Cher
El hotel Carrasco ha hecho rebrotar el coqueteo. Representantes de las empresas que se han presentado a la licitación para remodelarlo proyecto tan dilatado que uno ya no sabe de qué se está hablando- han coincidido en su hermosura arquitectónica y en su potencialidad.
El Carrasco, hoy, parece Cher, la cantante y actriz norteamericana considerada quien más siliconas y cirugías plásticas ha recibido en la historia universal: está bastante bien, pese a los años, y es posible que resista alguna otra intervención.
Claro, Cher no ha debido soportar las idas y venidas, interrupciones, reanudaciones a destiempo y cambios de plan de hechura para decirlo claramente- que han afectado al histórico edificio de la rambla montevideana.
A Cher, cada vez que ella lo creyó necesario, la plantaron en una camilla y la dejaron un poco mejor, de a pedazos: nariz más recta, chiquita o respingadita, pómulos más salientes, labios más gruesos, cuello más liso y las partes redondas o semicirculares más tersas, más duras y más deseables. ¡Qué importa que tenga más de sesenta años! La cuestión es que el meneo y la exhibición continúan, los hombres se babean y ella todavía no ha explotado, aunque se sospecha que, de tanto estiramiento, le ha desaparecido algún orificio.
Ha avanzado tanto la ciencia médica y la técnica de la estética corporal que ha creado una paradoja: antes, ¿quién discutía que un edificio, salvo que lo destruyesen a propósito, duraba más que una persona?; pero ahora, querido lector, es posible que esa persona, devenida organismo plástico, perdure, ya vivita, ya en museo de cera, mientras a un viejo hotel los movimientos del suelo, las rajaduras, la humedad y las barbaridades que se hayan perpetrado en su estructura pueden reducirlo a mero legado de la memoria histórica.
O sea, esta debería ser la última oportunidad de hacer, para alargar lo más posible su vida útil, la remodelación del hotel Carrasco. A no perder más tiempo.
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