EL SUEÑO SUPREMO DEL URUGUAY VURROKRATICO
Y en eso estamos: después de viejos, recorriendo juzgados.
No es para menos. En un país demográficamente envejecido, donde gran parte de los estudiantes universitarios estudian Derecho, Escribanía, cosas por el estilo o, si no, se van, cualquier actividad y mucho más una campaña electoral, debe pasar y va a pasar, vociferando a veces frases en latín, por entre los estrados judiciales. ¡Faltaba más!
No es sólo cuestión de la Derecha. Abundan en el país y por ende en la Izquierda, abogados que por lo general, ejerciendo también y por eso el liderazgo, suponen que al Imperialismo y a otras calamidades más o menos por el estilo se lo derrota presentando un buen escrito (y, a no olvidarlo, cobrando el correspondiente tanto por ciento porque, al final, de algo hay que vivir).
Para solaz de la abogacía, y como no podía ser de otra manera, ambos bandos en pugna, mediante el correspondiente papel sellado, han decidido o parece que van decidiendo, llevar la campaña electoral a los beneméritos cuanto penosamente presupuestados estrados del Poder Judicial.
¡Sueño supremo del Uruguay vurrokrático! Utopía que, además, podría ser muy barata.
No tendríamos por qué hacer campañas ni entrar en gastos electorales. No habría que ir ni a votar: bastaría con una sentencia inapelable.
Podríamos disolver la Corte Electoral y hasta incluso los Partidos: alcanza con sendos estudios jurídicos… Y que el señor juez de Turno decida en Primera Instancia, se produzcan las consabidas apelaciones y otros derechos similares hasta llegar a la Suprema. Comenzando el trámite inmediatamente después de «elegido» un gobierno y a la espera, con fe, de que no demorará más de cinco años (para cumplir con los plazos constitucionales). Se podría incluso traer veedores de la OEA (al Juzgado).
Lo otro, esto ya mucho más sofisticado, sería, también con hordas de abogados, organizar un llamado a licitación para lo que con la OEA no alcanzaría (los veedores deberían ser cascos azules de la ONU, armados hasta los dientes y de ser posible croatas).
El abanderado de estas iniciativas ha sido, no cabe duda ni discusión alguna, don Gonzalo Aguirre Ramírez, quien por lo tanto, desde hace ya tiempo, viene mereciendo el debido monumento en vida… Ecuestre o, mejor: hípico. ¡Quién lo viera en bronce frente a la sede de Trouville, Gattamelata criollo, inaugurado de un botellazo por la ministra del Interior a bordo del equino inventariado que esté de servicio.
Prócer de este originalísimo cambio, abrió horizontes para un largo y promisorio futuro; y para la «desocupación cero» en la profesión nacional (como la flor de ceibo y los teru terus).
Ya está, desde los orígenes, la balanza en el Escudo: deberíamos agregar por Ley un abogado en la Fortaleza del Cerro. Chiquito pero visible… Tal vez el mismísimo Gonzalo Aguirre asomando por entre sus almenas y desde allí mirándonos fíjamente a todos.
Durante esta campaña electoral, por lo tanto, y tal vez hasta las elecciones municipales del 2010, quien habla junto a otros, iremos acompañando a Mujica por los poblados intersticios empapelados del increíble edificio de la calle Misiones en el que, amontonados en cinco pisos, ajetrea la friolera de quince juzgados penales de los veintiuno que, según nos han informado, existen en Montevideo. Acamparemos allí (y en los seis restantes) calentando agua con expedientes viejos. Estamos abonados. Donados.
El boom literario de los libros especializados en el pasado reciente es y será cantera inagotable de la que miríadas de abogados medianamente pagos, van sacando ripio para montar, con tales cascotes y poquísima imaginación pero fantasía al fin, denuncias inventadas al solo efecto de apedrear con ellas los citados juzgados y poder así, con la debida planificación del «fixture», poblar la calle Misiones y otras puertas judiciales con el circo mediático correspondiente a esta aldehuela del planeta.
Es decir: poblar las pantallas de TV, las emisoras de radio y el papel de la prensa, muy en especial las proverbialmente serviciales, con esta novedosa pero tan uruguayísima campaña electoral.
Para eso, Uruguay disfruta imbatibles ventajas comparativas, tanto en abogados per cápita como en «cultura» del expedienteo (acordonado y todo).
En la izquierda no quedaremos atrás: trayendo a Bardesio (como a los votantes o a Menotti) desde Argentina, llevaremos pronto a Sanguinetti, Jorge Batlle, y otros, a pasear por los mismos edificios en la causa referida a los Escuadrones de la Muerte.
Falta (le falta a la izquierda) inventar algo para los blancos que la están disfrutando gratis (¿No serán los organizadores de todo esto?) para que la campaña electoral se transforme en un culebrón judicial al mejor estilo de Gran Hermano que, para ahorrarle trabajo al periodismo, mejor sería transmitirlo en cadena una vez por mes, porque la verdad sea dicha: para el pueblo, en especial el que sufre, todo esto es aburridísimo.
Es muy probable que si esto sigue así, el único eje programático de dicha campaña será un pleito. O varios pleitos…
|*| Escritor, senador
de la República
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