UN GRUPO DE PRESOS DEL COMCAR INAUGURA MAÑANA UNA MUESTRA CULTURAL CON SUS TRABAJOS

Combatiendo el ocio

 

Tomamos contacto con la realidad de los reclusos a través de un familiar nuestro que está preso en el Comcar.

A partir de ese momento, creímos que era necesario generar un intercambio, que transformara el ocio del recluso en un proceso productivo en beneficio de la sociedad y de ellos mismos», explica Gutemberg, uno de los responsables de la muestra cultural de trabajos hechos por presos.

A partir de ese momento, un equipo multidisciplinario de voluntarios decidió cristalizar la idea que se efectivizó tres meses atrás con la creación de la ONG Arado de Reja con el objetivo de promover y gerenciar proyectos que desarrollen, optimicen y multipliquen la potencialidad creativa de los reclusos.

En este contexto, los integrantes de la ONG se contactaron con el director nacional de Cárceles, inspector principal Enrique Navas, quien se mostró interesado con la iniciativa.

Tender puentes

«Visitar a mi hermano en el Comcar nos cambió la realidad que teníamos de los presos. Es muy fuerte cuando llegás un fin de semana a la cárcel y encontrás al preso preparado, poniendo una mesa para recibir a sus hijos. Empezás a conocer sus potencialidades, sus proyectos y las ganas que tienen de generar cosas para la sociedad», afirmó Teresita, otra de las integrantes de Arado de Reja.

Esa necesidad de mostrar el trabajo creativo y productivo de los reclusos que, generalmente, permanece oculto para el resto de la sociedad tuvo su piedra fundamental cuando, a través de la ONG, cinco reclusos del Comcar expusieron sus obras en el teatro Florencio Sánchez, en el Cerro, en la muestra denominada «5 Espinas».

En las primeras reuniones con los presos, se delinearon las pautas, objetivos y la estrategia a instrumentarse.

Gutemberg manifestó que se hizo «especial hincapié en la transparencia del proyecto y en la idea de que nadie les iba a regalar nada. El autoabastecimiento del recluso como forma de minimizar la carga económica para la sociedad y la autogestión, es decir la capacitación para enfrentar la vida después de la reclusión, son puntos fundamentales. Ahora, cada vez que vamos, aportan nuevas ideas y proyectos».

La buena recepción por parte de las nuevas autoridades carcelarias, así como del ministro Guillermo Stirling, fue otro de los puntos que resaltan los propulsores de la idea.

Teresita acotó que «la sensación personal que tengo es que aparecimos como una pieza faltante del puzzle. Creo que las nuevas autoridades tenían la intención de buscar soluciones para cambiar esta situación».

Asimismo, la ONG ha realizado un relevamiento de las huertas, en el marco de un proyecto integral dentro del recinto penitenciario. Para esto se viene trabajando de forma coordinada con docentes de la Facultad de Agronomía, quienes asesoran a los reclusos.

De hecho, ya funciona una huerta en el módulo XIII, donde se realiza el trabajo de campo con el asesoramiento de los técnicos. Dicha huerta oficia de escuela, desde donde se coordina y capacita a los representantes del resto de los módulos. Este proyecto, señalaron los entrevistados, abre una importante fuente de trabajo para muchos reclusos, que a su vez recibirán capacitación de parte de profesores de la Facultad en el tema específico y en la autogestión de la huerta. El objetivo, más allá de lo social, es la creación de una granja que autoabastezca a la población carcelaria. «Siempre tuvimos en claro que lo más importante eran los proyectos productivos, no sólo por la necesidad de romper con el ocio, sino también lograr recibir algo a cambio», señaló Gutemberg. *

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