Escrito por: Por Rafael Michelini |*|
Los que tienen TV cable, quizás hayan podido observar la publicidad de una conocida empresa de Internet, donde dos supuestos osos panda piden que se comuniquen con ellos, a través de la mencionada empresa, como forma de salvar su especie. Más allá de la ocurrencia y de los seis maravillosos segundos en que el oso y la osa panda logran concebir su osito, la alarma y el llamado a salvar la especie están hechos con mucho optimismo y mucha alegría. Los osos son unas personas disfrazadas, los diálogos son inventados y todos sabemos que simplemente se trata de una publicidad. Pero de seguro, los expertos en marketing deben haber asesorado a la empresa, acerca de la necesidad de trasmitir el acuciante mensaje con sentido positivo, con un énfasis alentador.
Para la oposición política uruguaya, para los blancos y los colorados, todo está mal. Está mal todo lo que ha hecho el gobierno y también lo que vaya a hacer, desde ya, será definitivamente peor. Así es y no existe otra chance, hasta que por fin, la gente vote en octubre de 2009 y de esa decisión surja un nuevo gobierno nacional. La única solución posible es que este período de gobierno de izquierda termine y volvamos pronto a aquella normalidad histórica, a la decadencia cotidiana de aquel país que discurría en clave blanquicolorada.
Ésa ha sido la actitud y el temperamento opositor desde el inicio del gobierno, semana a semana, ante cada episodio, sin ahorrar ningún tipo de calificativos. Toda iniciativa o resultado de la gestión gubernamental, cualquiera fuere su contenido, ha sido y será presentado públicamente como pésimo, una mala noticia, otro retroceso, un nuevo y terrible golpe al destino nacional, que amerita el dramático llamado a los uruguayos para salvar, no ya a los osos panda, sino a nuestro propio país, de la izquierda dañina y de su nefasta obra.
Desde el comienzo de nuestra gestión, la puesta en marcha de nuestro principal compromiso, el Plan de Atención a la Emergencia Social, fue recibido con artillería pesada. Un desastre, nos dijeron; es tirar la plata a la basura, asistencialismo irresponsable. El ingreso ciudadano instrumentado fue alegremente tildado de pérdida sin sentido, limosna de izquierda, festival clientelístico o, con mayor fineza: un premio para los atorrantes. Hoy, ya todos conocemos los resultados. El Plan de Emergencia ha sido beneficioso para el país y su implementación fue un éxito, a tal punto, que a sido reconocido como un modelo a seguir por los propios organismos internacionales de crédito, siempre tan respetados por blancos y colorados.
Nuestras leyes y nuestra política en materia laboral fueron consideradas la expresión de nuestra fobia contra los empresarios, un atentado a la inversión que sólo causaría más desocupación, una demostración de falta de equilibrio de aquello que denominaron: el gobierno sindical. Sin embargo, nada de eso se verificó y la cantidad de personas empleadas en el país ha superado todos los récords históricos.
Con la aprobación del Sistema Nacional Integrado de Salud nos advirtieron que era una pésima solución, inaplicable, la bancarrota para el país, y por tanto, la propia horca de la izquierda en el gobierno. Nada dijeron, una vez puesto en marcha, acerca de la cobertura atencional que ha garantizado el nuevo sistema para los uruguayos y, en particular, lo que representa para los más de 400.000 niños que estaban fuera del sistema y que esta reforma ha logrado incluir.
Para los blancos y colorados, desde hace un año, el gran desastre para el Uruguay es la inflación. No importa que esté bajo control. Tampoco interesa que la desviación haya sido de sólo un par de puntos y que en 2007 no haya sido superior a un dígito. Nada. Alerta roja, drama nacional, se viene el sunami inflacionario. Pese a ello, la gente no les creyó y con ello se evitó más especulación y mayor inflación. Los uruguayos pudieron observar el compromiso del gobierno para contener la suba y lograr rebajas de precios. Afortunadamente, el país no sufre las inflaciones de antes. Aquellas de 120 y 130 por ciento, durante el primer gobierno de Sanguinetti, o las marcas más modestas de entre 40 y 50% de gobiernos posteriores.
Y así podríamos seguir. Repitieron una y otra vez que, con la crisis financiera norteamericana y la locura del precio del petróleo, se terminaba el contexto internacional favorable y sonábamos. Se acababa el crecimiento, la reactivación. Lo decían casi como disfrutando la llegada de nuevas dificultades y de un escenario desfavorable a la economía uruguaya. Allí, supuestamente, quedaría al desnudo la incompetencia de nuestro gobierno.
Este año el Uruguay superará los 10.000 millones de dólares en exportaciones de bienes y servicios. Algo completamente inimaginable tres o cuatro años atrás. Nuestro país, el más pequeño de América Latina, se apresta a completar el cuarto año de crecimiento sostenido a un promedio de más del 7% anual. Es un récord para la historia del país, que nos ubica entre los tres países latinoamericanos de mejor desempeño económico.
No estamos tan mal, ¿verdad? No parece que el Frente Amplio haya hecho ningún desastre en el gobierno. Más bien, todo lo contrario.
El Frente Amplio gobierna un país que en tres años ha conseguido la mayor ocupación de toda su historia y el menor desempleo desde que se comenzó a medir. Ha logrado disminuir sustancialmente el peso de su deuda pública, mientras la inversión, pública y privada, ha continuado en ascenso. Ha registrado una significativa disminución de la pobreza, reduciendo abruptamente la indigencia. Mientras han crecido, con fuerza, el salario real, las pasividades y fundamentalmente el nivel de ingresos promedio de los hogares uruguayos.
No gobernamos tan mal. Si además tenemos en cuenta que somos los primeros en distribuir un computador por cada niña o niño a nivel escolar, y para nuestro mejor orgullo, esto es reconocido como ejemplo de avanzada en el mundo entero. No parece que las cosas estén por estallar aquí en el Uruguay, muy por el contrario, existe la confianza en el país que durante décadas no tuvimos. Esa mirada dramática de la realidad nacional pertenece al pasado, porque la derecha es el pasado.
Pero si es que piensan seguir con esa táctica, sea por convencimiento o por cálculo electoral, insistiendo una y otra vez con el llamado a la salvación nacional, sería bueno que incorporen otro semblante, algo más alegre, positivo, un poco más optimista o divertido. Quizás con buena onda puedan conseguir, como los osos de la publicidad, algunos fugaces e inolvidables segundos de gloria.
|*| Senador, Nuevo Espacio FA
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