Tránsito
Hay suficiente experiencia acumulada. ¿Quién lo niega? El asunto es aprovecharla. Tal vez por eso la Intendencia de Montevideo ha vuelto a trabajar a ritmo enérgico en un proyecto de reestructura del tránsito vehicular.
Por lo que se ha sabido, la idea de una modernización, adecuada a la estructura vial y edilicia y a las posibilidades de financiación, preside este esfuerzo. A grandes rasgos incluye, entre otras obras, la construcción gradual de canteros de separación y carriles exclusivos para el transporte público, la ampliación de algunas avenidas y un nuevo sistema de coordinación de los semáforos.
A los contribuyentes nos suele preocupar el tiempo que insumen estos proyectos. Lo mejor, si hacemos confianza en que se hará lo que se anuncia, es impedir que la ansiedad gane y empecemos a contar ya no por años ni meses, sino por semanas como si estuviésemos ante un inminente cataclismo.
Esto no es de un día para otro, lo que al fin no importará en tanto el resultado cambie una enfermedad ciudadana que lleva décadas agravándose.
Mi única inquietud, en medio de una escena de gente laborando intensamente, tiene que ver con algo más sencillo: el cumplimiento de las normas futuras. Es que no se trata sólo de cambios físicos y tecnológicos, sino de que el sistema a crear, que habrá de asentarse en normas y reglamentos, sea respetado sin fisuras.
¿Y por qué me inquieta esto? Sencillo, lector: pocos centros urbanos del porte de Montevideo han acumulado, a lo largo de decenios, tantas obligaciones emanadas de la Dirección de Tránsito y Transporte de la Intendencia para que estas cosas a las que me estoy refiriendo funcionen mejor. Y hay que concluir que el fracaso muchas veces por omisión de la autoridad- ha ganado la pulseada. El caso de la carga y descarga de camiones y de los ya archifamosos carritos de los hurgadores, por citar apenas un par de ejemplos, lo demuestra.
Queda claro cuál es ahora el verdadero desafío.
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