Unidad
-Che… ¿cómo les fue?
-Y… como siempre. Unos trucos, un vinito, unas lentejitas y rompimos los huevos dándole por la cabeza a unos cuantos…
¿Quién cree que haya un diálogo más común entre dos uruguayos que se topan en la calle, luego que uno de ellos asistió a una reunión de tipo corporativo convocada para considerar alguna cuestión importante?
Nadie.
Y si bien lo propongo al modo de una ficción metafórica, simboliza inmejorablemente la falta de unidad hasta por conveniencia que padece primero el país, luego todo el Mercosur y, por consecuencia inevitable, América Latina entera. De ahí proviene, si nos quedamos en el análisis regional, la imposibilidad de resolver el famoso asunto de las asimetrías, que tiene al presidente Vázquez de cabeza.
En cambio, Europa sí, la Europa xenófoba e ingrata que hoy nos rechaza ha edificado con solidez esa cultura de la unidad por conveniencia.
Los europeos cargan sobre su larga historia grandes cosas y grandes macanas. Entre estas, ambiciones colonialistas e imperialistas que destruyeron medio mundo, dos guerras terribles y un muro que la partió en dos. Entre aquéllas, haberse dado cuenta que la globalización exige acuerdos sólidos que muy poco tienen que ver con lo ideológico y sí con lo económico y, en segunda instancia y sólo como sostén para esa conveniencia colectiva, con lo político.
Hoy mismo, en vez de quedarnos con la calentura por la xenofobia renacida en el viejo continente, problema cuya solución requiere largo aliento, deberíamos advertir cuán sencillo sería disolver esas asimetrías que traban el desarrollo regional acá, en el Sur todavía pobre aunque en crecimiento.
Claro, si los intentos van a seguir siendo como los de la reciente cumbre de Tucumán, habrá que recordar, otra vez, esos clásicos diálogos callejeros:
-A mí me parece que…
-…no, no, mire, yo que usted haría esto…
-No sé… Me tengo que ir. Lo vemos después, ¿le parece?
Es una huida de la realidad. Otra más.
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