EXPULSAR A LA ETICA DE LA ECONOMIA HA SIDO UN GRAN FRACASO
La mayor crisis de la historia económica moderna luego de la de los años treinta del siglo pasado. Fueron cerrados varios de los principales bancos de inversión de la principal economía del mundo, estatizadas las dos mayores empresas hipotecarias y la mayor aseguradora, rescatada la mayor caja de ahorro y préstamo, aumentada en un 150 por ciento la garantía de los depósitos bancarios. Los efectos llegaron hasta los Estados y los municipios. Los Estados de Nuevo México, Maine, Massachusetts y California tienen serios problemas de liquidez. Entre otros, el municipio de Jefferson, Alabama, está al borde de la suspensión de pagos, y el de San Mateo, California, perdió 155 millones de dólares que tenía en Lehman Brothers, y puede quedarse sin dinero para financiar las escuelas públicas. Los impactos se extienden en Europa, Asia y el mundo.
Una de sus razones centrales es un «tsunami ético». Ya Adam Smith, el padre de la economía clásica, había advertido, varios siglos atrás, que los mercados debían estar regidos por valores éticos como la honradez, la prudencia, la transparencia, y la confianza mutua. De lo contrario, podrían funcionar muy mal. Vacíos éticos profundos están en la base de la crisis en desarrollo.
Entre ellos los que siguen:
Diversos operadores actuaron en contradicción total con la idea de responsabilidad social empresarial. Trataron de maximizar el lucro a corto plazo, sin atención ninguna al daño social. Entre ellos, los especuladores en derivados que los llevaron a un monto que es tres veces el de las hipotecas basura, los promotores de las hipotecas basura, y los especuladores de corto plazo, que hicieron lo posible para que cayeran aun más las acciones de los bancos en dificultades.
Al anunciar la medida inédita de prohibir las ventas de corto plazo de 800 acciones, el presidente de la Comisión de Valores de Estados Unidos, Cox, dijo que «las medidas eran necesarias para asegurar que la manipulación encubierta de ventas ilegales a corto plazo (en donde ni siquiera se transferían realmente los valores) o las prácticas comerciales ilegítimas no minaran la confianza en los mercados». En Inglaterra, refiriéndose al mismo tema, el Arzobispo de York, John Sentamu, afirmó: «Son ladrones de bancos, y destripadores de activos».
Los altos ejecutivos de grandes empresas consiguieron paquetes remuneratorios exorbitantes.
La distancia entre lo que ganaban y los salarios promedio de la economía era de 344 a 1, y entre sus ingresos y los sueldos mínimos 1700 a 1. Los análisis muestran que, en búsqueda de cobrar grandes porcentajes y participaciones, llevaron las empresas a los más altos riesgos. Fue uno de los temas más esgrimidos por el «main street», la gente de la calle, para cuestionarse ayudar a «Wall Street».
El dogmatismo ideológico llevó a dejar sin regulaciones a mercados enormemente sensibles y riesgosos como los financieros no bancarios. El New York Times ha planteado editorialmente: «La crisis podría haber sido evitada si los reguladores hubieran aplicado las reglas, y si los funcionarios gubernamentales hubieran cuestionado los prestamos riesgosos y otras prácticas dudosas».
El primer ministro de Francia, François Fillon, llamó a las autoridades estadounidenses a actuar: «No vamos a aceptar pagar los platos rotos de una regulación fallida y la corrupción del capitalismo». El Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, escribió que «poner demasiada confianza en el mercado se ha convertido en una suerte de idolatría», y exigió regulaciones.
La idea de que se ha ido muy lejos en expulsar la ética de la economía y se han desatado fuerzas salvajes aparece hoy en algunos de los mayores líderes pro mercado. El premier italiano Berlusconi planteó que «hay que volver a aplicar ética a la economía»; el presidente de Francia, Sarkozy, afirma que «una cierta idea de la globalización está muriendo con el fin del capitalismo financiero que ha impuesto su lógica sobre toda la economía, y ha contribuido a pervertirla».
Los más vulnerables del mundo están pagando ya los costes de todos estos errores. El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, ha advertido que las metas del milenio, que iban a bajar a la mitad para el 2015 la pobreza extrema (hoy 1.400 millones de personas), la mortalidad infantil (9.600.000 niños mueren anualmente por pobreza), la mortalidad materna (500.000 madres mueren por año durante el embarazo o el parto por factores de pobreza), están en riesgo severo.
América Latina tiene que sacar lecciones. Las ortodoxias económicas copiadas mecánicamente no sólo han significado recetas erróneas. Han transmitido el mensaje de que los valores éticos no importan en la economía. Que ese es terreno sólo para arreglos técnicos. Frente a los fracasos de esa visión, es hora de bregar fuertemente por la responsabilidad ética en políticas públicas, por la defensa del interés colectivo, por que la responsabilidad social de la empresa privada avance de modo efectivo, por los derechos al desarrollo de los niños, las familias, las oportunidades para los jóvenes, la protección de los ancianos, por una mejor equidad en la región más desigual de todas.
Así como las falencias éticas fueron cruciales en la gravísima crisis actual, es imprescindible para que se pueda superar en el mundo y en este continente de agudas inequidades y exclusiones, que la ética conduzca la economía.
|*| Es uno de los mayores expertos mundiales en lucha contra la pobreza y asesor principal del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de América Latina y el Caribe.
(Safe Democracy)
Compartí tu opinión con toda la comunidad