LOS CAMBIOS EN EL PROGRAMA DEL FRENTE AMPLIO (I)

El Congreso del Frente Amplio a realizarse en diciembre de 2008 tendrá a su cargo la elección del candidato a la Presidencia de la República y la elaboración de las bases programáticas para la campaña electoral y el futuro gobierno.

Los objetivos centrales del programa, como en toda fuerza de izquierda, buscan alcanzar una sociedad más libre, más justa y más solidaria. Asegurar el crecimiento con equidad y avanzar hacia formas más igualitarias entre distintos sectores sociales, entre las distintas generaciones y una mayor equidad de género se inscriben en los propósitos centrales del Frente Amplio. La gestión del gobierno en estos tres años ayuda a profundizar y mejorar las bases programáticas. Se ha logrado un inusitado crecimiento económico de 7% anual, facilitado por los altos precios internacionales de los principales productos de exportación, que ha permitido un fuerte descenso de la desocupación abierta y una mejora del salario real, con modificaciones sustantivas en la equidad de las relaciones capital-trabajo. Hubo mejoras relevantes en materia de derechos humanos, pero hay heridas que no cicatrizan porque los integrantes de las Fuerzas Armadas no han brindado la información necesaria sobre la localización de los cuerpos de los desaparecidos. Por ello no puede haber punto final, como lo muestra la continua búsqueda de asesinos nazis responsables del holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial, pese a que pasaron más de 60 años. El «nunca más al terrorismo de Estado» y el mantenimiento o anulación de la Ley de Caducidad estarán en la discusión de las nuevas bases programáticas.

Las importantes mejoras originadas por el fuerte crecimiento económico no han modificado la tendencia al aumento de la desigualdad de las últimas décadas, con una mayor concentración del ingreso en el decil de mayores ingresos y una masa salarial cuya participación en el PBI sigue siendo inferior a los valores alcanzados en el período inmediatamente anterior a la crisis del año 2002. Una evaluación objetiva de las experiencias obtenidas con los planes de emergencia social y de equidad social facilitará los necesarios cambios programáticos para combatir con mayor eficacia los problemas de la indigencia y la pobreza. La problemática del empleo ­que abarca no solamente la desocupación abierta sino también el subempleo, la precariedad y la informalidad­, deberá ser objeto de una profundización programática.

Para nosotros es indispensable avanzar en la elaboración de un proyecto nacional, de un proyecto país, que marque el rumbo, la ruta, el camino nacional y regional del futuro Uruguay. Lógicamente que ello abarca aspectos políticos, económicos, sociales y culturales. Con esta nota iniciamos algunas reflexiones vinculadas al proyecto nacional.

En el ámbito político, en el marco de la revitalización de la democracia, se consideran indispensables los acuerdos políticos sobre bases programáticas que en el gobierno del Frente Amplio no se pudieron concretar. También es relevante la necesidad de acuerdos sociales con la participación de los sectores más representativos de la sociedad. Importa señalar las dificultades de un proyecto nacional sin una fuerte presencia de empresarios nacionales dinámicos e innovadores. Esta preocupación se agudiza cuando observamos los procesos de extranjerización en la propiedad de la tierra, en la industria frigorífica, en empresas de papel, en el arroz y así sucesivamente.

En materia económica el proyecto nacional pasa por la elaboración de lineamientos estratégicos de mediano plazo que marquen las características centrales de la futura estructura productiva, atendiendo a la necesaria flexibilidad que impone la velocidad de los cambios tecnológicos en el plano internacional. Esta estructura productiva deberá contemplar elementos de competitividad, para definir la futura inserción económica internacional, y la creación de suficientes empleos productivos lo que requerirá modificaciones en la actual heterogeneidad productiva. No olvidemos que las actuales estructuras productivas de Uruguay y el resto de los países de la región derivan de las relaciones comerciales con el mundo desarrollado interesado en nuestros recursos naturales, profundizadas por las recetas de los organismos financieros internacionales y la implementación del modelo neoliberal. Por ello son indispensables definiciones nacionales que, en el futuro, podrán transformarse en definiciones regionales para avanzar en una auténtica integración regional, compatibilizando y coordinando proyectos nacionales, y no solamente bajando aranceles para que el mercado y el sector privado, especialmente las grandes empresas transnacionales, definan el carácter y la naturaleza de dicha integración.

En materia de inserción internacional se requiere atender las distintas formas de protección de los países desarrollados, como los subsidios a la exportación de productos agrícolas, las ayudas internas a la producción agrícola, la existencia de cuotas, contingentes y prohibiciones, la progresividad arancelaria contra rubros de mayor valor agregado o los picos arancelarios contra rubros intensivos en mano de obra no calificada, que afectan a los países de la periferia y nos obligan a unirnos para ganar poder de negociación.

La inserción internacional requiere la máxima diversificación en el destino de nuestras exportaciones, incluyendo el mercado más apetecible del mundo como el de EEUU, sin necesitar de un TLC que no nos permite profundizar nuestras potencialidades productivas. Importa señalar que no han pasado dos años de la controversia sobre dicho tratado, donde parecía que no se podía perder el tren porque perdíamos la única y exclusiva oportunidad de desarrollo. Hoy el mercado de EEUU dejó de ser relevante e, inclusive, estamos exportando carne a Rusia en mayores proporciones que a EEUU. Lo relevante en materia de inserción tiene que ver con el origen de los rubros de exportación. Uruguay seguirá exportando recursos naturales a los que habrá que incorporar más contenido tecnológico y el mayor valor agregado posible, como lo hicieron Australia y Nueva Zelanda. Hoy Uruguay coloca el 17% de sus exportaciones manufactureras con media y alta tecnología, pero Finlandia alcanza al 55% y Corea del Sur al 67%. Los servicios de logística, informática y turismo tienen enormes potencialidades para aprovecharlas en la futura inserción internacional. Por ello la conformación de la estructura productiva, en el contexto de un proyecto nacional, es una tarea central de los cambios programáticos a definirse en el futuro Congreso del Frente Amplio.

|*| Senador por la 609-FA, economista

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