URUGUAY NO DEBE VOTAR POR KIRCHNER EN UNASUR

En abril de 2007 se realizó en Caracas una cumbre energética sudamericana a la que asistieron algunos presidentes de la región con la idea de crear una suerte de OPEP del gas. La reunión derivó, sin embargo, en la aprobación de un documento político denominado «Decisiones del diálogo político entre los jefes de Estado y de Gobierno», el que da nacimiento a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Se designó una secretaría permanente con sede en Quito, la que fue ocupada de inmediato por el ex presidente del Ecuador Rodrigo Borja.

El presidente anfitrión, Hugo Chávez, no ocultó, sin embargo, su malestar con Néstor Kirchner pues éste, según es su costumbre, no esperó que se terminaran las intensas negociaciones para irse. De manera que no estaba presente cuando se votó la Unasur.

La Unasur viene a continuar a la Comunidad Sudamericana de Naciones impulsada por el presidente Lula en 2004. A su fundación tampoco compareció Néstor Kirchner, siempre reacio a la diplomacia, sino que envió a su vicepresidente, Daniel Scioli. Uno de los rasgos, incluso, que se sobresaltó de Cristina Kirchner, tanto como candidata cuanto como Presidenta fue, justamente, que iba a desarrollar actividad internacional a diferencia de su esposo.

En realidad, unir a América del Sur es una vieja idea de la diplomacia brasileña como se propuso, por ejemplo, en 1993 con el nombre entonces de Area de Libre Comercio de Sud América (Alcsa). Es la idea brasileña de integrar primero a los sudamericanos ­menos dependientes de EEUU­ para ir luego, escalonadamente, incorporando a Centroamérica y a México. Si lo incorporan, pues la incompatibilidad brasileño-mexicana es uno de los principales obstáculos a la integración latinoamericana.

 

La candidatura Kirchner

A fines de mayo de 2008, una reunión de presidentes en Brasilia instala finalmente la Unasur.

En la propia reunión constitutiva de la Unasur se empezaron a barajar nombres para secretario general, una vez que Borja renunció. Se mencionaron dos: un ex ministro boliviano y Néstor Kirchner.

De inmediato Folha do São Paulo reveló que ninguno de los dos nombres satisfacían al presidente Lula, quien esperaba nuevos nombres. Según la información de dicho medio, Lula había mencionado el desinterés que siempre tuvo Kirchner por la integración regional.

Sin embargo, el 13 de agosto el presidente Rafael Correa visitó Buenos Aires y anunció que proponía formalmente a Kirchner como candidato a la Secretaría General de Unasur.

En ocasión de la asunción de Fernando Lugo a la Presidencia de Paraguay (15 de agosto), de la reunión especial de Unasur por la crisis en Bolivia (15 de setiembre) y de la Asamblea General de Naciones Unidas (donde hubo un reunión paralela de Presidentes de Unasur, 24 de setiembre), la diplomacia argentina cabildeó a favor de Kirchner, sin lograr resultados.

Brasil, Colombia y Perú se muestran reacios. Chile apoyó desde el inicio al candidato boliviano. Bolivia tiene, por ahora, su candidato, Uruguay nada ha dicho y Ecuador, Venezuela y Argentina se han pronunciado por Kirchner. El analista político argentino Rosendo Fraga ha señalado, estos días, que «Los países de la órbita bolivariana prefieren a Kirchner, más por razones ideológicas que regionales».

 

La posición uruguaya

El tema recién comienza a abordarse en Uruguay. Y se lo hace por vía indirecta. La semana pasada nuestro canciller, Gonzalo Fernández, informó desde Nueva York que, en reunión con la presidenta argentina y su canciller «reclamé el levantamiento del corte de ruta» y «la respuesta fue positiva». Ese mismo día, sin embargo, un comunicado oficial de la Cancillería argentina desmintió a nuestro canciller: «En relación a las versiones periodísticas publicadas en el día de hoy (por ayer), la Cancillería argentina desmiente las afirmaciones atribuidas a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner referidas a un supuesto compromiso que habría asumido con relación al levantamiento del corte de ruta que lleva a cabo la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú». El ministro uruguayo, sin embargo, ratifica que ha sucedido, sí, lo que ha afirmado antes. Digamos, lo de siempre. Los Kirchner nos dicen una cosa, hacen otra y, todavía, nos acusan de mentirosos. El tipo de conducta que ha hecho que tanto Kirchner como su esposa se hayan ganado la desconfianza reiterada de las autoridades y del pueblo uruguayo, pues no cumplen con las reglas de juego mínimas.

