OMC, un gobierno de los ricos, para los ricos

Similares opiniones expresó el secretario para Comercio e Industria del Reino Unido: «La OMC no será capaz de continuar bajo su actual forma. Tiene que haber un cambio fundamental y radical a fin de satisfacer las necesidades y aspiraciones de todos sus miembros», dijo.

El cambio radical de que hablaban los representantes de esos dos países consistía en la falta de transparencia para la adopción de las decisiones en la OMC. El sistema del llamado «Salón Verde» utilizado en Seattle, que significaba la exclusión de la mayoría de los países pobres en la toma de decisiones, provocó entonces la retirada de la reunión de los países del Tercer Mundo.

Pero ¿ha habido al respecto algún cambio desde entonces? Si la extraoficial y exclusiva minirreunión ministerial prevista en Australia para el 14, 15 y 16 de este mes es una indicación de ello, la conclusión es que la OMC continúa constituyendo una «toma de posesión del mundo» por parte de los ricos.

La participación en la minirreunión ministerial de Sydney es por invitación. Veinticinco de los 145 miembros de la OMC han sido invitados, mientras que la discusión se referirá a asuntos decisivos que afectan a todos los estados que la integran, dado que las decisiones de la organización son legalmente vinculantes. La reunión en Australia tiene por objetivo asegurar un consenso entre los pocos presentes que luego será presentado a los demás integrantes de la OMC como un trato del tipo de «tómelo o déjelo».

El gobierno australiano presenta la reunión como una importante oportunidad para llevar a cabo una discusión informal sobre asuntos clave debatidos en la reunión ministerial de la OMC celebrada el año pasado en Doha, incluyendo entre ellos los derechos de propiedad intelectual y salud, así como el acceso a los mercados de agricultura, servicios y productos no agrícolas. El gobierno anfitrión aduce que 17 de los 25 invitados son países en desarrollo, de modo que los intereses e inquietudes de ellos serán tenidos en cuenta.

La verdad es que las principales potencias comerciales han siempre ignorado las preocupaciones de los países en desarrollo. No ha habido progresos en sus demandas relacionadas con el tratamiento especial y diferencial y con el mejoramiento del acceso al mercado para los productos textiles.

Las protestas de los países en desarrollo contra Estados Unidos y la Unión Europea por los subsidios agrícolas y por los aranceles que éstos aplican han sido rechazadas.

Estados Unidos ha respondido a las denuncias sobre la doble escala de valores que aplica en el comercio con un incremento de sus subsidios agrícolas y con la imposición de aranceles de un 30 por ciento más altos en una serie de productos siderúrgicos. La minirreunión ministerial de Sydney es otra ocasión en la que los delegados del Tercer Mundo sólo darán la oportunidad para una foto de grupo y no tendrán poder de decisión alguno.

Similares reuniones exclusivas tuvieron lugar antes de las reuniones ministeriales de Singapur (1996), Seattle (1999) y Doha (2001) para promover la agenda de las naciones ricas. La miniministerial de Sydney es nuevo alto en el camino hacia la reunión ministerial de Cancún prevista para setiembre de 2003. Mientras que la mayoría de los países en desarrollo no tienen voz en este proceso, los únicos que fueron invitados tienen miedo de las repercusiones que podrían enfrentar, entre ellas la suspensión de las preferencias comerciales para los mercados de Estados Unidos y de la Unión Europea, de las inversiones y de la ayuda si fueran a plantear sus inquietudes.

El «consenso» final de la Agenda de Desarrollo de Doha fue logrado por medio de similares tácticas de «retorcimiento de brazos» después del 11 de setiembre. La amenaza fue entonces «estás con nosotros o contra nosotros».

La OMC ha obligado a los estados miembro a efectuar reformas legislativas y normativas que han reemplazado a las políticas nacionales que salvaguardaban los intereses de los trabajadores pobres, de los campesinos y del ambiente.

Dado el impacto de estas decisiones en las vidas de los trabajadores pobres en todo el planeta resulta imperativo que el mundo rechace las resoluciones de la OMC que son el resultado de un proceso no consultivo que, además, no es transparente, no responde por sus actos y no es inclusivo sino excluyente.

Todo hace suponer que la OMC continuará siendo un club de los ricos y de las elites que sirve para alimentar sus intereses, como resulta evidente de la convocatoria para la reunión de Sydney. De lo que no consiguen darse cuenta es de que las decisiones de grupos selectos no hacen sino dar otro golpe a su propia legitimidad, si es que alguna vez la tuvo. *

Servicio de IPS exclusivo para LA REPUBLICA en Uruguay

(*) Anuradha Mittal es codirectora de Food First/Institute for Food and Development Policy.

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