el desempeño en diversas responsabilidades, con una irrenunciable lealtad a los compromisos asumidos ante los ciudadanos. Se trata, por lo tanto, de elegir al mejor entre los buenos». Entre ellos se destacan Danilo Astori y José Mujica, que son, junto al presidente Vázquez, las figuras políticas más populares del país, lo cual constituye un inmenso capital que es necesario administrar de la mejor manera posible.

Entonces, por un lado, se nos plantea el dilema de elegir, pero por otro tenemos el privilegio de contar con compañeros de gran capacidad y popularidad. De todos modos habrá que optar, pensando en lo mejor para el Frente y, sobretodo, para el país. O sea, lo mejor para gobernar y lo mejor para ganar por el margen de amplitud que necesitaremos. Definido y aprobado el programa, aspecto fundamental que a veces se pasa por alto en medio de las conversaciones por candidaturas, los frenteamplistas y sus comités debemos asumir con responsabilidad el gran desafío histórico que tenemos planteado: decidir la fórmula que nos otorgue las mejores posibilidades. Coincidimos con la opinión del Presidente de la República, conocida desde hace algunos meses, que la mejor fórmula para ganar y gobernar es Astori-Mujica. Sin embargo, al menos en este momento, esa fórmula no parece posible.

 

El mejor para junio deberá ser el mejor para octubre

El V Congreso Extraordinario «Zelmar Michelini», en el que participarán más de dos mil delegados, representa el universo de los adherentes a nuestra fuerza política, aproximadamente 220 mil personas, pero a su vez quienes participaron en la discusión que se realizó en los comités no superan los 30 mil. El universo de electores es considerablemente más grande en las elecciones internas establecidas constitucionalmente, en las que se elegirán el 28 de junio próximo los candidatos únicos de todos los partidos en comicios organizados por la Corte Electoral y en los cuales, si bien el voto no es obligatorio, pueden sufragar todos los ciudadanos habilitados.

Una consideración importante: a los ciudadanos que convocaremos en octubre para elegir al presidente los deberemos tener en cuenta para elegir al candidato en junio. Es un proceso único, más allá de que haya dos instancias separadas en el tiempo y con diferentes características. El mejor para junio deberá ser el que consideremos mejor para octubre. Si en el Congreso no se llega a un consenso en torno a una fórmula y no aprovecháramos la instancia de junio para decidir, nos amputaríamos a nosotros mismos la posibilidad de que la propia ciudadanía defina qué candidato es el que cuenta con más chance para la instancia decisiva de octubre. Le quitaríamos a la gente la posibilidad de expresarse en un ámbito democrático mucho más amplio que el que representa el Congreso, lo cual podría ser contradictorio con nuestro objetivo histórico de que las consultas al pueblo sean lo más amplias posibles. Cuanto más gente se pronuncie, mejor nos irá. Hemos buscado esto en plebiscitos y referéndums, y aunque esta es una instancia diferente, confiamos en el pueblo y por eso queremos ampliar la convocatoria ciudadana.

Por supuesto que cuando hay consenso no tiene sentido presentar otros candidatos para que haya competencia y vaya más gente a votar en junio, pese a que aun con candidato único hay que procurar la mayor concurrencia posible a las urnas. Pero en estas circunstancias la convocatoria a decidir en junio será el camino indicado si en el Congreso no se alcanzara un acuerdo que satisfaga a todos.

Con relación a la instancia de junio prevista en la Constitución, entendemos que varias de las medidas incluidas en ella amplían la democracia. Incluso sostuvimos esa posición cuando el FA no tenía posibilidades de ganar, y lo hicimos por razones de principio. En el caso de las llamadas elecciones internas se trata de reivindicar la pluralidad y el derecho de los ciudadanos a elegir.

 

Habilitar a todos

En cuanto a las preocupaciones que pueda haber sobre un clima de confrontación interno en junio que nos perjudique en octubre, sinceramente no las compartimos. No sólo por quiénes son los posibles postulantes, sino porque en la propia historia del FA hay elementos que desmienten que eso pueda constituir un peligro. Si bien no fue el caso de una interna como la del próximo mes de junio, cabe recordar que en las elecciones del Frente Amplio del 12 de noviembre de 2006 no hubo ningún problema y la convivencia entre los principales líderes sectoriales (José Mujica, Danilo Astori, Reinaldo Gargano, Mariano Arana, Marina Arismendi y Rodolfo Nin Novoa) no se vio alterada en lo más mínimo. O sea que no se desvirtuó una característica esencial del FA que es la unidad en la diversidad. Como es lógico, ésta se expresa en los momentos electorales mediante cierto nivel de competencia interna entre sectores, pero que nunca puso en peligro la unidad. Además el Compromiso Político que rige al FA desde 1972, que nunca ha sido modificado ni se ha planteado modificar, establece claramente las normas de conducta entre las organizaciones políticas que lo integran.

Por consiguiente, para el Congreso debemos tener en cuenta la resolución del Plenario Nacional: habilitar a todos los precandidatos propuestos a presentarse a las elecciones internas de junio, sin que ello implique la obligación de que todos lo hagan. En cambio, resolver por dos tercios significaría que quienes no obtengan ese porcentaje queden en una condición desigual. ¿Qué sentido tendría hacer una votación-medición en el Congreso si éste luego habilita a todos, como se ha dicho, en igualdad de condiciones? También es inconveniente plantear la competencia y que a la postre nadie alcance la mayoría de dos tercios. No serían buenas señales hacia la sociedad. En suma, lo mejor será habilitar a todos en igualdad de condiciones.

Confiamos en que los comités de base ­y sus delegados, que son los principales protagonistas del Congreso­ tengan en cuenta estas consideraciones para alcanzar la solución que mejor convenga al Frente Amplio y, por consiguiente, al país.

|*| Diputado de AU-FA

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