Fue en ese marco que alguna prensa nacional y argentina ha especulado con que Uruguay estaría canjeando el voto a favor de Kirchner en Unasur contra el levantamiento de los cortes. Estamos seguros de que eso no es así. Que la diplomacia uruguaya no se mueve con esos patrones y que por muchas razones la diplomacia uruguaya no apoyaría la candidatura de Kirchner.

El embajador argentino en Uruguay, Hernán Patiño Mayer, lo ha expresado claramente en un reportaje radial cuando fue interrogado sobre la especie que circulaba: «Me parece que es mezclar tomates con heladeras, no tiene nada que ver. Ni en Uruguay ni en Argentina realizamos ese tipo de intercambios, sobre todo en temas tan sensibles».

 

Los fundamentos uruguayos

En primer término, Kirchner no puede ser el secretario general de Unasur por una elemental incompatibilidad: su relación carnal con el gobierno argentino. Se debe esperar del secretario general de Unasur la mayor equidistancia, ecuanimidad y equilibrio entre los diferentes países. Una ventaja que tenía el ex presidente Borja como secretario de Unasur era, por ejemplo, que no pertenecía al partido de gobierno, ni al gobierno de Ecuador. Siempre se busca para este tipo de cargos personalidades que por su idoneidad diplomática profesional puedan colocarse por encima de gobiernos y garantizar un mínimo de imparcialidad. ¡No se le entrega el cargo a un gobierno!

En segundo término, Kirchner no ofrece antecedentes de garantías para nadie. Tiene un modo autoritario de gobernar que, si bien fue disimulado por la situación de emergencia que vivió su país, ha resplandecido con toda claridad desde hace algo más de un año. Al punto que las encuestas de popularidad en su país lo catalogan muy mal. Como autoritario sólo sabe imponer, no consensuar: lo contrario a lo que el cargo requiere.

Al mismo tiempo está acosado por la prensa en casos de corrupción, múltiples, que pueden tener consecuencias graves. La financiación de la campaña justicialista, sea por el dinero de Chávez, sea por el dinero del narcotráfico, se baña de ilegalidad. En América Latina debe haberse aprendido ­luego de la experiencia de Miguel Angel Rodríguez como fugaz secretario de la OEA­ que no es conveniente nombrar jerarcas jaqueados en sus países por problemas éticos.

En tercer término, los gobernantes de Uruguay tienen, desde luego, la obligación de defender los intereses nacionales. Ningún gobernante extranjero en tiempos de paz nos ha agraviado como Néstor Kirchner. Se presentó ante la multitud de Gualeguaychú para avalar, con oratoria ofensiva, el corte ilegal de rutas entre nuestros dos países. Al margen de las reiteradas veces que dijo una cosa por otra en todo el problema de las plantas de celulosa. Uruguay sabe que no puede confiarle ni una propina. Tiene credibilidad Indec.

Como se sabe, la oposición se ha opuesto unánimemente a la Unasur propiamente dicha. Porque se excluye a todo otro país de la región, particularmente a México, por cinco años de plazo, mínimo. Porque es un error separar a América del Sur de México y América Central. Porque ya existe el Grupo de Río, que nos integra a todos los latinoamericanos y que tan eficaz se mostró en la crisis entre Colombia y Venezuela. Porque ya existe la Aladi. Porque el paquete viene con un delicado Consejo Sudamericano de Defensa ­que a Brasil le sirve para presentarse como fuerza militar a la hora de pedir un puesto en el Consejo Permanente de la ONU y para venderle armas al res
to del continente­ en medio de una peligrosa carrera armamentística latinoamericana. El tratado aún no ha sido ratificado por el Parlamento.

El presidente Vázquez no fue ni a la reunión de Caracas por sus molestias con Chávez, según expresó después, ni a la reunión de Brasilia (el único que no fue), las constitutivas de la nueva entidad. Tuvo, sin embargo, en Unasur, en ocasión de la reunión por Bolivia, que enfrentar la retórica propia de la guerra fría que quieren implantar los autodenominados bolivarianos. Entregarle la secretaría de Unasur a un demagogo haría repetir los errores de la diplomacia uruguaya de «afinidad ideológica» con que este gobierno sustituyó al comienzo de su mandato a la «política exterior de Estado». Desde luego el anterior canciller, el senador Gargano, se he pronunciado a favor de la candidatura de Kirchner.

|*| Ex senador, director de Jaque y de Posdata

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