Hombre que trabaja
Entre los parlamentarios hay hombres diferentes. Están los que se miran la panza con autocomplacencia e incurren en apabullantes desahogos verbales. Están los astutos y experimentados, al acecho para dar marronazos al opositor y contentarse con triunfos de feria.
Y están los que hablan poco y trabajan mucho.
Es una simplificación, claro, pero hoy se insiste mucho sobre el deterioro del nivel medio de los legisladores. Lo que es verdad es que ha habido, luego de un proceso largo y complejo que todos conocen, una democratización del ingreso al Parlamento.
Ese fenómeno, que tiene quienes lo resisten y condenan porque impediría una anhelada calidad mayor, ha permitido, por ejemplo, que Uberfil Hernández sea diputado. Si se es justo, y no prejuicioso, hay que ubicarlo entre los que hablan poco y trabajan mucho, conducta que es síntesis de su pragmatismo.
Aparte de ejercer cuando le corresponde la presidencia de la Mesa de la Cámara con seriedad y firmeza, ha elaborado ahora un comparativo de cantidad de leyes promulgadas en los primeros cuarenta y tres meses de gestión de cada gobierno desde 1938 a la fecha. Al actual período sólo lo supera el iniciado en 1947.
Dos apuntes: me parece que ciertas estadísticas, aunque vale la pena tenerlas en cuenta, no siempre son palabra santa; y creo que la tarea de Hernández muestra a alguien preocupado por lo que se ha hecho y se hace en representación de los ciudadanos, una buena forma de asumir la propia responsabilidad.
Por eso me permito pedirle que examine, con igual detallismo, la calidad de la legislación de cada período, no sólo su número, y luego que aborde una interrogante cuya respuesta se me antoja clave para que las leyes fluyan con más rapidez y puntería: ¿es necesario que el Parlamento sea bicameral?
Un hombre práctico, que trabaja sin pausas, siempre puede aportar algo interesante a una reflexión colectiva acerca de una cuestión que cada día inquieta más.
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