Científicos uruguayos lideran investigación sobre "pilas inagotables"
Países árabes están interesados en comprar el invento. Ellos decidieron avanzar acá, «para devolver algo a la Universidad pública y al país».
La demanda de electricidad crece en el mundo desarrollado. Así lo hizo incluso el Uruguay, por décadas. El avance científico para la producción eléctrica a nivel mundial, es constante. Entre las formas alternativas a lo tradicional, la tecnología de las «celdas de combustible» es la más conocida, desarrollada y aceptada. Actualmente los automóviles así movidos, son los de más rápida multiplicación de ventas en todas las naciones occidentales con crecimiento. Pueblos enteros de Europa, lejos ya de hacerlo experimentalmente, se han sumado al sistema energético menos contaminante del mercado, con menor costo generatriz y de mantenimiento. La tecnología es revolucionaria, pero en absoluto de última generación, ni mucho menos: es el desarrollo más avanzado de las pilas. Básicamente, con el mismo principio de las que el lector usa para su linterna o radio a transistores… pero del siglo XXI.
A este mundo de tecnologías, acceden dos uruguayos que por su invento son noticia. Además hablan de desarrollarla en Uruguay, «para devolver algo de lo que nos dio el país».
Celdas de libertad
Es absolutamente imposible explicar la noticia del descubrimiento de estos uruguayos, antes de entrar al menos a vuelo de pájaro, en lo que emplea cada vez más el mundo desarrollado para producir energía eléctrica.
Las «celdas de combustible», (también llamadas pilas de combustible), eran conocidas hasta por nuestros abuelos: las descubrió en 1839 un juez de Gales, que las exhibió como pasatiempo. Cuando en su laboratorio colocaba dos barras de ciertos metales, en un líquido conductor, se generaba calor y electricidad.
La evolución del invento fue condicionada por la época: se constituyó en una curiosidad académica. La generación eléctrica evolucionó a partir de la quema de combustibles fósiles y de mega-obras arquitectónicas.
Aunque podría decirse que aquellos descubrimientos aportaron a la evolución de las pilas, casi tal y como las conocemos, es más exacto considerar a las celdas de combustible como pilas «inagotables». En tanto la corriente eléctrica se genera entre partículas ínfimas de metales nobles, éstos no se degradan: el líquido en que están inmersos acelera la reacción química.
Las pilas se agotan por dos causas: por los metales en reacción , o el metal que recibe la corriente se satura de una pátina, el «veneno catalítico», que impide continúe reactivo para generar electricidad. Los metales nobles, evitan el primer problema en las «celdas de combustible», pero no definitivamente el segundo.
Los estudios del ingeniero Leonardo Paulerci, y del doctor en electroquímica, Fernando Zinola, afirman que es posible evitar el segundo factor. Se trataría de uno de los descubrimientos más buscado por la ciencia electroquímica en décadas. Las bases de su estudio ameritaron el aval del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicyt) y el respaldo internacional.
De los protagonistas
«La celda de combustible es un dispositivo con tan amplio rango de utilización que va del laboratorio hasta el megavatio. Sin partes móviles internas, las celdas de combustible operan como las pilas secas, combinando químicamente el combustible y el oxidante sin llama, sin las ineficiencias y la polución de la combustión tradicional», coinciden los técnicos. Describen que de algún modo «nuestros cuerpos operan como celdas de combustible: oxidamos los carbohidratos de nuestros alimentos liberando energía sin combustión».
Aseguran que no solamente lo barato de quemar carbón y petróleo originalmente, fomentó su desarrollo sino que «el hombre es muy simplista». Recuerdan que fue en los años 60 cuando el primer gran impulso, seguido por los 80 y el desarrollo del ámbito ecologista lo que impulsó lo actual. Centenares de científicos en el mundo, desarrollan dos corrientes de empleo para las celdas de combustible. Una la conocemos: la de microceldas, la fuente de energía de los teléfonos celulares, y lap-tops, e incluso marcapasos, priorizando aumentar su funcionamiento sin recarga.
En el otro campo de investigación, automóviles y ómnibus, compiten a nivel de las marcas fabricantes por todos conocidas, para mejorar motores, destinados a modelos para 2003. También el desarrollo en red de «celdas» de varios megawatts, empleados ya tanto desde el alumbrado público, como para abastecer pueblos de hasta 1.000 viviendas, alejados de las redes convencionales de energía.
A la fecha, sin embargo, las posibilidades de extender el tiempo de uso sin mantenimiento de las «celdas» está condicionado.
«Con el pasaje de electricidad del ánodo al cátodo, se van formando los venenos catalíticos, y van perdiendo eficiencia las superficies. El mejoramiento de la superficie receptora, que disminuya o elimine, esos venenos, es clave para el desarrollo. Allí desarrollamos nuestros estudios», apuntan Paulerci y Zinola.
Explican como el inconveniente más popularizado por ese fenómeno, que las estaciones de servicio en Europa además de reponer fluidos para estos vehículos, debieron adecuar la limpieza específica para estos motores.
«Nosotros proponemos formas de autolimpieza de la superficie al tiempo que ella va trabajando. Son procedimientos combinados químicos y mecánicos». Acerca de la certeza de este pretendido avance, enfatizan estar seguros de la convalidación científica a nivel universitario. Después en realidad saben, será el desafío: el patentado y la industrialización.
A nadie escapa la crisis
En un país donde el respaldo económico para investigación científica ha sido históricamente ínfimo, desarrollar algo en estos tiempos puede parecer utópico.
Sin embargo el aporte del Conicyt, ha significado la decisión de estos compatriotas para intentar desarrollar su invención en Uruguay.
«Tenemos un préstamo del Conicyt 2000, una empresa de matriz energética comprometida en el respaldo, los investigadores, y nosotros. Con dos o tres años de trabajo de laboratorio estaríamos en condiciones de alcanzar la divulgación científica de nuestra invención», destacan.
Después se ingresará al mundo de las patentes: en Uruguay, es cuestión de algunos miles de pesos. Pero para entrar a Estados Unidos se necesitará el aval de cuatro universidades independientes, a un costo de 20.000 dólares cada certificación… sólo para presentarlo.
«A esas alturas suele aparecer el financista que, luego de convalidado, no le es difícil patentarlo en Estados Unidos. Las ganancias son importantes», aseguran mirando al futuro.
Tuvieron un camino alternativo pero lo desecharon para quedarse en Uruguay y que el invento sea de acá.
«En realidad podríamos haber elegido ya un camino mucho más corto: el de los Emiratos Arabes. Ellos compran todos los avances de estas tecnologías. Saben que el futuro de su petróleo es limitado; tienen todo el dinero y aprovechan a invertir en estas tecnologías para seguir siendo dueños de la energía. Para nosotros esto tiene un contenido: devolver a la Universidad pública uruguaya, de la que salimos, un poco de lo que nos dio». Destacan que en absoluto los tienta de momento algún ámbito universitario extranjero de alta tecnología: allí estuvieron ya en sus posgrados, y creen que ahora es tiempo de estar aquí.
«Aunque no hiciéramos dinero con el invento, nos gustaría que esto quedara en manos del Uruguay». *
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