Decibeles
A ver, déjense de joder y arreglemos esto. ¿Cómo hacemos?
’Ta bien, que se queden ahí pero que bajen el volumen…
Si mandan a un técnico sí, porque nosotros sabemos de salarios y de huelgas, de decibeles ni un pito…
¡Albricias! La Intendencia de Montevideo y Adeom caminan hacia una conciliación en la historia de la carpa y los parlantes instalados por el sindicato en la explanada municipal. Se corría el riesgo, en la eventualidad de un trancazo por algo tan simple, de hacer el ridículo ante los contribuyentes.
Ambas partes habían ido a parar, de tanto tironeo absurdo y tanta intolerancia, a una lógica como la aplicada en la aldea de Changsha, en China, donde, siguiendo una costumbre de tiempos inmemoriales, los ciegos baten unos gongos para ahuyentar al «perro celeste» cuyo intento de engullirse la luna «causa los eclipses». Obviamente, es una práctica exitosa: al cabo de una prolongación suficiente del estruendo… ¡todos los eclipses concluyen!
Debe haber pocos ejemplos más imbéciles de supervivencia de una superstición. ¿Acaso las autoridades y los trabajadores municipales estaban empeñados en imitar a los ciegos de Changsha? Parece que no. Menos mal.
Y esto ha dejado paño para cortar.
¿Es posible que el intendente y sus asesores estuviesen realmente tan preocupados por el volumen de esos parlantes? Hubiera sido sorprendente, la más plena confesión de que jamás recorren Montevideo y, si lo hacen, de que no prestan atención más que a sí mismos. La polución sonora de la ciudad es catastrófica.
¿Es posible que los trabajadores de Adeom hayan sido tan ingenuos, por no decirles otra cosa más impiadosa, de creer que ganarán un conflicto con una carpa y previsibles consignas a decibeles desproporcionados? Esta práctica, como otras de sindicatos escasamente originales, ha fracasado como aquel pez espada que se creyó un arma y se oxidó.
Sigan conciliando, muchachos. La barra, agradecida. Sentí a la barra: «¡Muy bien!».
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