Seriedad
-¡Muchachos! convocó el Chiquito Otegui a todos los parroquianos, ya reunidos en el boliche a las ocho y media de la mañana. La primera va por la casa…
Y se puso a servir lo que le pidieran.
-¡Idolo! exclamó Epifanio.
-¡So’ un troesma del’staño! adjetivó el Negro Collazo.
-¡T’amo, Chiqui e’mi vida! dijo Ruedita y le quiso dar un beso.
Pero a los pocos minutos, Otegui pasó de héroe a villano. La segunda vuelta la cobró con una suba del cien por ciento de los precios.
-¡Ya me parecía raro, jodedor! saltó Epifanio, indignadísimo.
-¡Qué puñalada trapera, hijo ‘e puta! se levantó, amenazante, el Negro.
-Nos’abíamo’mado tanto… -corrigió Ruedita, ahora llorando lágrimas de caña.
Es difícil conservar la seriedad manejando así un negocio. Y más difícil es que a ese negocio los clientes le tengan confianza. ¿Una gratis y enseguida te meten un golpe en la nuca?
Salvando grandes distancias, y sólo a fin de hallar una comparación humorística, algo parecido ha ocurrido en el Parlamento. Al menos, en la Comisión de Seguimiento Carcelario.
A raíz de la batahola en la cárcel de Canelones y luego de escuchar el informe del comisionado parlamentario, de inmediato se supo del apoyo unánime que se había brindado al doctor Alvaro Garcé.
Pocos días después, sobre el mismo asunto, se escuchó el informe de la ministra del Interior, Daisy Tourné, y las cosas, a juzgar por los trascendidos de prensa, cambiaron radicalmente. Daniela Paysé, presidenta de la Comisión de Seguimiento Carcelario, dijo que «hay un escenario nuevo» y que «la situación es complicada».
Y ahora digo yo presentándome siempre como lo que soy, un simple y muchas veces ingenuo observador de la realidad: ¿no hubiera sido prudente hacer un pormenorizado análisis de ambos informes antes de dar apoyos tan encendidos y luego ponerlos en duda?
Sólo espero que no se culpe otra vez a la prensa, «el mensajero traidor».
¿O será que hay legisladores afectados de incontinencia verbal?
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