De loros y curas
(Con la ayuda de Carlos C.)
Un hombre, borracho por unanimidad, se sube a un ómnibus y se sienta al lado de un cura. Abre un bolso todo mugriento y saca una botella de plástico con un líquido oscuro de donde emana un fuerte olor a alcohol.
Toma un largo trago. Satisfecho, agarra un diario viejo que llevaba y lee.
El cura hace como que el borracho no existe y disimula su incomodidad.
Al rato, el borracho lo mira y le pregunta: Disculpemé, padre ¿podría decirme qué es lo que causa la artritis?
El cura, no puede esconder su molestia y le responde en tono sarcástico:
-Es causa de llevar una vida promiscua, de frecuentar prostitutas, de excederse con el tabaco, las drogas y el alcohol, de tener enfermedades venéreas… y muchas porquerías más como esas.
-¡Qué lo tiró!… ¡yo me imaginaba algo así, pero tanto, no…! -dice el borracho y vuelve a su lectura.
El cura, pensando en lo que le dijo al pobre infeliz, condolido decide disculparse y le dice en tono comprensivo: Disculpe usted, no quise ser tan rudo ¿desde cuándo sufre de artritis?
¿Yo? ¡No, yo no nunca sufrí de eso, padre! Lo que pasa que estaba leyendo en este diario que el Papa sufre de artritis desde hace varios años.
——–
Una señora quiere comprar un loro, el joven que la atiende le dice que sólo tiene uno pero que perteneció a una mujer que tenía un burdel, por lo cual su vocabulario podía ser algo prosaico. A la señora no le importó, dijo que lo educaría nuevamente. Llega a su casa, destapa la jaula y el loro comienza: «Â¡Prrr… nueva casa, nueva madame!» La señora se ríe.
Al rato llegan sus hijas del liceo. El loro al verlas dice: «Prrr… Nueva casa, nueva madame, nuevas chicas».
Las hijas no pueden contener la risa y esperan a que su padre llegue para mostrarle lo gracioso que es el loro.
Llega el padre y el perico al verlo, dice: «Prrr… Nueva casa, nueva madame, nuevas chicas, mismos clientes… Hola Beto». *
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