SENTIDO COMUN (que suele ser el menos común)

Hoy vamos a proporcionar algunos datos con el fin de contribuir a sincerarnos.

La tenencia de armas de fuego en poder de la población en Uruguay es la más alta de la región. Y no es una «novedad».

Según el Servicio de Material y Armamento (SMA) hay quinientas noventa mil armas legalmente registradas y los expertos estiman que hay otras quinientas mil no registradas. Para redondear: un millón de armas de fuego entre tres millones y medio de habitantes. De ser buena la estimación citada, un 28,57% sobre la población total. Pero si descartamos las armas no registradas y sólo tomamos en cuenta las que figuran en el registro del SMA, es el 16,86%. Los porcentajes no equivalen a «población» porque hay personas con más de un arma registrada.

Brasil no cuenta con registros tan «viejos» ni tan buenos (en ese sentido Uruguay fue y es ejemplo en la zona), pero se estima un total de diecisiete millones de armas en una población que alcanza los ciento noventa millones de habitantes. O sea que en el «tan violento» Brasil hay «nada más» que un 8,94%. Su registro de armas apenas alcanza las tres millones novecientas mil, por lo que una inmensa cantidad está «en negro». Sin embargo cabe hacer notar que sólo con las armas cabalmente registradas en Uruguay, superamos porcentualmente al total de Brasil en casi el doble.

En Argentina, con mejores datos que en Brasil, existen un millón setecientas cincuenta mil armas registradas, pero mediante encuestas de buena calidad se ha podido averiguar que entre un once y un doce por ciento de la población reconoce estar armada con lo que también allí habría una inmensa cantidad de armas «en negro», ya que el total (12% de cuarenta millones de habitantes) asciende a cuatro millones ochocientas mil.

También Argentina es un país que nosotros conceptuamos más inseguro que el nuestro y, sin embargo, lo superamos porcentualmente sólo con las armas que tenemos registradas y más que lo triplicamos con el total estimado acá.

En los tres casos deberíamos descontar los niños y entrar en cálculos más afinados, pero a los efectos de una breve columna periodística alcanza y sirve.

En suma, Uruguay es el país con la población más armada de la zona y, a la vez, el «más tranquilo».

No vamos a desprender de estos datos que la seguridad relativa proviene de ello. Hay muchas causas explicando las razones de la violencia social desatada en ambos países vecinos y la menor, pero que se va desatando, en el nuestro.

Ahora bien: tampoco se puede concluir (como se concluye livianamente) que la tenencia de armas por el pueblo de un país es fuente de violencia. Eso no es así y queda demostrado por las cifras antedichas.

En algunas zonas del interior de Argentina, donde mediante campañas gubernamentales se logró disminuir la cantidad de armas de fuego entre los vecinos, los homicidios siguieron creciendo, usando otros medios para asesinar, en especial armas blancas.

Para mirarnos bien en el espejo, tampoco debemos olvidar que nuestra población rural, otrora mucho más numerosa, usó siempre el facón en la cintura y lo sigue usando, sin que ello ocasione mayores niveles de violencia social que en nuestras ciudades donde tal costumbre obviamente está prohibida. No sólo lo posee sino que lo porta y va con él a eventos sociales y lugares del más variado tipo (hasta incluso la Rural del Prado).

Si bien el facón criollo tiene larga saga literaria de duelos criollos:

«Las armas son para usarlas

pero naides sabe cuándo

ansina si andas paseando

y de noche sobre todo

debés de llevarla ‘e modo

que al salir salga cortando»

(Martín Fierro)

Y también de profunda raigambre guerrera desde que enastado en las tacuaras y atado con tientos edificó las lanzas de la Independencia y de las Guerras Civiles, desde hace mucho tiempo trabaja como pacífica herramienta sin crear problemas en donde lo tienen, lo portan, y lo usan: por lo general las zonas más tranquilas del país.

Brasil realizó hace poco (el 23 de octubre de 2005) el único referéndum que se haya realizado hasta hoy en el mundo acerca de la prohibición o no de la venta de armas a la población. Contra la opinión de las encuestas y la del mismísimo presidente Lula, cerca de cien millones de brasileños decidieron la hasta entonces intensa polémica, incluso parlamentaria. El resultado fue aplastante: 65% a favor de las armas y un 35% en contra.

Principal «argumento» de la gente para votar así (constatado posteriormente): «El Estado no está en condiciones de brindarnos seguridad». Segundo «argumento»: «Los delincuentes siempre tendrán armas porque jamás las compran legalmente».

Las encuestas realizadas en Argentina (Gran Buenos Aires) por parte de alguna universidad luego del resultado impactante del referéndum en Brasil, fueron paradojales. Un 80% de los encuestados reconocía dos cosas: que las armas en su poder no daban mayor seguridad y que eran peligrosas en casa. Pero al mismo tiempo, cuando les preguntaban por prohibir o no su venta al público, empataban acérrimamente en un 40% para cada lado.

El denominador común o la razón principal detectada, por la que en ambos países la gente es partidaria de tener armas de fuego, es la inseguridad ante una delincuencia crecientemente desenfrenada (y armada).

Nadie (salvo coleccionistas y deportistas) prefiere tener armas por gusto y la inmensa mayoría desearía no tenerlas.

Hemos abordado nuevamente este tema porque de la columna anterior fue el más «atendido», lo que no significa que para nosotros sea el más importante ni mucho menos. Pero también porque parecemos querer no conocernos o no re-conocernos…

Pero el padrón electoral abarca aproximadamente dos millones doscientas mil personas mayores de dieciocho años. Las armas legalmente registradas son quinientas noventa mil. Y el total (incluyendo las no registradas), alrededor de un millón.

|*| Escritor, senador de la República.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje