EL LARGO CAMINO HACIA LA IGUALDAD

En una reunión, hace un par de semanas, mientras analizábamos la situación política nacional, la gestión de nuestro gobierno y el tema de las candidaturas del Frente Amplio, en cierto momento, nuestro compañero Jorge Pozzi planteó una pregunta removedora: si el impacto de la crisis internacional en nuestro país hiciera que el desempleo, que hoy está en el nivel más bajo desde que comenzó a medirse, aumente uno o quizás dos puntos, ¿deberíamos por ello evaluar negativamente la gestión del gobierno?

Es más, si por un contexto internacional desfavorable, no hubiéramos podido alcanzar la magnitud del crecimiento económico hoy logrado, o la enorme cantidad de nuevos puestos de trabajo y el importante aumento del salario real, que nuestro gobierno ha conseguido, ¿ello significaría el fracaso de nuestra gestión? El propio Jorge se contestaba: «No lo creo, porque la velocidad no es lo único que importa, lo principal es que navegamos con el rumbo correcto, avanzamos sostenidamente y generamos paulatinamente más igualdad, mejores condiciones para los menos favorecidos.

Nuestro rumbo tiene una orientación permanente, perseguimos el desarrollo social, económico y democrático de nuestra comunidad, construir igualdad acumulando todos los días nuevos pasos en esa dirección. Tenerlo claro es muy importante. Es clave para entender el camino de la construcción democrática de la igualdad y es clave su comprensión para el propio desarrollo del proyecto de la izquierda.

Con la Rendición de Cuentas a ejecutarse a partir del año que viene, el gobierno del Frente Amplio completará la asignación de recursos para la educación más importante de la historia del Uruguay. Serán 1.500 millones de dólares, triplicando en cinco años, el monto presupuestal que se le adjudicaba en el 2004. Se trata de una demostración de compromiso político singular, que ha hecho posible una inversión formidable, que constituye un verdadero ejemplo a nivel internacional. Ahora bien, si las circunstancias no nos hubieran permitido llegar a esa cifra y en vez de 1.500 millones, hubiéramos podido asignar 1.300 millones, ese hecho, ¿hubiera tornado negativa nuestra gestión? Creo que no, porque el tema real no es exactamente la cifra que conseguimos invertir en educación, sino el compromiso de destinar lo máximo posible, en lo que consideramos la principal herramienta para construir igualdad de oportunidades y eso no se juzga a partir de 1 millón de dólares más o menos.

Tan es así que el 4,5% para la educación, un compromiso electoral tan importante para toda la izquierda y por el cual tanto hemos luchado, se vería devaluado como objetivo una vez alcanzado, si no materializamos el propósito superior de desarrollar mayor calidad y cobertura educativa, las mejores condiciones para construir igualdad de oportunidades. Porque se pueden destinar muchos recursos, pero si no se invierten eficientemente, nos apartamos drásticamente del objetivo, aunque se cumpla con los compromisos programáticos de alcanzar determinada cifra.

La creación del Sistema Nacional Integrado de Salud fue un gran paso en el camino de generar garantías para todos los uruguayos, de avanzar en términos de igualdad. Esta reforma hizo posible que alrededor de 400.000 niños y adolescentes que no contaban con cobertura mutual pudieran acceder al sistema, gozando efectivamente de un derecho indispensable. ¿Hubiera significado un fracaso si la entrada en vigencia del nuevo sistema se hubiera implementado un año después? No lo creo. Porque insisto, lo que hay que tener muy claro es el rumbo y el objetivo que se persigue, la capacidad de avanzar y construir. Por eso los indicadores muy favorables, tanto económicos y sociales, que permiten aquilatar el acierto de nuestra gestión, en sí mismos, no explican a cabalidad las bondades de nuestro proyecto.

Lograr que cada niña o niño en edad escolar, a lo largo y ancho del país, reciba de parte del Estado una computadora portátil, es una enorme conquista colectiva que nos enorgullece como sociedad. Es un triunfo de la idea, de la razón y de la igualdad. Integrarlos tempranamente al manejo de herramientas indispensables para comprender y desempeñarse a futuro, brindarle a todos nuestros niños oportunidades que en la mayoría de los casos sus padres no podían proporcionarles, representa una demostración del compromiso con el futuro de los más jóvenes, que no es otra cosa que el futuro de nuestro país.

Hemos insistido en diversos ámbitos, que para ganar las próximas elecciones, no alcanza con exhibir los logros de nuestro gobierno durante la campaña electoral. A nuestro juicio, el Frente Amplio debe plantearle a la sociedad, nuevas propuestas, reformas aún pendientes y nuevos compromisos, para seguir avanzando. Debe proponer un rumbo claro y sólido para asumir colectivamente el desafío de construir futuro. Y para ello debemos comunicar objetivos concretos, medidas realistas, viables política y económicamente, que permitan seguir construyendo sobre seguro, con confianza por parte de la sociedad.

No comparto la idea que promueven algunos en nuestra discusión programática, de imprimirle al ritmo de los cambios una velocidad y una carga mayor, forzando la marcha de nuestra capacidad de construir consensos y apoyos a nivel de un entramado social del cual ya conocemos su complejidad y sensibilidad. No es cuestión de apurar mayor igualdad por algunas semanas y luego cosechar retrocesos y mayor desigualdad por años. Los objetivos se construyen con firmeza, en la medida que el barco mantenga la dirección correcta y la velocidad adecuada para una larga travesía que requiere una marcha sostenida en el tiempo.

Por supuesto que todos en el Frente Amplio queremos ganar y continuar con nuestro proyecto de cambios. El camino de la izquierda, la construcción democrática de una sociedad desarrollada e igualitaria, supone un largo trayecto, pero es un camino cierto, de avances, de acumulación sostenida, para el progresivo desarrollo de nuestros derechos y libertades. Nuestros aciertos y esfuerzos cotidianos son los ladrillos de esa construcción, nuestras precipitaciones, nuestros encierros y errores, representan postergación para la mayoría de los uruguayos y para los menos favorecidos en particular. El proyecto de la izquierda es el proyecto de las mayorías, un proyecto trabajoso sí, pero que permite integrar y avanzar con el conjunto, no tiene trampolines ni saltos al vacío, tiene una construcción democrática profunda y sostenida por delante. Y el objetivo de construir cada vez más igualdad, es el sol que nos ilumina.

|*| Senador, Nuevo Espacio FA

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