CEIBALIZAR EL URUGUAY
Varios domingos atrás, a propósito de los 90 años de la reforma universitaria de 1918, recordaba en este espacio el muy excepcional privilegio uruguayo compartido únicamente con la universidad pública porteña en todo el mundo de conservar, a la par que profundizar, las políticas reformistas de aquella distante revolución educativa. Me refería, muy sintéticamente, a cuatro grandes conquistas tales como la autonomía, el cogobierno, el ingreso irrestricto y la gratuidad que con su simultánea vigencia protegen a la estructura educativa superior rioplatense del mercantilismo y del elitismo a la par que de la manipulación política, el clientelismo y el nepotismo.
Obviamente esta muralla defensiva que custodia la arquitectura educativa superior no es plenamente estanca. Ella no está exenta de ciertas porosidades ni refracta mágicamente intereses políticos, económicos o personales. Tampoco puede garantizar plena y cabalmente los principios postulados en la medida en que el sistema educativo está inserto en una estructura social y económica mercantilizada, excluyentemente restrictiva y fuertemente vulnerable a presiones políticas y corporativas de toda laya, personalismo incluido. No obstante, mucho menos podría defenderse el carácter masivo universitario, el derecho social que supone, particularmente para los más desfavorecidos, si estos principios no existieran y sobre todo, si no estuvieran materialmente encarnados en su estructura organizativa y en disposiciones normativas.
Para mi sorpresa, semanas atrás, el presidente Tabaré Vázquez puso en duda uno estos pilares al preguntarse por la pertinencia de una matrícula universitaria, es decir, de un arancel, o retribución pecuniaria. El rector Rodrigo Arocena y la politóloga Constanza Moreira se ocuparon del caso con precisión y enjundia en sendas contratapas, aunque omitiendo referencias a la intervención presidencial. Es indudable el espíritu redistributivo que anima al Presidente en sus tan poco oportunas como afortunadas declaraciones. Si se trata justamente de profundizar conquistas, de garantizar crecientes derechos y de facilitar accesos de los postergados, un debate permanente y cada vez más detenido sobre la reforma tributaria en general se hace cada vez más necesario, precisamente en el ánimo expresado por Vázquez, es decir el del flujo de recursos de los que más tienen hacia los más desprotegidos ¿Cobrando el acceso se garantizaría?
Justamente en virtud de que los muros protectores no son perfectos existe (sólo en Uruguay) una suerte de matrícula invertida, o arancel de salida, el llamado «Fondo de Solidaridad» que grava retroactivamente el estudio superior con independencia de la generación de recursos que el mismo produjera, conviviendo a la vez con el propio impuesto a la renta. Pareciera una suerte de gravamen regresivo y distorsivo como lo es el IVA, es decir igualitario (para todos los egresados en este caso) y por tanto carente de discriminación, detalles y condición social concreta del aportante. Algo así como un impuesto a la renta supuesta, que grava al arquitecto que maneja un taxi, o al ingeniero electrónico que vende celulares.
La universidad deber ser sometida permanentemente a un examen crítico, no sólo por sus actores sino por la totalidad de la sociedad que la sostiene, al igual que el conjunto del sistema educativo. Tal debate se orientará en términos de propuestas en función de los principios que pretendan sustentarlas. No encuentro razones para que los cuatro principios aludidos líneas arriba no sean defendidos y conservados, sin que excluya un debate para su profundización y extensión. Una postura progresista en este caso, deberá ser prioritariamente conservadora.
Uruguay está muy lejos de la triste situación actual universitaria argentina donde una vez derrotadas las iniciativas neoliberales aranceladoras y sustituido el brazo estudiantil del partido radical a manos de una alianza de agrupaciones radicalizadas, ningún debate puede darse ya que se encuentra paralizada y sometida a toda clase de chantajes de pretendido cúneo revolucionario, como se recordará por el hecho de no haber podido elegir rector por casi un año en la Universidad de Buenos Aires, experiencia que insinúa repetirse. Será muy útil tener presente esa experiencia para evitar cualquier similitud desde esta orilla.
