El hombre
Es interesante, desde el punto de vista psicológico, ver cómo a veces unas personas imaginan a otras, aun con la mejor intención, sólo por su utilidad para alcanzar un fin en determinada circunstancia histórica.
Ocurre con frecuencia en la política.
El senador Fernández Huidobro sugirió, a la búsqueda de fortalecer la unidad del Frente Amplio, la presentación de una lista única al Senado encabezada por Tabaré Vázquez e integrada por un representante de cada sector de la coalición. De este modo Vázquez, cuya popularidad ha seguido creciendo luego de su renuncia a una eventual reelección, está siendo pensado como un emblema, el paradigma de esa unidad acechada por algunos zarpazos que comienzan a darse desde un lado y otro gracias al manoseado asunto de las candidaturas.
Yo veo a la política desde la libertad del pensamiento crítico y el postulado, y no he negado jamás que me causa cierto escepticismo. Me ha dado entonces por conjeturar que se está poniendo el acento no en el hombre el ser individual, montón de células en movimiento y manojo de ideas y emociones sino en lo que representa para la obtención de ciertos objetivos.
Por nobles que estos sean, y hasta necesarios desde el punto de vista de la estrategia preelectoral, no creo que justifiquen el sacrificio de ese hombre.
A ver si nos entendemos: Vázquez ha sido un fenómeno político sorprendente y su experiencia en el campo de encauzar la inercia de la historia, que dicen que eso es la política, ha crecido mucho en poco tiempo. Pero Vázquez es también un médico de carrera y alto nivel, un vocacional del servicio a los otros en un área muy compleja de la atención de la salud.
¿Garantía de unidad?
Es probable.
Pero ¿también un hombre práctico que pueda sentirse cómodo alejado otra vez, al menos parcialmente, de su misión de vida para ocupar una banca parlamentaria que debe ser, intrínsecamente, lo más distante de su pragmatismo y ejecutividad?
Creo que no.
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