Sordera
-Hombre, tanto sin que vinieses… ¡Qué bien se te ve!
-No, no…prefiero un café, si no te molesta. El té a esta hora como que me cae pesado, ¿sabes?
-¿Chávez? ¿Pero tú vienes a hablarme de Chávez? ¿No es que te inquietaba la situación de los inmigrantes?
-¿Cómo? Ah…¡otra de tus bromas, Miguel Angel! ¡Mira si me vas a dar un café con sobrantes!
-¡Pero qué dices, Gonzalo! ¡¿Ponerlos en estantes?! Son habitaciones de seguridad. Tío, que todavía somos civilizados en España…
-¿Lagañas? Puede ser… Es que, la verdad, Miguel Angel, tuve un viaje verdaderamente de porquería…
-Es que la Policía no tiene la culpa… Mira, debes tranquilizarte, sácate esas ideas de la cabeza, mi querido amigo. Sólo estamos dando cabal cumplimiento a la ordenanza comunitaria.
-Caramba, no te entendí bien, perdona. ¿Una cuestión alimentaria? ¡Pero no es sólo que a los inmigrantes les den de comer bien o mal! Nos preocupa el trato general… ¿Sigue o no en rigor el tratado de amistad que suscribimos?
-Insistimos, sí, insistimos en que nuestras empresas inviertan en vuestro país… Esa es la solución… Crear trabajos dignos en las naciones de América Latina y quitar estímulos a la emigración…
-No, no tengo la solución… He venido preocupado por los testimonios acerca del modo en que se está expulsando inmigrantes…
-¿Autopartes? Bien, mi querido Gonzalo, no es precisamente el área en que podemos reforzar más la relación comercial, pero…tú confía, amigo, confía…
-¿Sofía? ¿Qué tiene que ver la reina? Bastante lleva con Juan Carlos, aunque yo no niegue su simpatía…
-¡Mi tía! Oye, ¿cómo lo sabes? Me está esperando… Asunto de familia. Ha sido un gusto, Gonzalo, y un encuentro muy provechoso. Que tengas buen regreso.
-¿Queso? ¿Más exportaciones? Ah, qué bueno para nuestra industria láctea. Gracias, Miguel Ángel, y hasta la vista.
(Metáfora imaginaria sobre el encuentro entre los cancilleres de Uruguay y España, supuestamente para resolver la situación de los inmigrantes).
Compartí tu opinión con toda la comunidad