Desiderátum
El Frente Amplio sigue inmerso hasta el tuétano en las candidaturas y si deben dirimirse por acuerdo en el Congreso o, derecho viejo, en las internas. Si bien esto es imparable, bien harían los dirigentes en advertir la preocupación de las bases que, aunque la puja por la fórmula también les ha llegado, se centra en otra cosa: el programa.
Qué curioso.
Mientras el gobierno avanza en iniciativas para una búsqueda seria de la existencia de gas y petróleo en el país, y mientras el presidente reúne a la oposición para un consenso sobre el eventual uso de la energía nuclear, el Frente ha redactado un documento al que le falta paño y pico para alcanzar esa estatura de programa.
¿Por qué?
Es francamente desiderativo.
Por si alguien tiene dificultades con la digestión de este adjetivo, se trata de aquello que expresa o indica deseo. Es decir, en ese documento lo que hay son deseos y enunciados teóricamente compartibles pero vagos, genéricos hasta la exasperación.
Uno se pregunta: si se está buscando trabajosamente un acuerdo para una fórmula de candidatos que en su natural no pegan, sólo el compromiso con un programa definido, preciso y de mínima flexibilidad en lo esencial podrá traer la paz y ese consenso que se busca como a la única china bonita que, en medio de gordas, flacas, chuecas y bizcas, fue al baile del pueblo.
¿La verdad? No advierto entre los dirigentes, aunque sí entre los militantes, que esto haya sido captado con claridad y, mucho menos, que en los hechos interpreten bien lo que ocurre a su alrededor.
El llamado «programa» del Frente Amplio es un desiderátum; o sea una aspiración, un deseo que aún no se ha cumplido.
Se me dirá: ¿y cómo podría cumplirse si está pensado para el próximo gobierno?
Es que no lo he llamado un desiderátum por esa razón, sino porque está tan lleno de frases e ideas difusas o indeterminadas que, si alguien tratara de aplicarlas ahora, mañana o dentro de dos años, sería Mandrake.
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