EL SOCIAL-REPUBLICANISMO
Relatábamos en el pasado artículo lo tiempos de la reconquista democrática, con motivo de que el próximo jueves 13 se cumple el 28 aniversario de la creación de la Corriente Batllista Independiente, así como el próximo 30 de noviembre será el 28 aniversario del NO en el plebiscito militar.
República y poderes fácticos
Roto el cronograma militar, que daba por implícito que iba a triunfar el proyecto de SI a la reforma constitucional castrense, los militares establecen un nuevo cronograma que instituyó las elecciones internas de los partidos políticos históricos para noviembre de 1982. La CBI concurre a las elecciones internas de los partidos, las que significaron un nuevo paso hacia la democracia en la medida que dentro de los partidos históricos se impusieron con notable claridad las corrientes más radicalmente opuestas a la dictadura.
La CBI obtiene en la ocasión una alta votación y se consolida como actor político independiente. Antes de las elecciones se da en su seno la discusión sobre si apoyar los acuerdos que se venían haciendo en el Batllismo Unido o concurrir a los comicios de modo independiente y se opta por este último camino. La idea de no transar con los sectores partidarios complacientes con conductas políticas no republicanas ha acompañado desde su fundación, y desde esa primera elección, a la vida misma de la CBI.
Ideas no republicanas en el sentido de concebir a la política como una actividad de cúpulas (contra la esencia deliberativa, participativa y pública de la idea de República) y no republicanas en el sentido de concebir a la política como una actividad de «transacción» y no de «combate» contra los poderes fácticos. Entendidos estos como los poderes que no emergen del funcionamiento público y democrático sino de la acumulación de poder (económico, mediático, social, etc.) que deviene de privilegios que resultan de cada fase histórica. Y que los republicanos debemos corregir radical y permanentemente y no acostumbrarnos a convivir con ellos. Y, menos, asociarnos a ellos. Un republicano es partidario del «sistema» democrático (más que nadie) pero no del «establishment», esto es del «sistema-establecido-de-privilegios» resultante por veces del funcionamiento socioeconómico a lo largo del tiempo, el que presiona siempre por la permanencia de sus privilegios y por el acrecentamiento de su poder. Los poderes fácticos no sólo incluyen a los poderes legales sino a los ilegales, lo que Fernando Henrique Cardoso ha llamado «sociedad incivil» (contrabando, lavado de dinero, corrupción política, etc.). Finalmente, en algún punto, los poderes fácticos legales e ilegales se juntan.
La transición a la democracia
El año 1983 fue rico en acontecimientos pues se acercaba, después de dos victorias democráticas en la urnas, el tiempo de la libertad. A comienzos de año se reúne por primera vez la Convención colorada cuyos convencionales recién habían sido electos en las elecciones internas.
Lo primero que ocurrió en la Convención, una vez que el delegado de la Corte Electoral abrió la sesión y se eligió al presidente de la misma, fue que la CBI inaugura la Convención pidiendo un minuto de silencio en homenaje a Zelmar Michelini, batllista muerto por la dictadura seis años antes. Todo el partido, todo, debió rendir de pie ese homenaje. Llevaremos de por vida el recuerdo del timbre de nuestra voz abriendo la convención de Batlle con esa propuesta.
En abril comienza otra actividad: la denuncia de la dictadura en los foros internacionales, por vez primera de parte de gente que vivía dentro del país. Pero que tenía que volver luego. Fue una actividad articulada con el exilio, el que podía presentar así testimonios venidos desde dentro del Uruguay. Así lo hicimos, por ejemplo, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ante numerosas entidades con sede en Estados Unidos, Francia e Inglaterra, como Amnistía Internacional. En esa actividad nos encontrábamos nosotros en Estados Unidos, en un foro de denuncia que sesionaba en el propio Congreso estadounidense, cuando el convencional Vaillant cumple con el mandato de la CBI de pedir la amnistía para los presos políticos. Manuel Flores Mora recoge, para reforzarla, en el seno de la Convención la propuesta de la CBI y hace una histórica defensa de la libertad de los entonces presos políticos. Luego pediría, en sendos artículos de Jaque y ante el estupor de la dictadura por la libertad de José Luis Massera, el más importante comunista preso, y de Raúl Sendic.
