El flaco y la chanchita
Ahí estaba, rodeado de micrófonos. Flaco y huesudo, con su infaltable faso echando humo. El ministro habló y a nadie convenció. Todos nos dimos cuenta que más allá de la jeringonza económica, el tipo buscaba el milagro de hacer que la gente «crea». Que se olvide de corralitos y banqueros chorros y vuelva la confianza.
El flaco, sin darse cuenta, le daba letra al viejo escribidor. Para que se rajara a los días en que el ahorro era algo cotidiano. Alcancías por todos lados. Esperando las moneditas de los laburantes y sus pibes. Una pícara «chanchita» arriba del cristalero, ese mueble tan importante donde brillaban copas y tasas. Los botijas se ingeniaban para alimentar la chanchita. Si eran rápidos pá los mandados o sacaban buena nota, las tintineantes guitas sonaban en la panza del bicho. Los muy seriotes bancos colaboraban con esa tempranera sensibilización al ahorro.
En las escuelas distribuian alcancías y unos folletos titulados «a los niños y jovenzuelos» donde te enchufaban hasta una fábula de Esopo. El Banco Belga daba una cajitas cromadas y el Comercial, unos cofrecitos que si los lustrabas parecían de plata. Más adelante, el Rural presentó la novedad de «un torito» y los vivancos del Transatlántico, un pequeño ómnibus con la ranura en el techo.
Se agarraba el gustito por guardar unas chirolas. En el pupitre de la maestra, había una alcancía que recién se abría en la fiesta de fin de año. La escuelita Sanguinetti estaba lindaza, con adornos por todos sus rincones. Los pibes y sus padres meta hacer muela, todo gracias a las moneditas que, durante largos meses, guardamos pensando en la festichola de diciembre. Muchas cosas se hicieron de a poquito con la guita que el viejo guardaba en esa cajita de ilusiones. Las doñas amarreteaban a la sordina y todo iba para la chanchita del cristalero.
Sin cuentas bancarias ni otras bullas de los copetudos, en los barrios populares las alcancías hacían sus sencillos milagros. Una globa para el potrero, un vestido para el cumple de quince y hasta los ladrillos para la pieza del fondo. Todo gracias a la tragona chanchita. Ahora, la guita abajo del colchón y si te hablan de un banco, tocás madera asustado. Por eso el flaco de la barba fuma sin parar y suda la gota gorda. Los esperamos sábados y domingos, a las 19.00 en 1410 AM Libre. *
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