LA CBI EN PERSPECTIVA

El próximo 13 de noviembre se cumplirán 28 años del nacimiento de la Corriente Batllista Independiente. No pocos jóvenes nos han pedido últimamente que escribiéramos sobre la CBI y su significación en el Partido Colorado. Tal vez el hecho que estemos ahora mismo de misión fuera del país, como ocurre regularmente, trabajando en la reflexión de la cosa pública en otros escenarios, nos provoca la ilusión de poder abordar el tema con una cierta y necesaria perspectiva.

 

El plebiscito de 1980

En 1980, después de 7 años de dictadura, el régimen de facto creyó que podía obtener con relativa facilidad la legitimidad popular plebiscitando un proyecto constitucional que recogía sus ideas autoritarias sobre el país. Eran tiempos de plena algarabía económica de lo que se llamó «la plata dulce» e inmediatamente antes de la catástrofe económica nacional de «la tablita».

Después de los años del horror quedaba un siniestro balance para el país. Cincuenta muertos bajo fuego en cada bando, unos 60 muertos bajo tortura en el país ­la mitad de cuyos cadáveres fueron entregados a los familiares con la prohibición de abrir los ataúdes y la otra mitad desapareció­, cuatro mil o cinco mil personas que habían pasado por la tortura, más de tres mil presos e innumerables compatriotas en el exilio.

El plebiscito de noviembre de 1980 lo ganan los demócratas provocando impacto a nivel de la prensa mundial. En lo interno significó el comienzo de un proceso de sacudirse el miedo de los huesos de los uruguayos. El principio de la recuperación de las libertades y de la dignidad nacional. La expresión de que la cultura democrática tan reprimida seguía protagonizando el alma nacional, era su acervo y su tesoro.

La oposición no podía hacer publicidad para defender su posición por el NO al proyecto constitucional de la dictadura en tal plebiscito, mientras la propaganda a favor del SI saturaba los medios de comunicación.

Algunas rendijas se abrieron, sin embargo, en el cerrado orden militar. Un debate televisivo lanzó a la opinión pública al Dr. Tarigo, cuya crítica al proyecto militar fue feroz. Un par de reuniones públicas de los opositores fueron permitidas. Los blancos hicieron el acto en el Cine Cordón. Los colorados, convocados por un nuevo sector político generacional, la CBI, se reunieron en el desaparecido Cine Arizona. En los dos actos hubo que cortar las calles, dada la cantidad de gente que concurrió. Y en los dos actos la oratoria ­en la que nos cupo el honor de participar­ fue de radical rechazo a todo lo generado por el entonces autodenominado proceso cívico-militar.

La ocasión del plebiscito permitió, además, la activación de los políticos proscriptos de los dos partidos históricos, los cuales, en la medida de sus posibilidades, dada su proscripción, revivieron las organizaciones electorales para la ocasión, siendo, por ejemplo, notorias las febriles actividades que en 1980 desarrollaron tanto Jorge Batlle como Carlos Julio Pereira, quienes llegaron incluso a usarse entre ellos como correos para organizar compañeros de los dos partidos en diferentes lugares del país. El plebiscito del 80 no sólo había significado una derrota ominosa y condenatoria de la dictadura sino que, además, los partidos históricos, únicos permitidos de tener alguna mínima actividad ­proscripciones, sin embargo, vigentes­, habían reconstruido su reorganización en todo el país y la habían lanzado contra la dictadura.

 

El Batllismo como social-republicanismo

La CBI se había fundado bajo la idea de que la nueva generación no tenía que reproducir en la realidad partidaria el fragmentarismo que había hecho ineficaz al Partido para evitar la crisis de la democracia. Por eso el manifiesto constitutivo votado esa noche del 13 de noviembre de 1980, después de que un centenar de personas nos reuniéramos para discutirlo media docena de veces, y publicado en El Día unos días después, decía: «El juicio sobre ese período crítico del devenir nacional (se refiere al previo a la dictadura) exige una revisión honesta y completa de las ideas, procedimientos, conductas y actitudes dominantes entonces dentro del Partido. Será insoslayable señalar el descuido atinente a los planteos doctrinarios y a la democracia interna, así como su sustitución por prácticas inapropiadas. Debe asumirse que el Partido no pudo resistir ni detener la cascada de sucesos que concluyeron en la desolación que hoy padece la República».

