Preguntas
A veces, un comentario acerca de la cotidianeidad ha de hacerse básicamente con unas cuantas preguntas. No hay remedio.
José Mujica, hablando de la situación nacional y de su zangoloteada candidatura, dijo, y aclaro que no es cita textual, que sabe del apoyo que tiene de la gente pero no «de los que piensan». O algo así. Enseguida repasó algunas de sus ideas. Me dejó la impresión de que cree que esos «que piensan» (¿) no han sabido hacia dónde encaminar al país, pese a que aluden a cada rato a la necesidad de inversiones para hacer posible el desarrollo.
Quedé perplejo.
El programa que el Frente Amplio elaboró antes de asumir el gobierno ¿no responde a eso, o sea, qué hacer en este mundo competitivo y globalizado con bloques cada vez más grandes?
Durante la vida que ha llevado el inestable matrimonio pero matrimonio al fin de esta administración y ese programa, ¿no se ha hallado la ruta que conduzca hacia donde quiere Mujica?
Entonces ¿qué? ¿La cosa radica en que a Mujica, que tendría el dos de la muestra, no se le ha escuchado, no se le ha comprendido?
Pero además, ¿no comenzó ya el análisis de un nuevo programa, precisamente apelando a la experiencia acumulada en el tiempo de gobierno transcurrido?
A decir verdad, esto se asemeja, demasiado para mi gusto, a un tiro por elevación a la política económica; en otras palabras, a Danilo Astori. ¿Significa que el hombre de los refranes y sentencias gauchescas ya largó su campaña, con más sutileza de la esperada, y entró a pegar firme para ganar la línea aunque lo obliguen a correr apretado?
Salvo, claro, que uno sea tan tonto y poco advertido que no haya alcanzado a entender la clave, la estrategia que está usando Mujica en estas circunstancias tan peculiares.
Sólo se me ocurre, llegado a este punto, cerrar con dos de los aforismos favoritos de Fontanarrosa:
-Te rogué lumbre para mi mente y contestaste «no fumo».
-En este mismo instante leo esto, y me siento un imbécil.
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