Encuestas
Nueve de la mañana. Se habían reunido en una mesa a cuyo centro lucía una botella de caña con puta parió y una longaniza y cuatro aceitunas grises.
-¿Viste vo’? se asombró el Negro Collazo. ’Tan metiendo tanta’ncuesta de todo’ lao’ que van a volver loco a un pueblo.
-La’ncuesta’ so’necesaria’… -se oyó decir a Ruedita con voz clara. Había sido el primero en chupar tres cañas en treinta y dos segundos.
-Yo creo que a los politólogos se les está yendo la mano… -sugirió Epifanio, rascándose el testículo varicoso.
-¿Por?
-A cada rato dan datos nuevos y al final te agarrás un pedo leproso. Es poco serio. Y combinan tanto los porcentajes que parece un crucigrama.
-La’ncuesta’ so’necesaria’… -insistió Ruedita.
-Por primera vez estoy de acuerdo con el infradotado dijo el Chiquito Otegui, con una delicadeza conmovedora. Ayudan a orientar a la opinión pública, aunque tengan margen de error.
El Negro eructó sin piedad y se exaltó: -¡Dejate de joder! ¡Si’stán arreglada’! Hay cada caripela yéndola de candidato… E’como si vo’ tuviese’ un’hemiplejia y se te arreglara esa jeta de mierda que tené…
El Chiquito quiso reaccionar. Lo paró Ruedita: -¡Frene’l pingo, macho, que usté sabe que la’encuesta so’necesaria’…
-¡Tiene razón el Negro! contraatacó el Facha Ruiz. Hoy suben a uno, mañana lo bajan, nadie explica un joraca y… ¡las cobran, viven de eso! Al final son como un mandado…
-La’ncuesta’ so’necesaria’… -remachó Ruedita. -E’má, yo le viá pedí’ una’l sordo Gonzále’ y le pago pa’ que m’oriente, como vo’decí, Chiquito…
-¿Y para qué querés una encuesta, borracho pedorro? lo interrogó Epifanio, expresándose como una alumna del Sagrado Corazón.
-Y… pa’sabé’ cuánto pincha la’ llatebo de ñaca el Chiquito… El Sordo me va’decí’ la verdá si le garpo…
-¡¿Qué?! gritó el patrón. -¡Para mí esas botellas son como la Chunchuna Gómez, no las toco ni con un palo!
-¡’Tonce’splicame po’qué ahora tengo que chupá’ cuatro vece’ má’ pa’mamarme como ante’!
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