Ingenuidades
Es curioso cómo ciertos hechos, que no son los más importantes de un determinado proceso, se postulan como verdades reveladas, sin asidero, por la ingenuidad de muchos.
Está pasando con la elección de Barak Obama como futuro presidente de los Estados Unidos.
Ciertamente, es un sacudón histórico que un negro haya llegado a la Casa Blanca en una nación donde el racismo ha sido tan fuerte y aún late; también es verdad que los demócratas suelen ser conciliadores y mejor dispuestos al diálogo que los republicanos; finalmente, es innegable que la diferencia entre Obama y un alcohólico imbécil y delirante como Bush es inmensa, no se puede medir.
Pero saltar de ahí a celebrar la virtual desaparición del imperialismo norteamericano es otro cantar; hay una distancia igual a la que separa la información y la certeza racional de la ignorancia y una ilusión infantil.
Salvando las enormes diferencias que admito existen entre ambos ejemplos, esto me recuerda, de todos modos, a los festejos que por aquí brotaron como hongos cuando el inefable Kirchner ganó la presidencia argentina. A los pocos minutos ya se le llamaba, con cariño, «compañero progresista». Todos sabemos lo que pasó después.
El imperialismo de los Estados Unidos es una cultura; es la mismísima sociedad norteamericana, el pueblo, que está persuadida de la misión de su país de guardián del futuro de la humanidad. Eso puede aceptar matices según quién ejerza el gobierno, ya que quizás no el poder, pero no cambiará ahora. Obama desandará guerras, no las provocará, tal vez hable con Chávez y hasta con Cuba, eso está claro. Sin embargo, ¿quién ignora que la idea imperial no sólo de armas vive?
Algo más: desde el punto de vista comercial uno de los aspectos que debería preocuparnos- estaremos peor. Los demócratas son más proteccionistas y mañana, en medio de la crisis tremenda que les estará quemando las manos, deberíamos ingeniarnos para hablar con ellos de otra cosa.
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