MALEFICIO

En el comienzo de la semana pasada y teniendo en cuenta que Uruguay jugaba el sábado contra Colombia dedicamos un creciente tiempo a leer, oír y ver diversos suplementos y programas deportivos a los efectos de conocer «como venía la cosa» en partido de tanta importancia.

Pudimos comprobar, no sin sorpresa, que dicho tema estaba casi totalmente ausente.

Por el contrario (en realidad casi todo lo contrario) terminamos especializándonos en una subrama de una subrama de la política referida al fútbol y más concretamente en las curiosidades, reflexiones y perplejidades jurídicas de recónditos problemas reglamentarios atinentes a la hora de comienzo, los pitazos, las flexibilidades, las ecuaciones matemáticas referidas al espacio-tiempo vinculadas a discernir cuándo puede, epistemológicamente, afirmarse que una cosa está o no está, va o viene, llegó, va llegando o se fue. Si ya lo está cuando lo está en potencia, o si solamente lo está cuando está en acción para lo que fue necesario consultar nuevamente la Summa Theológica revisada por la física cuántica, la ley de la indeterminación de Heidegger y la Teoría General de la Relatividad de Einstein, la del caos, la de los juegos y, en general, la probabilística.

En suma: asuntos que poco tienen que ver con el fútbol que, a estar por los periodistas especializados, eran los que en ese momento más interesaban a la afición deportiva. De la Selección uruguaya, que se tomó el avión el jueves, no pudimos averiguar, por ese medio, absolutamente nada.

Hasta el sábado cuando la vimos por televisión entrando a la cancha. Menos mal.

Estamos acostumbrados a recibir contenidos de ese tipo en todo lugar. Casi única y exclusivamente. Es más, se han editado hasta libros, y se siguen editando, siempre referidos al mismo tema, incluso ahora con derivaciones profundísimas en el Derecho Administrativo y en el Tributario. Además de que los abogados van emigrando hacia el fútbol en todas sus expresiones (lo que es un alivio), los aficionados vamos recibiendo formidables cursos de Derecho a distancia que, si uno fuera más joven, podría, solo con eso, recibirse. Una jauja.

Es más, incluso incursionamos en el Derecho Penal y hasta en la criminalística. En el pugilismo, la balística, el deporte del tiro y la mecánica de los gases. El fútbol ofrece hoy, en lugar de porristas, esas ventajas.

Ello fue acompañado, por militantes y reivindicativas movilizaciones callejeras y declaraciones de importantes personalidades tanto del gobierno como de la oposición.

 

De fútbol, absolutamente nada.

Esto debe ser el fruto de un país tan poblado por abogados y afines. Una especie de idiosincrasia nacional.

Ahora bien: luego del gol de Eguren en la noche del sábado y especialmente luego de terminado aquel partido omitido, la imprudencia de Prudente, como un suspiro semanal, pasó al olvido y en su lugar advino, de pronto, una explosión «universal» de elogios, églogas, odas, ditirambos, hipérboles, y demás parafernalia propia de Píndaro.

Ahora sí, sesudísimos análisis futbolísticos y abruptos cálculos algebraicos demostraron que la Selección uruguaya está entre las mejores del mundo.

Nos acordamos de Milton Wynant y, si no nos hubiéramos acordado, nos lo hizo recordar el profesor Tabárez quien en sus inmediatas declaraciones (cuando por fin se las pidieron) dijo que a ellos (a la Selección) no les habían dado la menor «bolilla».

Escribimos esto antes del partido con Ecuador, se llevan vendidas miles de entradas caras, para un día de semana, y en horario laboral. Será de verse.

Pero he ahí que el reciente martes pudimos ver en la contratapa de un conocido diario deportivo la gran noticia de que Nacional presentó su alegato oponiéndose al fallo del Tribunal en un documento de trece páginas que por su extensión no pudo ser íntegramente publicado y, con dolor, nos perdimos.

Fue representado en dicho acto por cinco personas, entre ellas nada menos que dos abogados y un escribano (temible línea de tres). No resistimos la tentación de citar textualmente una parte esencial del documento presentado:

«Cuestión Previa. Incompetencia del Tribunal». Análisis del proyecto de fallo dictado:

«1º) La ratio legis del art. 72.

2º) Análisis de la conducta del juez.

3º) La puntualidad prevista en el art. 99 del Reglamento Interno del Colegio de Arbitros.

4º) Una norma punible no es móvil.

5º) El Sr. Prudente, como ningún árbitro, no estaba habilitado para suspender el partido (sic).

6º) Principios Generales del Derecho y Doctrinas Generalmente Admitidas».

Aparte de que «ningún árbitro no estaba habilitado para suspender el partido» significa en idioma castellano que «todos los árbitros estaban habilitados para suspender un partido», esto amenaza derramarse por el tiempo y por las más recónditas callejuelas del Derecho. Adquiere una dimensión majestuosa. Imponente. Con latín incluido.

El agresivo proyectil final es emocionante:

«Otrosí decimos: Que damos cuenta ­por habernos enterado por la prensa­ de la existencia del trámite municipal 5220-01798-08 presentado el pasado 3 de setiembre en el Servicio Central de Inspección General de la Intendencia Municipal de Montevideo, iniciado por un espectador». ¡Eran como diez mil!

Por fin: hemos incursionado por el «deporte» (¿?) para conseguir una ayuda descriptiva fácil, abundante, elocuente y muy conocida, de la enfermedad evidente que nos aqueja. Da para pensar que algo o alguien con fines aviesos puso algún maleficio en nuestra comida.

|*| Escritor, senador  de la República.

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