Invitan a legisladores y al Presidente Batlle a almorzar en una olla popular
La crisis económica y social de Uruguay motivó una espontánea respuesta de los sectores más solidarios y coincidentemente más carenciados de la población que formaron ollas populares para enfrentar la coyuntura. Ante la acelerada pérdida de trabajo y las escasas oportunidades de ganarse la vida decentemente, resurgió la idea de las ollas populares. A veces con la colaboración de los organismos estatales y en otras funcionando exclusivamente por el aporte de vecinos y algunas empresas privadas, trece ollas continúan prestando el servicio a unos 4.000 uruguayos. Se estima que existen muchas más en todo Montevideo, además de los comedores públicos y privados.
Sin embargo, los recortes implementados por el gobierno y la cada vez más dificultosa ayuda que puede prestar la sociedad civil, está haciendo estragos en el mantenimiento de este servicio. Algunas ollas populares dejaron de funcionar por falta de apoyo, y esa población que se quedó sin la comida diaria sobrecargó las saturadas prestaciones comunitarias.
Llevados por esta realidad, la Coordinadora de Ollas Populares organizó ayer un almuerzo campal en la Plaza Mártires de Chicago en reclamo de trabajo y recursos para mantener este servicio. Estas ollas, como muchos merenderos y comedores, dejaron de recibir el aporte de alimentos que efectuaba el Instituto Nacional de Alimentación (INDA) a cambio de que a las familias se les suministre una canasta de comestibles.
Cientos de pobres uruguayos arribaron en camiones o en ómnibus a los alrededores del Parlamento con carteles y pancartas exigiendo ayuda a los gobernantes. Uno de ellos rezaba: «Â¡Padres sin trabajo, gurises con hambre!»
En toda la plaza fueron instaladas numerosas mesas, y sobre el fuego, pusieron enormes ollas para cocinar verduras y arroz a fin de elaborar un guiso. Otros le agregaban un poco de carne, al tiempo que los niños hacían fila detrás de las voluntarias para obtener una porción de pizza.
La mayoría de las ollas instaladas frente al Legislativo provenían de barrios periféricos de la capital, como Colón y Sayago, y de las ciudades canarias de Suárez, Toledo y Las Piedras.
«Que coman lo que comemos nosotros»
La Coordinadora de Ollas envió una invitación a todos los legisladores e incluso al propio presidente de la República, Jorge Batlle, para degustar la comida que diariamente miles de uruguayos ingieren, sin opción de tener otro menú.
Uno de los organizadores sentenció que «las ollas populares son una alternativa para los desocupados pero estamos peleando por la dignidad del trabajador, que es la fuente laboral.»
Los vecinos explicaron que de no existir este servicio comunitario subsistiría un latente peligro de aumento de la delincuencia y la proliferación de saqueos a supermercados por el incremento del hambre en la población.
Muchos de los voluntarios que desarrollan esta actividad, salen a pedir colaboración puerta a puerta, recorren los comercios y se trasladan en ómnibus hasta el Mercado Modelo en busca de frutas y verduras.
En las 13 ollas populares, se forman desde tempranas horas de la mañana largas colas en espera de la comida diaria. Allí concurren niños, madres jefas de familia, desempleados y ancianos. En los primeros tiempos hubo personas que se desmayaron por desnutrición.
Algunas de estas experiencias populares van más allá de la mera entrega de la ración alimenticia. Tal es el caso de la olla «Manitos del Barrio», que funciona en el Club Uruguay Peñarol asistiendo a unas 90 familias y donde la primera persona que se inscribió para retirar comida fue una mujer con ocho hijos.
Esta organización, junto con otros comedores de la zona, están desarrollando una huerta orgánica en un predio de 8 hectáreas, y están previendo dotar de un servicio educativo teniendo en cuenta el alto porcentaje de analfabetos existente en la zona. *
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