LA CUESTION DE LA PROPIEDAD
En las ciencias sociales hay viejos temas que vuelven a tener vigencia, pero no hay estudios en profundidad que ayuden a comprender sus nuevas facetas y formas de funcionamiento. Son temas que en general a la derecha no le interesan, pero hacen a la historia de la izquierda. Entre ellos se destacan el de la propiedad, el de las relaciones de poder y el de la distribución del ingreso, muy estrechamente enlazados entre sí. Sobre la distribución del ingreso hay estudios empíricos descriptivos, pero faltan análisis más profundos para conocer sus causas, lo que limita la capacidad de propuestas para mejorar la justicia social. En materia de relaciones de poder hay muy pocos avances en la literatura de las ciencias sociales. Ayuda el trabajo del PNUD «La democracia en América Latina» en el que, a través de encuestas a personalidades de la política, intelectuales, gremialistas empresariales y obreros, permite abrir ventanas sobre el tema.
El tema de la propiedad es propio de la izquierda pero, con el derrumbe de la URSS, pasó a un segundo plano. Ya no están arriba de la mesa los procesos de estatizaciones y nacionalizaciones de décadas atrás aunque aparecen nuevos esfuerzos en los procesos de cambio de los actuales gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Tampoco surgen con nitidez las fuertes modificaciones a la propiedad del régimen peruano de Velazco Alvarado con las cooperativas agropecuarias, la propiedad social y la participación de los trabajadores en el capital, la gestión y utilidades de las empresas. Probablemente el avance tecnológico le otorgue mayor relevancia a los cambios en la gestión de las empresas que a la propia propiedad de los medios de producción. Las empresas transnacionales cumplen un papel de extraordinaria influencia en el mundo de la globalización. Sus filiales expandidas por el mundo pueden tener en ocasiones cierto grado de autonomía, pero también dependen de sus casas matrices instaladas en el mundo desarrollado. Las experiencias de China, Japón y Corea del Sur, que regularon la inversión directa extranjera con el objetivo de compatibilizar los intereses de las empresas transnacionales con sus objetivos nacionales, pueden ser de mucha ayuda para las políticas con respecto al capital extranjero de los países de la región.
Para el caso de Uruguay la inversión directa extranjera puede ser positiva, sobre todo si genera nuevas actividades productivas y no son una simple transferencia de propiedad de empresas ya instaladas. Es importante asegurar que dichas empresas aporten tecnologías nuevas, capitales, mejoras en la capacidad de gestión y mercados externos para colocar rubros con el mayor agregado posible y el mayor contenido tecnológico. También es muy importante su grado de relacionamiento con el conjunto de la actividad económica a través de vínculos directos con proveedores nacionales, con el pago de impuestos al Estado, con el aprovechamiento de personal nacional de las distintas mejoras tecnológicas que contribuyen al desarrollo nacional.
Para Uruguay no hay estudios descriptivos ni interpretativos sobre la propiedad, pero el tema adquiere vigencia por una serie de indicadores de cambios de propiedad e inclusive de nuevas formas de extranjerización. Hoy aparecen indicadores que muestran que un tercio de la propiedad de la tierra ha cambiado de manos, que hay procesos de extranjerización en la industria frigorífica, en el arroz, en los lácteos, en la soja, en el sistema financiero, en la industria del papel y celulosa nueva y antigua entre otros sectores. Son elementos que muestran cambios en la propiedad, pero no necesariamente son indicadores de concentración, que seguramente pueden estar influyendo sobre la distribución del ingreso y mañana pueden ser determinantes en las relaciones de poder. Los beneficios enviados al exterior por estas empresas actualmente no son significativos, pero en una coyuntura con escasez en el mercado financiero internacional, pueden pesar si superan a las entradas de capital, como empieza a ocurrir en Brasil y Chile donde son mayores que los superávits de balanza comercial. Históricamente la presencia de estas grandes empresas transnacionales fueron determinantes de los estilos de desarrollo de los países de la región, de la composición de sus estructuras productivas, de las características de país productivo. Por ello es vital la necesidad de elaborar Proyectos Nacionales que se compatibilicen y coordinen con proyectos regionales. Resulta central la elaboración e implementación de lineamientos estratégicos abiertos y flexibles por la volatilidad de los precios internacionales y la velocidad de los cambios tecnológicos. Estos lineamientos deberán centrar la atención de una estructura productiva para la competitividad y el empleo, con una inserción internacional con rubros de mayor valor agregado y contenido tecnológico. De esta manera se conforma un país productivo, gran desafío para el próximo gobierno, en el que la presencia de empresarios nacionales es central. No hay proyecto nacional sin empresarios propietarios nacionales. Pero en la actualidad parecería que los propietarios nacionales están más preocupados por sus rentas financieras que por su contribución al desarrollo nacional. Es lo que surge de las continuas ventas de empresas nacionales.
En este contexto de proyecto nacional, de existencia de lineamientos estratégicos que marquen el futuro del país productivo, se inscribe la inversión directa extranjera y la política a desarrollar con respecto a la misma. Para recibirla y para controlarla. Para compatibilizar sus lógicos objetivos de ganancia con los intereses nacionales. Para que del accionar de las empresas transnacionales no surjan las características de la estrategia económica nacional ni nuestro estilo de desarrollo.
Este también puede ser un tema del Mercosur, para definir políticas comunes con respecto al capital extranjero que ayuden a mejorar las asimetrías actuales. También para hacer efectivas negociaciones comunes y conjuntas con dichas empresas. Inclusive, como lo propusimos en el año 2005, para que todos los países del Mercosur adopten tratados de inversión similares con los países desarrollados. En esencia, sin proyecto nacional, sin estrategias nacionales se limitan las posibilidades y, sobre todo, la efectividad de políticas con respecto a la inversión directa extranjera.
Otras formas de propiedad social, inclusive las cooperativas, siempre están presentes en el pensamiento de la izquierda pero no han alcanzado avances significativos.
|*| Senador por la 609-FA, economista
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