CHACRAS Y PARCHES

Ya hemos dicho que Uruguay necesita, ineludiblemente, planes estratégicos a mediano y largo plazo. Y que su falta ha sido y es la causa de gravísimos problemas. Con el agregado de que hay asuntos, como por ejemplo el de la energía que no se pueden resolver sin esos planes. Vivimos durante muchos lustros en «el país de los parches».

A ello debemos agregar que para agravar las cosas también vivimos en «el país de las chacras». Los dos «países» medran en simbiosis paralizante.

Falta de planes y «chacrismo» retroalimentan un círculo vicioso.

Veamos un ejemplo entre muchos posibles.

Para todos nosotros la basura es un «problema municipal». Parece obvio. Pero no lo es.

Se trata de una norma legal pero, fundamentalmente, de un esquema mental «indiscutible» y poderosamente incrustado.

Tal vez haya sido correcto hace muchísimos años pero ya no lo es en ningún lado.

La basura, entendiendo por ella todo tipo de residuos, no puede ni debe ser «un problema municipal». Es, para todos los países y para el mundo, un grave problema nacional y mundial. Las razones son tantas y tan conocidas que por ahora preferimos no gastar espacio en ellas.

Porque salvo en casos muy especiales, debe ser reciclada, ya que ni el país ni el planeta admiten el despilfarro de tirarlas y el de seguir extrayendo de la naturaleza lo que extraemos con, además, la contaminación resultante. Se trata de un imperativo ético, económico e inteligente. Lo otro es locura. La basura es y debe ser riqueza (incluyendo puestos de trabajo).

Y fuente de energía cuando ésta tanto se necesita, escasea y cuesta.

Al fin de cuentas los únicos seres racionales y científicos al respecto son paradojalmente (o no), los llamados (y tan mal vistos) «clasificadores» o «hurgadores», sus caballitos y carritos…Y quienes a su costa enriquecen (porque la basura vale)

Por lo tanto, la domiciliaria debe ser asunto municipal pero también de varios Ministerios, en especial el de Industria.

Lo mismo sucede con los residuos agropecuarios (incluido el estiércol).

Veamos otro ejemplo: según estudios viejos y nuevos, con 30.000 hectáreas de bosque se pueden generar cien megavatios de energía eléctrica en base a leña. Abaratando costos, creando puestos de trabajo, logrando independencia y seguridad en el suministro (leña) y utilizando en la planta tecnología nacional ya disponible y el trabajo metalúrgico correspondiente.

UTE realizará (hoy «forzosamente») sus cálculos del megavatio así obtenido en base a una visión ensimismada. Sin mirar para los costados. Observará de acuerdo al pasado ( y a proyecciones de futuro basadas en él) cuántas horas por día o días por año entrará a funcionar dicha planta supliendo carencias en horas «pico» o en tiempos de agua faltante en las represas y, en base a ello, cómo «amortizará» la inversión , pagará los gastos y por ende cuánto deberá costar el megavatio así «deducido»: como por el ojo de la cerradura.

No analizará que si la planta no anda, los árboles deberán forzosa e igualmente ser cortados y la madera vendida, porque el bosque vale tanto para generar como para venderlo como tal, sin olvidar que también puede producir gas y diesel por despolimerización.

No abrirá el campo visual. Padecerá glaucoma agudo.

No calculará que en acuerdo con AFE la planta puede estar dedicada a la electrificación de una gran línea férrea con lo que el abaratamiento de costos será mucho más. Y que, en ese caso, cambiará su paralítica «demanda a futuro».

Tampoco que la «evacuación» del calor sobrante puede no verterse (despilfarrándolo) en un curso de agua sino «venderse» a un complejo productivo aledaño que calefaccione invernáculos, incubadoras y agua para piscicultura…

En suma: que tanto el Ministerio de Transporte como el de Ganadería, Agricultura y Pesca tienen mucho que ver con una planta a leña de cien megavatios. A lo mejor mucho más que UTE. Y encima, los «costos» bajarán aún más.

El «chacrismo», la compartimentación estanca de las entidades públicas, ha producido una atomización y hasta un descuartizamiento que evapora y degüella el vigor nacional disponible. Es el mayor de los despilfarros. Y es, principalmente, mental.

Golpea en ambas direcciones: impide usar todos los recursos disponibles para resolver un problema (o edificar realidades nuevas), y obliga a cada entidad por separado a resolver (o a crear) con sus exclusivos recursos casi siempre menguados con lo que, hasta con la mejor buena voluntad del mundo, el resultado es casi siempre escuálido cuando no desastroso.

Este aspecto de la vida nacional (el «chacrismo») devino por largos abandonos, primero en costumbre, luego en cultura, después en civilización y ahora hasta en afición o, mejor dicho: religión.

Cada oficina resuelve en la medida de lo posible lo suyo y, lo demás: «no es asunto mío». Archiconocida frase fundacional de toda burocracia de mediano porte que se precie.

Desde cada una de nuestras amadas chacras, chacritas o latifundios ferozmente amuralladas, miramos la vida con sus posibilidades y problemas por la hendija excluyente de acérrima cerradura. La vida es un modo del ombligo.

Este extravagante fenómeno tiene mucho que ver con la verticalidad. Repugna el horizonte. Odia los costados. No los mira y por ende no los ve.

Lo esférico le es desconocido porque habita el Universo piramidal hecho con láminas. Todo lo que ruede (salvo cabezas) es sospechoso. Y lo que vuele, un repudiable OVNI (en el sentido de no tener Cédula de Identidad y por lo tanto existencia)

|*| Escritor, senador  de la República.

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