Igualitos
Era tal la confusión que había ganado a mis ideas por lo que está pasando con las candidaturas del Frente Amplio, que debí releer un libro orientador: «La política de los chimpancés», del etólogo Franz de Waal.
Hay una explicación: yo creo que mucho de la conducta humana se explica a través del estudio del comportamiento de esos animales.
La ciencia ha dado solidez a la teoría de que los orígenes de la política son más antiguos que la humanidad. Con los chimpancés se han hecho unas conmovedoras experiencias; si aceptamos la definición de Harold Laswell de que la política es un proceso social que determina «quién gana qué, cuándo y cómo», estos simios encajan en ella como anillo al dedo.
Las pruebas que hizo de Waal en el zoológico de Arnhem, en Holanda, revelan unas cuantas cosas. Descubrió una vida social llena de maniobras políticas sutiles, con cambios de jefatura, redes de dominancia, luchas por el poder, alianzas, estrategias, pactos, coaliciones y hasta arbitrajes.
Ciertamente, se dan situaciones agresivas. En determinadas circunstancias varios chimpancés pueden amenazarse y perseguirse durante lapsos prolongados, aunque al final prima la necesidad de buscar consuelo y se olvida la disputa; es decir, después de un conflicto, los implicados se sienten atraídos entre sí, se besan, se abrazan y luego comienzan a espulgarse uno al otro, de un modo amoroso. Hay que destacar, al fin, que de esas circunstancias tan complejas salen con lo que los etólogos llaman «formación de coaliciones con ventaja mínima», y cada individuo se va satisfecho con la cuota de poder que le tocó.
A veces el equilibrio tambalea. Si es muy débil, tras las confusiones, se lo recupera con un acuerdo que asegure la unidad.
La política de los chimpancés es constructiva.
Si ellos pueden, ¿por qué Astori y Mujica no? ¿Es excesivo sugerirles que imiten a sus antecesores, a ver si se hace la luz?
Abrácense y espúlguense, muchachos. Quién sabe.
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