La cofradía
Estoy contento, lector. La toga desaparece y brota, entre luces brillantes, la cara pintada y el traje colorido.
Qué descubrimiento. Entre los numerosos y respetables méritos académicos y técnicos del futuro ministro de Economía, Alvaro García, se incluyó, casi subrepticiamente y usando el tiempo pasado, su condición de compositor de letras de la murga «Falta y resto». Qué pena, fue un error.
García ya no compone letras para «Falta y resto», es cierto. Pero lo hace para otra murga que saldrá el próximo Carnaval con un nombre que alienta la imaginación: «La cofradía». Es más, el sábado anterior participó de una cena con integrantes y amigos de la misma, ocasión en la que entregó, fresquita, la presentación.
Está claro que nos hace falta más un buen ministro de Economía que un inspirado poeta carnavalero. Ahora bien ¿acaso son virtudes excluyentes? ¡En modo alguno! Y quien las reúne está un paso más adelante, sea en el camino al éxito de una gestión de gobierno, sea en hacer que nos divirtamos un poco más o sea, como deseamos todos, en ambas cosas a la vez.
Siempre se ha dicho que las letras que se cantan en Carnaval son una visión crítica, barnizada de humor, ironía o sátira, de la realidad. O sea interpretaciones inteligentes de esa realidad. Pues bien, «La cofradía» llevará una ventaja, al menos si el designado ministro, de tanto en tanto, no elude observar los alrededores y mirarse al espejo para hallar verdaderos bocaditos de cardenal.
¿Quizás esté pensando dejar esta creativa tarea a partir del 15 de setiembre y por eso apuró la presentación de la murga?
¡Tabaré, no lo permita! El hombre puede ser mejor cuando no es uno sino varios. Usted sabe. ¿Por qué García no ha de negociar la deuda externa o equilibrar el presupuesto y, en ratos libres, escribir una divertida letra para que la cante medio país?
Con la ventaja, además, de coparle la parada a quien pretenda agarrarlo de punto en el Teatro de Verano.
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