El 31 de marzo, fecha del suicidio de Baltasar Brum, y el 26 de octubre, fecha del asesinato de Julio César Grauert, la CBI vuelve a llenar el cine Arizona, con la presencia de las viudas de los homenajeados. Se trataba de no dejar caer la actividad política señalando una posición de radicalidad democrática. Cumplíamos con el lema que habíamos levantado en los comicios internos de 1982: «El voto que exige».
La salida de la dictadura tuvo cuatro patas: el triunfo del NO de 1980, la victoria aplanadora de los sectores radicalmente democráticos en las elecciones internas de 1982, el acto del obelisco de noviembre de 1983, llamado «el río» por el dibujo imponente que hacía la multitud reunida, tal vez la más grande en la historia del país (el texto leído estupendamente por Alberto Candeau había sido redactado por Enrique Tarigo y Gonzalo Aguirre) y la acción de los semanarios opositores «Opinar», «La Democracia», «Aquí» y «Jaque» (el de mayor venta, por lejos). Si bien en las cuatro instancias no participaba el Frente Amplio, prohibido como partido, al igual que la mayoría de los dirigentes de los partidos históricos, todos proscriptos, sentíamos la presencia del Frente a la par de nosotros (incluíamos a sus voceros como columnistas en los semanarios) con la relevante fuerza que tenía ya entonces el Frente, el 18% de las voluntades nacionales tanto en 1971 como en 1984.
Juntos podemos
En noviembre de 1983 se funda Jaque, el semanario que va a expresar a la CBI. Mejor dicho, que va a expresar a todo el frente democrático abriendo sus páginas a todo el arco democrático. La consigna con que la CBI también había concurrido a la elección interna «juntos podemos» buscaba hallar en Jaque una vigorosa expresión.
Jaque le tira a la dictadura en sus 60 páginas tabloide por semana no sólo con la oposición ideológica sino con la vuelta de la expresión cultural nacional que la dictadura había ahogado. Las contratapas de Maneco reunían, asimismo, las dos voluntades: la oposición política desde la rejerarquización de una cultura nacional tolerante que hacía a nuestra identidad, como la cultura nacional intolerante deshace nuestra identidad. Jaque cumple asimismo una tarea trascendente terminar con la tortura en el país cuando denuncia en abril de 1984 que el Dr. Vladimir Roslik había muerto por torturas, lo demuestra extrayendo de las propias oficinas militares la autopsia verdadera (Maneco convence a un médico) y la publica. Los militares deben reconocer el hecho y sancionar a sus culpables formales. Señal para todos los torturadores.
Al mes siguiente, el 16 de junio Wilson vuelve al país. En la inmensa columna nacionalista que lo intenta recibir se distinguen cientos de banderas de la CBI, la que ha resuelto solidarizarse con los derechos del caudillo nacionalista. La CBI había declarado seis meses antes que no concurriría a las elecciones con Wilson preso salvo que lo hicieran los nacionalistas. Una actitud similar de reconocimiento del adversario fue expresada posteriormente por la CBI cuando en los días finales de Wilson, mientras pudo salir a saludar al balcón de su domicilio, habían banderas de la CBI permanentes a cargo de la juventud de la organización para despedirlo con carácter más nacional que partidario.
En preparación para las elecciones de 1984, el 17 de agosto de 2004 (inmediatamente después del Club Naval) la CBI presenta un documento que se llamará
internamente «Las 7 tesis». Allí están recogidas las experiencias ideológicas de la época mediante un largo documento, algunos de cuyos títulos fueron los siguientes: «la revalorización de la libertad o la superación de la intolerancia», «la revalorización del reformismo o la superación del violentismo», «la ruptura con los ideologismos dogmáticos» a través de «la traducción nacional de las ideologías», «la superación del elitismo vanguardista», adentrándonos luego en la «lógica de cambio» del país y en la «lógica histórica del Partido Colorado», culminando con una clara lectura socialdemócrata del Batllismo. Esto era cinco años antes, obviamente, de la caída del socialismo real y los postulados allí expresados conservan plena vigencia. Con ese programa la CBI obtuvo 74.000 votos en 1984.
Ahora bien. Lo más importante de la CBI lo hizo, por lejos, después de 1989. Y lo más conflictivo en la interna colorada. (Finaliza el próxima martes).
|*| Ex senador, director de Jaque y de Posdata
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