Es simple
Hay un cuento admirable de Fontanarrosa que concluye cuando uno de los personajes dice: «La vida era más simple de lo que uno suponía, al final de cuentas». Es que ha desentrañado, tras largo periplo, la razón por la cual dos compañeros se agarran a piñazos, invariablemente, cada partido de fútbol de veteranos »los que están entre los 45 y la muerte»- en el que se encuentran.
Había oído rumores de todo tipo acerca del problema original: un lío de polleras, una garantía incumplida, una diferencia política. Y no. La cosa venía desde que uno de ellos le discutió al otro la ejecución de un penal…¡cuando tenían cinco años!
Recordé este cuento luego de ver la reacción que produjo en la sociedad, no sólo entre los políticos, unas declaraciones de Julio Guarteche, director general de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas. Guarteche aseguró que narcotraficantes y contrabandistas buscan acercarse a la actividad política para lograr apoyo e impunidad.
Es un asunto serio.
Tiene que ver, esencialmente, con las estrategias de carteles colombianos y mexicanos, y sus secuaces locales, para seducir a políticos con el dinero que manejan en cantidades impresionantes.
Pero siendo un asunto serio, complejo, admite que se lo vea al menos con el espíritu que el personaje del cuento exhibe para cerrar la historia que lo intrigaba.
Quizás haya que hacer cosas complicadas. No obstante, hay a mano una idea simple que puede ayudar.
Se trata de que si la ley de financiación de los partidos y la actividad política incluye un control infranqueable y transparente de los ingresos fecha, procedencia, quién aporta, cuánto y por qué vías- el grave problema denunciado tendrá una incidencia cada vez más relativa.
¿Una simplificación? Más bien sería un primer paso hacia el conocimiento público de cómo se financia algo cuyo costo ha crecido tanto que se ha convertido en una tentación para esa gente que, por suerte, también está bajo otra vigilancia.
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