¿Quién tiene razón?
… la jeta, hijo de puta!
-¡Que vas a romper, mejillón de water!
El resultado era siempre una decepción. Las voces se apagaban, igual que los ímpetus, hasta devenir murmullos. Cada cual volvía a su camino.
Pero el problema seguía ahí, quizás creciendo.
Mientras el Poder Ejecutivo, hasta hoy con la aprobación de la mayoría oficialista en Diputados, sostiene que el proyecto es resumen del debate en el Congreso Nacional de Educación, el gremio de los estudiantes y la enorme mayoría de los docentes dicen lo contrario.
Como hay tanta intransigencia, y ambas partes están persuadidas de tener la razón, esto amenaza convertirse en una larga y espasmódica disputa que no puede llevar a nadie, menos aún a los destinatarios del quehacer educativo, al puerto que se busca desde hace décadas.
Ha habido encuentros e intercambios, pero el encarnizamiento opositor se mantiene. La gente común, para la cual estaba definida la situación, ya no sabe qué pensar.
Sigo postulando que si un gobierno cree que su propuesta es la adecuada, y entiende agotadas las instancias de debate y aportes, debe aprobarla a como dé lugar. Por otra parte, la persistencia de quienes la contradicen, que en muchos casos serán operadores de la reforma, sostiene una duda: ¿se han respetado, en letra y espíritu del proyecto, las resoluciones del Congreso Nacional de Educación?
¿No hay modo en que a mí, o al lector, a quien seguramente perturba también este entrevero, le sea disuelta esa duda?
Hay que gobernar pero no al precio de ignorar consecuencias evitables de forma más civilizada que un duelo verbal callejero. Salvo, claro, que el radicalismo de los alzados lo impida.
Entonces sí, la derecha al gobierno.
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