Sin embargo, además del antecedente universitario mencionado, Uruguay está en vías de revolucionar por completo el sistema educativo y es un nuevo antecedente pionero y radical a nivel mundial. El plan Ceibal (con su implementación concreta) genera un punto de inflexión, un antes y un después en la evolución educativa, por muchas más razones que su materialidad física, sus pequeñas laptops XO. La magnitud de computadoras relativa a la población carece de antecedentes: para 3 millones de habitantes se prevén 100 mil en una primera etapa. Es por ello que me permití acuñar el neologismo del título a fin de sugerir la ceibalización como metáfora política de conquista de derechos y de desmercantilización. Algo diametralmente opuesto a la imposición económica sugerida por el presidente para la universidad.
No sólo por el hecho de otorgar a cada niño una herramienta potente y versátil cuya funcionalidad supera holgadamente el ámbito escolar y cuyos impactos formativos van mucho más allá del desarrollo de una currícula. La propia interacción entre los niños y de éstos con el mundo adulto ya no serán idénticos. Por el contrario, una vez que la maquinita verde ingrese al hogar, los propios padres comenzarán a verse impregnados por ella, por su uso, sus posibilidades y su control. Los niños irán acometiendo la tarea de alfabetizar a sus padres y maestros.
Pero el punto nodal que determina su carácter transformador es el hecho de que la XO cuenta con software libre, por oposición al software propietario. No es una cuestión de obtención de licencias y de comparación de costos sino de libertades, de producción de riqueza simbólica propia, de desarrollo y de generación de empleo. La confusión de libre con gratuito, que proviene de la conjunción de libertad y gratuidad en el significante «free» del inglés induce al error de restringir la acepción al hecho (no necesario) de carecer de precio.
En los sintéticos fundamentos que Richard Stallman (creador de la Free Software Foundation) desarrolla en su manifiesto inaugural, el software es libre por tener la libertad plena de usar el programa con cualquier propósito, de estudiar su funcionamiento y adaptarlo a las necesidades, de distribuir copias, de mejorar el programa y hacer públicas las mejoras, generando un principio de solidaridad y de potenciación social, para todo lo cuál es indispensable el acceso al código fuente, es decir a la fórmula o a los planos. Si bien excedería tratar aquí las analogías y diferencias con el software de dominio público, la propia libertad de modificación y distribución pueden inmediatamente convertirlo en tal dominio.
La magnitud de las experiencias de interacción social, de producción de herramientas educativas y productivas que se irán sucediendo tras la generalización y ampliación del plan Ceibal resultan inimaginables en lo inmediato. Cientos y hasta miles de programadores deberán ir incorporándose para perfeccionar el sistema existente además de desarrollar todo el abanico de aplicaciones que permitan una decisiva confrontación efectiva con los sistemas de software propietario, particularmente de Microsoft. Los niños exigirán equivalentes al Messenger, a los juegos, a la edición de fotografías y videos, compatibilidades plenas con los flogs y blogs.
Claro que para ello será necesario garantizar la conectividad en todas las instituciones educativas mediante Antel y Ancel, las que precisamente no muestran los más rápidos reflejos a estas demandas, especialmente en el ámbito rural, justamente el más necesitado y beneficiado por el Ceibal. De lo contrario, las XO serán aparatos cuasi inermes
y aburridos.
Esta primera generación de uruguayos del siglo XXI que comienza a formarse en el derecho a la herramienta cognitiva, a la conectividad, a la libertad de interacción mediante la escuela será la base social del futuro inmediato. Sustancia social a la que difícilmente se le puedan ocurrir matrículas o conculcaciones de derechos, licencias de uso o monetarizaciones, luego de haber experimentado en la escuela el estímulo de la libertad y la asunción de derechos.
Si los resultados son los que aquí se sospechan, ¿por qué detenerse con los niños? ¿Por qué no una ceibalización del resto de la sociedad? Tal vez en diciembre se perfile alguna respuesta.
El neologismo que propongo, la ceibalización
|*| Profesor Titular de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano.
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