La CBI se había fundado sobre el concepto central de que había que recuperar la idea de república. Bajo la «negra noche» de la dictadura ­así diría el spot televisivo de la CBI en las elecciones internas de 1982­ la palabra, de común bastante hueca, de «república» se había cargado de fuerte contenido. Como sistema de pesos y contrapesos entre los poderes del Estado, como sistema de fiscalización permanente del poder de donde salen las reales garantías ciudadanas, como sistema paridor, luego, de la ciudadanía política, civil y socioeconómica de los ciudadanos. No era raro, pues, que después de una década de desprecio por las libertades formales, como fue la década del 60, después de otra década de autoritarismo, como fue la década de los 70, en los 80 estuviéramos matrizados por la idea de democracia-como-control-del-poder que reside en el republicanismo. Marcados por el tiempo en que nacimos, nunca dejaríamos de ser otra cosa que republicanos. Ese es nuestro «kairós», para usar el término griego que utiliza San Pablo y que no está presente en nuestra lengua, que refiere al concepto del «deber-moral-de-vivir-su-tiempo» que tiene cada generación.

Ese signo que nos daba nuestras señas de identidad nos proponía también una relectura del Batllismo. La puesta en valor respecto de que el Batllismo había creado la más consistente «república» que había conocido el continente. Y la más ejemplar «república de partidos» que ha conocido la región. A través de la cual se había creado el primer y único «Estado del Bienestar» de Latinoamérica, conseguido a través de la democracia. Era la inexorable conclusión del examen de elementos tales como que la Convención se reuniera todas las semanas durante más de una década: el espacio de lo deliberativo en la concepción del funcionamiento social. Como que Batlle y Ordóñez planteara que se realizara una elección nacional por año, y sólo lograra consagrar en la Constitución de 1918 ocho elecciones cada once años: el espacio de lo público realzado. Como la construcción temprana y simultánea de las tres ciudadanías. De la ciudadanía civil: el divorcio, los derechos de la mujer, la creación de la Alta Corte de Justicia, la abolición de la pena de muerte y la cadena perpetua, etc. De la ciudadanía política: institucionalidad orgánica muy fuerte de los partidos como canales de participación; participación de minorías en la función controladora en todo espacio del Estado, aún en el Poder Ejecutivo, entonces parcialmente colegiado; proporcionalidad perfecta según la legislación de 1925 para incluir a las pequeñas minorías en el sistema; creación del sistema de gobierno municipal con organismos deliberativos, etc. Y de la ciudadanía social y económica: derechos del trabajador, ley de 8 horas, creación de la Inspección del Trabajo, indemnización por despido, creación el sistema jubilatorio, instauración del salario mínimo, ley «Serrato» para adquisición de viviendas, creación de liceos departamentales, de la enseñanza femenina, ley de enseñanza gratuita en todos los niveles, fundación de varias facultades, etc.

El Batllismo histórico, entonces, como radical y exitosa propuesta «social- republicana» fue el signo, pues, de la relectura a que la época conducía.

El jueves antes del plebiscito se publicó un aviso a página entera en el diario El Día, firmado por la CBI, convocando a los batllistas a votar por el NO. Eso fue posible gracias a María Antonia Batlle de Franzini, que está vi
va, que pagó el aviso y logró hacerlo publicar, cuyo texto tuvimos el gusto de corredactar.

Pasado el referéndum, volvió la parálisis partidaria. Para removerla en 1981, la CBI organiza en el Fortín de Santa Rosa un encuentro de análisis ideológico y durante un par de días se trabaja en talleres sobre la propuesta de país. Además de decenas de jóvenes, participan personalidades del partido como Luis Hierro Gambardella, Manuel Flores Mora, Enrique Tarigo, así como técnicos invitados no pertenecientes al partido. Se publica en el Semanario Opinar, en seis páginas, el documento resultante. En la «negra noche» se le pasaba a la sociedad, sin embargo, la señal de que se estaba pensando un nuevo país. El resto del partido, sin embargo, no reexaminaría los errores previos a la dictadura y no se plantearía la reconstrucción del social-republicanismo. Nuestros 28 años de lealtad al social-republicanismo nos traerían, luego, muchos problemas con la cúpula partidaria.

(Continuará)

|*| Ex senador, director de Jaque y de Posdata

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